EL BAR DEL POST

Mari Ito: Surcando los océanos del deseo

REtrato de Mari Ito
REtrato de Mari Ito

28 de julio de 2025 a las 22:34h

“Cuando era niña, pintar y dibujar era lo que me hacía sentir libre”. La artista Mari Ito rememora aquellas horas de vuelo mental que la liberaban de la angustiosa presión de los exámenes de acceso de la escuela japonesa. Sentada en la terraza, sorbe una matutina taza de café con leche y disfruta del silencio. “Cuando pinto es cuando me expreso completamente: mis ideas, mis sentimientos, mis sensaciones. Toda yo”, añade.

El grueso de su obra se basa en una suma de conceptos limítrofes: deseo, voluntad y determinación. “Me interesa la asociación de estos conceptos con la idea de nadar, flotar o hundirse, cosa que se refleja, por ejemplo, en mis autorretratos donde salgo con un bañador dorado, y que justo evocan esa idea de bucear en aquello que quiero y deseo”. 

Otra constante en su trabajo son las flores. “Las pinto porque, en japonés, usamos la expresión ‘tener una flor’, hana ga aru, en alusión a alguien carismático o especialmente encantador. Aun así, pienso que cada persona tiene un tipo de encanto diferente, único. Por eso, en mis obras represento distintas flores imaginarias, como símbolo de esa diversidad de atractivos que existen en cada ser humano”. De la suma de deseabilidades.

Todo ello, sumado a la necesidad de ubicarse en el espacio tiempo, “por eso, aparezco a menudo en mis propias obras como un recurso para indicar el lugar y el momento en que fueron creadas”. Sorbe un trago de café. “A veces pienso que, si algún día no pudiera usar el iPhone, si desapareciera Internet o no tuviera un calendario a mano, tal vez dejaría de saber en qué momento estoy viviendo. Precisamente por eso, me dibujo a mí misma tal como soy ahora”. El deseo de marcar el ahora, de dejar constancia del presente.

La vida de esta artista contemporánea, que mezcla técnicas y pigmentos tradicionales japoneses con colores locales, en una potente amalgama de saber ancestral asiático y alegría y colorido mediterráneo, ha sido un poco así: marcada por la capacidad de navegar sobre las corrientes y mareas a las que su voluntad la han ido abocando. 

Tokio-Viena-Barcelona

“Cuando vivía en Tokio ya me quería ir de ahí, ver otras culturas, otros mundos”, explica Mari Ito que, siguiendo su aspiración de dedicarse al Arte, empezó sus estudios de pintura tradicional japonesa, “¡en una universidad donde sólo admitían a mujeres!”. Pero la necesidad de volar lejos ya estaba ahí y, “tras dos años aprendiendo alemán, me trasladé a Viena para estudiar Bellas Artes, atraída por su Escuela de Realismo Fantástico”. Un movimiento que explora, a través de obras entre lo alegórico y el surrealismo, aspectos consustanciales a la experiencia humana ---el espíritu, el alma, la existencia--- de la mano de artistas como Arik Brauer, Alex Grey o Rudolf Hausner. 

La artista contemporánea mezcla técnicas y pigmentos tradicionales japoneses con colores locales, y ha expuesto en Barcelona, Zaragoza, Tokio y Nueva York. 

“No obstante, pronto me di cuenta de que, a pesar de sus increíbles museos y su gran legado artístico, Viena no era mi lugar”. Tras un par de meses, Mari volvía a Tokio en busca de un plan B. “Entonces, un galerista me dijo que por qué no probaba Barcelona”. Dicho y hecho. Se puso a estudiar castellano y, a los pocos meses, volaba a la ciudad. Era febrero de 2006. “Enseguida supe que este era mi sitio”, rememora con una amplia sonrisa, aunque al principio no todo fueron buenas noticias. “La universidad de aquí no me convalidaba los estudios realizados en Japón, con lo que al final no pude cursar Bellas Artes”. De este modo, enseguida se puso a pintar, a producir.

Al cabo de unos dos años, tras patearse varias galerías con su portfolio, debutaba con su primera exposición en la Zenbu. A partir de entonces, todo ha venido más o menos rodado para la artista que ha expuesto en Barcelona, Zaragoza, Tokio y Nueva York y que se enorgullece especialmente de cuando “tras ver el mural que había pintado en 2017 para la estación de metro de Universitat, en 2020 me llamaron de AFANOC para hacer uno en la Casa dels Xuklis”. Y parpadea expresivamente, antes de añadir: “yo no suelo pintar pensando en transmitir alegría a las personas, pero cuando la gente me dice que mis obras les transmiten energía positiva, que les cargan las pilas… ¡pues me gusta mucho!”.

La artista aparece a menudo en sus propias obras como "un recurso para indicar el lugar y el momento en que fueron creadas".

Integrada a fondo en el entramado artístico de la ciudad, prepara su próxima instalación para la Fundación Palo Alto en septiembre: “una escultura de cuatro metros compuesta con telas y que tendrá forma de nube atómica, para conmemorar el 80 aniversario de las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Algo que la sociedad no debe olvidar, y menos ahora”.

Ciudad de mentalidad abierta

Tras diecinueve años en Barcelona, la relación de la artista con la ciudad es de puro amor. “Es mi hogar, mi casa, con esta luz que hace que los colores parezcan más vivos, que añade profundidad y multidimensionalidad”. Pero hay algo más. Una cuestión de mentalidad, de forma de ser. De apetito estético capaz de fagocitar lo mejor de cada casa. “Me encanta que un escultor japonés, Etsuro Sotoo, esté en el equipo que está trabajando en la ampliación de la Sagrada Familia. Para mí esa es una prueba de que esta es una ciudad de mente muy abierta. ¡En Japón, algo así sería impensable!”, ríe, liquidando los remanentes de su café. 

Mari Ito llegó a Barcelona en febrero de 2006, después de haberse criado en Japón y haber residido en Viena.

--- Lo que sería impensable es que, estando tú aquí, y acercándose ya la hora de comer, te perdieras la oferta gastronómica de este Bar…

Mari Ito no puede reprimir un amago de carcajada.

--- A mí me gusta mucho el concepto de menú del día--- replica.

Y se toma unos segundos, antes de añadir, sin perder su sonrisa: 

--- Aunque tras tantos años en Barcelona sigo sin poderme acostumbrar a los horarios de las comidas… ¡Aquí se come tan tarde!