El modernismo catalán es sinónimo de las fachadas ornamentadas del Eixample, con sus balcones sinuosos y los detalles perfectamente esculpidos, y de edificios tan reconocibles como la Pedrera o la Casa Batlló. Pero este paisaje modernista no es único de la capital catalana y se extiende también más allá de Barcelona. A pocos kilómetros de la ciudad, Terrassa conserva una de las joyas del modernismo catalán: la Masia Freixa, que hasta hace poco escondía buena parte de sus espacios.
Desde este verano, la reapertura de la Masia Freixa —después de una inversión de 1,8 millones de euros— permite acceder por primera vez a algunos de estos rincones hasta ahora cerrados al público. La visita, gratuita, recorre las plantas superiores del edificio, donde antiguamente estaban las habitaciones del servicio, y sube por la escalera de caracol hasta la torre. La visita ofrece, así, una mirada más completa a la obra del arquitecto Lluís Muncunill, concebida originalmente como una fábrica para confeccionar tejidos de alpaca, pero muy pronto reconvertida en la residencia familiar del industrial Josep Freixa.
