Vacunas y fármacos son los grandes aliados para prevenir y tratar enfermedades. Sin embargo, estos tratamientos médicos no siempre tienen su punto de partida en el laboratorio, sino que sorprendentemente también pueden surgir de un superordenador. Todo empieza con el descubrimiento de una nueva molécula que pueda servir de base para estos fármacos. Un proceso que, en muchos casos, conlleva una gran inversión de tiempo y recursos económicos en investigación. Para agilizar y facilitar este descubrimiento de nuevas moléculas, los investigadores Modesto Orozco y Víctor Guallar idearon una herramienta de simulación computacional que permitiera acelerar y ahorrar recursos en las primeras fases de desarrollo de fármacos.
Las investigaciones de Guallar, profesor ICREA del Barcelona Supercomputing Center - Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS), y Orozco, del Institut de Recerca Biomèdica (IRB Barcelona), tenía tanto potencial para la industria farmacéutica y biotecnológica que ambos decidieron fundar en 2016 Nostrum Biodiscovery para trabajar y comercializar esta tecnología de modelización molecular. Así, se constituyeron como una spin-off de los dos centros de investigación de los que había surgido, convirtiéndose en la primera empresa derivada del BSC.
Este hecho ralentizó el proceso de creación de la compañía ya que, aunque disponían de la financiación necesaria, gracias al medio millón de euros aportado por la Fundación Botín, tardaron casi tres años en poder formalizar la empresa. La transformación del conocimiento generado dentro de laboratorios en empresas para llegar al mercado sigue siendo uno de los grandes retos de universidades y grupos de investigación, pero más lo era hace una década, cuando la mayoría de estos centros todavía no tenían tan desarrolladas como ahora sus oficinas de transferencia de conocimiento ni los mecanismos para facilitar la creación de este tipo de empresas.
“El ecosistema es ahora muy diferente al de hace tan solo unos años, ya que por entonces no existían los mecanismos legales y administrativos adecuados para garantizar el éxito de estas empresas", destaca Guallar, uno de sus cofundadores y codirector del departamento de I+D de la compañía. Pese a los obstáculos iniciales, finalmente pudieron constituirse como la primera spin-off del BSC en 2016, abriendo camino y sentando las bases de la transferencia de conocimiento de esta institución, que actualmente ya cuenta con un programa específico para garantizar la relación entre el centro y las empresas, bajo el nombre de BSC Connects. Además de estas dificultades, el proceso de constitución de la compañía también se retrasó porque implicaba a diferentes centros e instituciones, como la Fundació Bosch i Gimpera de la UB, además del IRB y el BSC.
Aún así, a la empresa le valió con el medio millón de euros captados de la Fundación Botín para fundar y sostener el negocio, que ya en el tercer año empezó a ser económicamente sostenible, gracias a la comercialización de sus modelos computacionales que aceleraban el proceso de drug discovery. Es decir, el proceso mediante el cual se identifican nuevos fármacos potenciales gracias a moléculas que hasta ahora o bien no habían sido descubiertas, o bien no se habían aplicado para ciertos tratamientos. Un proceso que facilitan y aceleran a través de modelar y predecir el comportamiento de estas moléculas en ordenadores, aumentando la precisión y rapidez de los estudios previos al lanzamiento de fármacos y productos biotecnológicos al mercado.
En menos de una década, la spin-off ha conseguido hacerse un hueco en el mercado y comercializar su solución tecnológica a grandes farmacéuticas como Almirall, Esteve o AstraZeneca. En total, han trabajado en 130 proyectos para 52 clientes de 13 países del mundo, principalmente países europeos como Reino Unido o Bélgica, así como Estados Unidos. El crecimiento de la compañía en los últimos años se ha reflejado también en un cambio de sede: de los laboratorios del Parc Científic de Barcelona a unas oficinas propias en la capital catalana, en las que ya emplean a más de 40 personas de todo el mundo.
En los próximos años, Nostrum Biodiscovery proyecta acelerar su proceso de expansión, un objetivo para el que en febrero abrieron oficinas en Boston, para reforzar su presencia en el país americano. Además, en sus planes también entra poner un pie en Asia para 2026, desembarcando seguramente en China, aunque también plantean la posibilidad de establecerse en Corea del Sud, Japón o Singapur.
Un crecimiento que , sin embargo, esperan que todavía sea superior en los próximos años, calculando que cerrarán el año con un 50% más de facturación gracias a acuerdos que están "cerrando con cuatro de las grandes farmacéuticas mundiales", expresa Guallar. Desde hace algunos años, además, la spin-off no solo se ha centrado en prestar sus servicios a empresas externas ---además de participar en proyectos públicos para el desarrollo de fármacos para diferentes enfermedades---, sino que también están desarollando productos propios que posteriormente puedan licenciar. Este ámbito de la compañía está experimentando tal crecimiento en los últimos años que la spin-off ya se plantea crear una segunda empresa para que pueda liderar esta parte del negocio.
