“Tengo varias dobles vidas: me gano la existencia como periodista, pero mis pasiones surgen con la escritura creativa. A la vez, tengo mi alma dividida entre dos ciudades, Santiago de Chile y Barcelona”. Pablo Bravo sorbe un café matutino acodado a la barra del Bar, mientras las notas de Quién mató a Marilyn, de Los Prisioneros, acompasan la atmósfera y nutren el gusto ---pronunciado, rayando la obsesión--- del parroquiano por el rock clásico.
Vino a Barcelona con veinticuatro años, en 1998, impulsado “por un deseo de dar un giro a mi vida” y formando ya parte de una generación distinta a aquella anterior, de chilenos que habían huido de su país para eludir los embates de la dictadura pinochetista. Aunque puede que la suya también fuera, de alguna forma, una fuga. Cruzar el charco escapando de las certezas y comodidades, de los paisajes conocidos y manidos, para buscar nuevos lugares, nuevas miradas con las que alimentar su voz periodística, literaria y vital. Reinventarse para no dejar de ser él mismo. Pero, a veces, aquello que se deja atrás también echa a correr.
“Cuando llegué aquí coincidió que aquellos mismos días Pinochet había sido detenido en Londres, en virtud de una orden de detención de Baltasar Garzón. El primer día que fui a la universidad, después de mi primer viaje en los Ferrocarrils de la Generalitat, bajé en la estación y lo primero que vi en la Plaça de la Vila fue una foto gigantesca de unos tres o cuatro metros de altura, en blanco y negro, que decía ‘Pinochet a la presó’”. Sorbe un poco de café, con una sonrisa que todavía denota el persistente poso de incredulidad. “¡No lo podía creer! ---prosigue---. Había viajado al otro lado del mundo a buscar una nueva vida y, literalmente, con lo primero que me encontraba era una imagen relacionada con mi país y con mi infancia”.
--- Una sensación intensa y contradictoria---, añade.
Aquello que no se puede dejar atrás
La idea de una huida transoceánica que no sirve, no obstante, para impedir que lo que queda atrás alcance a sus protagonistas, de una forma u otra, está presente en la producción literaria de Pablo Bravo. Las dos novelas que tiene publicadas hasta la fecha, Sean ellos el grito de muerte y Exilio en calles secundarias, abordan este vínculo entre Santiago y Barcelona, puntos de fuga que son, a la vez, puntos de encuentro y reencuentro con un destino tenaz e ineludible con el que hacer las paces o ajustar cuentas.Funcionan, en este sentido, como autoficciones de su autor que, desde aquellos últimos compases del siglo pasado, ha ido viviendo por temporadas en una u otra ciudad. “Creo que he tenido la capacidad para poder reinventarme en diferentes etapas, pasando por los medios, yendo a la comunicación corporativa, volviendo a los medios, y así sucesivamente. Y en cada una de estas etapas he aprovechado para encontrar algo que valga la pena y que pueda, a la larga, aportar a lo que más me interesa, que es la escritura creativa”.
En este sentido, lo tiene claro: el sentido último de la suma de esos pasos y etapas es la literatura. “Todo, absolutamente todo ha sido útil y ha contribuido a fortalecer la musculatura para sentirme más cómodo y seguro escribiendo”, apostilla, antes de anticipar que ya está trabajando en una tercera novela que, de nuevo, une esos paisajes y paisanajes existenciales que se retroalimentan en un juego de azar, culpas y anhelos.
Ciudad de sensaciones físicas
“Mi hijo de dieciocho años me dice a veces: ‘Tu vida actual no se puede entender sin Barcelona’. Y a ella voy regresando siempre, para ver a mis hijas”. Aquel viaje para estudiar en la Autónoma se alargó. “Conocí a mi exmujer, nos divorciamos años después”. Pero siguieron quedando aquí los afectos que lo empujan a pasar temporadas en la ciudad, cuyas sensaciones físicas lo siguen enamorando.“El olor a los cafés en las esquinas, el olor a comida por las calles, el olor a tinta de las librerías. Amo las bibliotecas, como la Jaume Fuster en Lesseps, y caminar por rincones que me resultan entrañables como la Plaça Sant Joaquim, Septimània, Saragossa”. Y termina su café antes de fruncir ligeramente el ceño y añadir: “No puedo dejar de nombrar las viejas disquerías de Tallers. Algunas, tristemente, en proceso de extinción. Lamenté mucho el cierre de Revolver”.
--- Lo que por suerte no está en riesgo de extinción es este Bar y su oferta gastronómica. Por si quieres aprovechar que estás aquí para hacer un menú, que ya sería hora…
Pablo Bravo ladea una sonrisa. Las notas del Rip this joint de los Rolling Stones restallan en el ambiente. “Prefiero comer un solo plato que satisfaga mi tentación del día”, responde, mientras piensa qué le puede apetecer más en este momento.
