El 6 de enero no es una fecha más dentro del calendario. Esta jornada es, de hecho, uno de los días más esperados y señalados, vivido con emoción e ilusión. Tras una noche mágica en la que Sus Majestades los Reyes de Oriente han pasado, de forma discreta y misteriosa, por los diferentes hogares de la ciudad, pequeños y mayores se levantan con nervios en el estómago y la expectación de abrir los regalos que se encuentran bajo el árbol. Sin embargo, los regalos y papeles de colores no son los únicos protagonistas de esta fecha tan mágica. En la mesa, el roscón de Reyes sigue coronándose como el elemento estrella.
Cargado de tradición y simbolismo, el roscón es la guinda del pastel de unas fiestas navideñas donde los dulces y postres se convierten en aliados para reunir amigos y familiares alrededor de la mesa. Tras neulas, turrones o panettones, llega este dulce típico de la jornada de Reyes, con su característico sabor tradicional y el reto que propone: si encuentras la haba, deberás pagar el dulce, mientras que si eres el afortunado al que le sale la figurita, serás coronado como el rey de esta fiesta.
Un dulce y una leyenda tradicional que, lejos de desaparecer, se renueva y reinventa cada año, con propuestas innovadoras entre las diferentes pastelerías de la ciudad, que van desde el chocolate, al pistacho o la mandarina —e incluso algunas confiterías que fusionan este dulce con otros postres, como el croissant o el panettone—, aunque el de mazapán y fruta confitada sigue siendo el preferido entre los consumidores. Con esta gran variedad, el Gremi de Pastisseria de Barcelona prevé que en toda Catalunya se superará el millón de roscones artesanales vendidos, es decir, entre 400 y 500 roscones de media en cada pastelería.
Unas previsiones de venta que igualan las del año pasado y que consolidan este día como una de las jornadas más intensas para panaderos y pasteleros, ya que, como recuerda el Gremi de Pastisseria de Barcelona, es un dulce que debe hornearse unas pocas horas antes de consumirse, porque contiene ingredientes naturales y perecederos, como huevos frescos, mantequilla o leche. Por este motivo, aunque se comienza a preparar con días de antelación, ya que este dulce requiere entre seis y ocho horas de trabajo, no es hasta la noche de Reyes o la mañana del mismo 6 cuando se empiezan a hornear los roscones, pensados para que estén prácticamente recién hechos a la hora de consumirlos.
Así, mientras Sus Majestades se esmeran en entregar todos los regalos a los diferentes hogares de la ciudad, los pasteleros de Barcelona suben la persiana y encienden el horno para endulzar esta jornada tan mágica. Aunque la mayoría de los consumidores prefieren encargarlos con días de antelación, hoy todavía muchas pastelerías ofrecen la opción de llevarse el roscón de Reyes sin reserva.
Aquellos que se acerquen a comprar el roscón en las pastelerías y confiterías de la ciudad observarán que el precio de este dulce ha aumentado ligeramente, alrededor de un 3% —de acuerdo con el incremento del IPC—, con precios que oscilan entre los 25 y los 50 euros. En los grandes supermercados los precios presentarán un aumento aún más notable, de hasta el 33% en el caso del roscón de Carrefour; aunque se notará de forma generalizada: con una subida del 27% en Eroski, del 9,5% en Mercadona o del 4,7% en El Corte Inglés, según calcula FITStore, e-commerce de productos saludables.
Un dulce con origen romano
Pero, ¿de dónde viene la tradición de comer roscón durante esta jornada? Se cree que su origen es incluso más antiguo que la Adoración de los Reyes de Oriente: durante las fiestas del solsticio de invierno de la época romana —las conocidas como Saturnales, en honor al dios Saturno, divinidad a la que los romanos atribuían la introducción de la agricultura— se comían unas tortas con higos, dátiles y miel. No fue hasta el siglo III d.C. cuando se introdujo la haba, en aquella época entendida como símbolo de prosperidad y fertilidad.
Con la introducción del cristianismo, este dulce pronto se asoció a la celebración de los Reyes de Oriente. Así lo relata el cronista Joan Amades en su Costumari Català (1952), que documenta cómo la presencia de la haba dentro del roscón de Reyes se asociaba a la posibilidad de asistir a la Adoración de los Magos y de Jesús. Como no todos podían asistir a este oficio religioso, las familias debían elegir a un miembro que acudiera en representación, y esta elección se realizaba precisamente a través de este dulce. Quien encontraba la haba seca dentro del roscón era elegido rey, y, además de representar a la familia asistiendo al oficio en la Iglesia, disfrutaba de otros privilegios durante la comida festiva.
Aunque se desconoce en qué momento la haba adquirió el significado contrario, considerándose desafortunado quien la encontraba dentro del roscón, se cree que fue en la Francia del siglo XVIII cuando surgió la idea de la figurita del Rey. Allí, un cocinero de la corte del rey de Francia Luis XV quiso sorprender al monarca e incorporó una moneda de oro en la galette des Rois —origen del roscón de Reyes que se consume actualmente en Catalunya, aunque ligeramente diferente, ya que se trata de una pasta hojaldre típicamente rellena de frangipane y que, además, tampoco presenta un agujero en el centro—. Con el tiempo, esta moneda de oro acabaría derivando en la tradicional figurita de rey.
De mazapán y fruta confitada, como marca la tradición
Hoy en día existen roscones de todo tipo y sabor, pero el roscón clásico es el de brioche con mazapán y fruta confitada por encima, que sigue siendo el preferido entre los consumidores, aunque muy seguido por el relleno de nata. La fruta es uno de los elementos que puede ayudar a diferenciar un roscón artesanal de otro que no lo es. Para este dulce se debe utilizar naranja, cerezas y láminas de melón, que se confitan cociéndolas en agua y azúcar. “Si es de calidad y elaborada artesanalmente, la fruta se integra en el roscón, queda tierna y con su jugo; en los pasteles industriales, en cambio, a menudo no se utiliza fruta sino calabaza, porque es más barata”, señalan desde el Gremi de Pastisseria.
Para encontrar el mejor roscón de Reyes de Catalunya hay que viajar hasta Aiguafreda, al Forn Can Girabent —con locales también en Figaró, Centelles y Hostalets de Balenyà—, donde el pastelero Eduard Girabent, tercera generación al frente de este horno con más de 40 años de historia, firma el dulce ganador al mejor Roscón Clásico. Así lo certifica el concurso organizado, por sexto año consecutivo, por la Obra Social Ernest Verdaguer de Panàtics, con un jurado que ha evaluado hasta 51 roscones de Reyes.
Sin embargo, no es necesario viajar hasta Aiguafreda para encontrar roscones artesanos de calidad, elaborados por pastelerías que acumulan años de historia y pasión por el oficio. Como finalistas de este concurso destacan dos locales de la ciudad: Brunells (calle Princesa, 22) —pastelería ubicada en la misma esquina desde 1852, que este año también ofrece la posibilidad de llevarse este dulce en formato individual— y L’Atelier (calle Doctor Fleming, 16). Este obrador-escuela, dirigido por Ximena Pastor y Enric Ortuño, ha ido perfeccionando año tras año la receta del roscón de mazapán, a la vez que apuesta por versiones innovadoras de este postre, como el roscón Trencadís —ganador del mejor roscón creativo durante dos años consecutivos: 2023 y 2024—, con masa tierna al estilo pandoro, glaseado de limoncello en forma de trencadís y relleno de crema mascarpone.
En la ciudad, también se pueden comprar roscones que, más allá de los clásicos, son solidarios, a través de la campaña Enguany paga el Rei, creada por el Gremi de Pastisseria de Barcelona. Los establecimientos adheridos destinarán parte de las ventas a la Fundación Villavecchia para construir el Pabellón de la Victoria del Hospital de Sant Pau para niños con enfermedades terminales, para que puedan recibir cuidados paliativos. Entre estos establecimientos se encuentran locales emblemáticos como La Colmena —una de las pastelerías más antiguas de la ciudad, desde que en 1849 Rosendo Abella fundara Ca l’Abella— o la pastelería Escribà, con el incansable Christian Escribà al frente.
Aunque entre los roscones rellenos el de nata sigue siendo el preferido entre los consumidores, hay otros sabores que comienzan a imponerse en los diferentes obradores de la ciudad. Si hoy existe un ingrediente estrella entre los postres, este el pistacho, y en La Dramerie (calle de Cornet i Mas, 53) saben cómo elevar este fruto seco siciliano para hacerlo brillar en todo tipo de dulces —desde tartas de queso hasta roscones como el que presentan este año—.
Roscones japoneses, pero también con croissant o panettone
Pero más allá de los rellenos con sabores peculiares, los obradores de la ciudad también ofrecen propuestas innovadoras desde la propia elaboración de la masa, pensadas para sorprender distintos paladares, preservando la tradición de la leyenda del roscón a la vez que se apuesta por la innovación y la cocina-fusión. Una fusión con otras culturas, como es el caso de la gastronomía japonesa, con el roscón de matcha y yuzu, un dulce sorprendente que presenta Takashi Ochiai (calle Comte d’Urgell, 110).
Una fusión que, sin embargo, no solo se produce con otras gastronomías o culturas, sino también con otros postres y dulces. Así lo demuestra el mejor roscón creativo de Catalunya, elaborado por Claudio Sandino de la Pastelería Natcha (avinguda Sarrià, 45), inspirado en los sabores invernales y mediterráneos y creado a partir de una fina masa de croissant rellena de crema de ricotta con vainilla de Tahití, ralladura de naranja y limón, y un cremoso de mandarina, aportando frescura y sutileza al conjunto. El premio culmina un año de reconocimientos para esta pastelería de Les Corts, que también fue distinguida con la mejor coca creativa de Sant Joan, demostrando que es posible innovar respetando las tradiciones centenarias.
En Suca’l (carrer Rosselló, 112) apuestan por fusionar dos dulces típicos de estas celebraciones: el panettone —postre en el que son expertos, ya que en 2024 se coronaron como el mejor panettone tradicional del mundo— con el roscón, creando el Roscottone, disponible en su versión rellena de crema y de chocolate relleno de trufa. En Funky Bakers (paseo del Born, 10), en cambio, el roscón se convierte en una corona festiva de babka de chocolate. Con todas estas variedades y recetas, el roscón de Reyes consigue consolidarse como algo más que un simple dulce: una tradición viva que se reinventa cada año, endulzando mesas y celebraciones en toda Catalunya.