EL BAR DEL POST

Martí Llorens: Memoria fotográfica

Marti Llorens por Rebecca Mutell
Marti Llorens por Rebecca Mutell

22 de septiembre de 2025 a las 15:35h

Nuestra relación con la fotografía ha cambiado radicalmente en las últimas tres décadas. La forma que tenemos de hacer, consumir e interpretar la imagen es completamente diferente ahora, con la fotografía digital, que como se hizo entre 1826 y finales del siglo pasado, en que seguía siendo un proceso químico”, reflexiona Martí Llorens, acodado a la barra ante un Negroni vespertino. “En términos de conservación también es muy distinto, porque ahora es imposible gestionar todo el caudal de información fotográfica que se produce a cada segundo, cosa que sí se podía hacer con los archivos físicos”, añade, dándose por satisfecho con que, de fondo, “suene cualquier cosa que no sea reggaetón”.

Sobre todo, se define fotógrafo, “porque al final eso es lo que hago y toda mi actividad gira alrededor de ahí”. Licenciado en Bellas Artes, especialidad Imagen, por la UB y Máster en Teoría e Historia de la Arquitectura por la UPC, Martí se ha dedicado a la documentación fotográfica de proyectos de arquitectura e ingeniería y al estudio de la historia de la fotografía, lo que le llevó a la práctica de procedimientos fotográficos históricos conformando, junto a su pareja y partner in crime, Rebecca Mutell, la asociación Factoría Heliográfica. “No me interesa la técnica como un fin en sí mismo, sino que me interesa la manera en que el fotógrafo y el espectador se relacionan con el mundo a través de esa técnica”.  

Así, han surgido proyectos de creación como Memorias revolucionarias, fotografías tomadas durante el rodaje de la película Libertarias de Vicente Aranda, pero positivadas de tal forma que parecían antiguas fotos originales de la Guerra Civil; Estratos, una exploración del Castillo de Montjuic empleando una cámara de gran formato y negativo de papel encerado, una técnica del s. XIX, que redefine el espacio convirtiéndolo en un entorno fuera de su tiempo y lugar o Berlín-Potsdamer Platz, empleando diversas cámaras, desde una panorámica de medio formato hasta una ‘cámara pobre’ de baquelita de los años 50. Ha ganado premios y becas como el European Photography Award, Artes Plásticas Fundación Endesa, Arte y Derecho o Investigación y Creación CONCA.

Destacan los tres volúmenes ---recientemente publicados--- de la antología Buscando lo imposible (Museo Universidad de Navarra), editados y comentados por él y por Rebecca y traducidos al castellano por Ana Galán. Se trata de un centenar de textos originales, en francés y en inglés, relativos al origen de la fotografía que, en su mayor parte, nunca habían sido traducidos al español. “Es el resultado de nuestro interés en el hecho de crear una bibliografía básica en castellano que nos remita al origen del medio, como vehículo para poder interpretar mejor su presente y su futuro”.

El proyecto de una vida

Investigar acerca del origen de la fotografía y de los primeros procedimientos técnicos, ha llevado a Martí Llorens a un acercamiento filosófico que indaga sobre cómo la sociedad ha comprendido y se ha relacionado con el mundo a través de este medio. Pero, al mismo tiempo, el artista es parte de la memoria fotográfica de su entorno. 

Martí Llorens © Marta Guillén

“A los veinticinco años construí una cámara estenopeica con la que me fui al barrio de Icaria, en el Poble Nou, para fotografiar su desaparición, en pleno momento de mutación olímpica de Barcelona”, explica con una sonrisa. No era la primera cámara que construía, pero aquellas imágenes quedaron como testimonio único de aquel proceso de transformación, de la muerte de una Barcelona ansiosa por mudar de piel y volverse europea.

“Tuve la suerte de que, en aquel momento, era más fácil que ahora que un proyecto así fuera remunerado, lo que me permitió comprar más material y seguir aprendiendo, creciendo técnicamente y profesionalmente”. Las imágenes capturan el antes y después de aquellos derribos y suponen un trozo de memoria viva de una Barcelona que el parroquiano está ampliando a través del proyecto en construcción Archivo Icariano: un retrato incomparable del paso entre una y otra ciudad y que, con el tiempo, podrían incluso definirse como dos urbes distintas.

Fotografías de Martí Llorens del derribo de un edificio ferroviario en la avenida Icaria

Un proyecto que, además, entronca con otro que tiene en curso desde hace ya unos años, que también explora en el pasado de Barcelona, aunque excavando más hondo: “centrado en redefinir el trazo de muralla que todavía se puede intuir en algunos puntos de la ciudad, a través de una técnica con negativo de papel encerado similar a la que usé para Estratos”.

Lujo excluyente

Para el artista, salir de su casa en la Barceloneta, su barrio de toda la vida, y poder ver el mar, otear el horizonte, es algo que le atrapa y ancla a “esta ciudad que, además, tiene a la vista tantos estratos de su historia”.

Fotografía de Martí Llorens del Port de Barcelona en 1989

Pero, con los años, la relación se ha vuelto tensa “por ese afán que las castas que gobiernan Barcelona como si fuera su finca particular tienen de complicarlo todo”. Y, sin duda, no todo lo de aquella urbe pretérita de finales de los 80 era mejor, “pero era vivible, mientras que ahora creo que no vamos hacia ningún lado, y el hecho de vivir en un pisito en la Barceloneta y tener un espacio de trabajo en el Raval, cosas que antes eran lo más normal del mundo, se han acabado convirtiendo en un lujo imposible de asumir para quien no es millonario”. Liquida su Negroni con una mueca de contrariedad, antes de rematar: “así las cosas, yo me siento aquí cada día más fuera de lugar”.

Lo que te hará sentir como en casa, y no es ningún lujo, es la oferta gastronómica de nuestro bar, por si quieres cenar algo. Hay menú, tapas, platos combinados. Todo rico…

Martí Llorens recupera la sonrisa. El cielo ha oscurecido y el paisanaje se anima ante las promesas de una nueva noche, que justo acaba de arrancar sus primeros compases.

“Los platos combinados me recuerdan aquellas infames bandejas de aluminio de la mili que te daban a la hora de comer, y las tapas me suelen sentar como un tiro –explica–, así que fácil: optaré por menú o carta”. Y, ante la perspectiva de una intensa charla sobre el pasado y el presente de nuestro lugar, y la forma que tenemos de configurarlo en imágenes, se pide otro Negroni, sin perder la sonrisa recién recuperada.

Memorias Revolucuinarias de Barcelona de 1996
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