Setenta años después de su primera edición, el premio World Press Photo sigue siendo un espejo del mundo. Un espejo a veces roto, otras veces lleno de luz, pero siempre necesario. Este año, el certamen internacional de fotoperiodismo celebra su 70º aniversario en un momento demasiado activo, con imágenes que retratan la guerra, el desplazamiento, la emergencia climática y la resistencia humana.
La Fundación Photographic Social Vision inaugura, por vigésimo primer año consecutivo, la exposición World Press Photo 2025 en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), que podrá visitarse del 7 de noviembre al 14 de diciembre. La muestra, coproducida por el CCCB y con la colaboración principal de la Fundación Banc Sabadell, reúne las 144 fotografías ganadoras del concurso internacional, seleccionadas entre más de 59 mil imágenes enviadas por 3.778 fotógrafos de 141 países, una cifra que se dice pronto pero que nos habla de la magnitud de la tragedia.
Nos sentamos a la mesa de la actualidad, desde la mirada del privilegio. Y recorremos el año (o los años pasados) desde la experiencia, el testimonio o el dolor del otro. “Estas imágenes despiertan empatía, reflexión alrededor de retos globales que merecen atención, que necesitan la atención de la ciudadanía”, comenta Carlos G. Vela, jefe de comunicación de la Fundación Photographic Social Vision, “el valor del fotoperiodismo, su importancia es indispensable”. Por eso, existen exposiciones como ésta.
Marta Echevarría, comisaria de la exposición, nos explica, no solo la dificultad de la elección de los proyectos finalistas, sino también la necesidad de trazar un recorrido que ayude al espectador a transitar. La tríada ganadora, funciona como los trípticos góticos: porque cada panel, llamémosle ahora fotografía, cuenta una historia que puede ligarse –o ser consecuencia- a la siguiente.
Así, los proyectos premiados de este año dibujan un mapa de un planeta herido donde la violencia y el desplazamiento siguen marcando la vida de millones de personas. Otras denuncian las emergencias medioambientales, y también hay espacio para la polarización política, reflejada en episodios como el intento de asesinato de Donald Trump, la represión en Venezuela o el ascenso de la extrema derecha en Europa.
Cada fotografía funciona como una pieza de un gran mosaico global. Juntas, revelan el papel esencial del fotoperiodismo como herramienta para comprender, denunciar y conectar realidades humanas que de otro modo quedarían invisibilizadas. Son, en definitiva, un mapa del dolor y la resistencia del ser humano.
Pero necesito hacer un parón aquí, lector, y romper el protocolo que me obliga a ser equidistante y proporcionarte información. Porque ella está aquí, ante nosotros, y lo que nos está contando, merece toda nuestra atención, reconocimiento, y máximo respeto. Porque la dignidad humana, ante todo, y más aún, la dignidad de un niño, merece toda nuestra atención.
Ella, es la fotógrafa palestina Samar Abu Elouf. Ella es una mujer y madre, que en un momento dado, se vio obligada a mutar su fotografía documental, para convertirse en fotógrafa de guerra. Testigo, a la vez que víctima, de un genocidio absolutamente intolerable, su retrato Mahmoud Ajjour, nueve años, publicada en The New York Times ha resultado la imagen ganadora del galardón de este año. Y escuchamos lo que nos narra, de primera mano.
“Durante tres meses fotografié a los heridos de guerra en Qatar”, explica durante la presentación en el CCCB. “Después de cada sesión necesitaba una semana para recuperar fuerzas. Quise que las imágenes fueran simples, llenas de ternura. No buscaba el dolor, sino la dignidad de quienes sobreviven”. La fotógrafa —documentalista en Gaza desde hace más de una década— reconoce que esta ha sido la serie más dura de su carrera.
Abu Elouf, madre de tres hijos, confiesa que su trabajo la enfrenta constantemente al límite entre el deber profesional y la vulnerabilidad personal. “Pensaba que la guerra era el estado normal. En Gaza no puedes vivir una vida tranquila. Ser fotógrafa allí es también una forma de resistencia. Me fui porque debía seguir viva, pero cada vez que miro mis fotos, siento que he dejado mi casa y mis recuerdos atrás”.
Y nos habla de Mahmoud. Salió de su casa huyendo de un bombardeo, y volvió a atrás en busca de su madre, cuando un cohete israelí cayó sobre él. Perdió una mano y la otra quedó maltrecha. Lo que vino después, fue peor. Amputación sin anestesia. Infección de heridas. Y una pregunta al despertar: “Mamá, ¿cómo puedo yo abrazarte?”
La imagen del año es el abrazo imposible
En ella, un niño gazatí, Mahmoud de nueve años, aparece en calma, con la mirada perdida, tras haber perdido ambos brazos en un ataque israelí. Su madre, fuera del encuadre, le sostiene. El sol de la mañana acaricia su piel que padece una enfermedad que le produce picor y malestar. Su madre, se ha convertido en sus brazos, sus manos, mientras él aprende a abrazar con sus piernas. Y mientras lloro intensamente ante tal escucha, una única palabra se repite en mi cabeza: dignidad.“El periodismo se ha convertido en una de las profesiones más peligrosas del mundo”La edición 2025 también reconoce el talento de dos fotógrafos españoles. El manchego Luis Tato ha sido premiado en la categoría de Reportaje Gráfico, por Revuelta juvenil en Kenia, una serie sobre las protestas contra la corrupción y la desigualdad, y Samuel Nacar, quien ha obtenido el galardón regional de Asia Occidental, Central y del Sur por Las sombras ya tienen nombre, un estremecedor retrato de los supervivientes de las prisiones sirias del régimen de Bashar al-Asad. “Documentar el horror no es mirar hacia atrás”, dice Nacar durante la inauguración. “Es advertir sobre lo que aún puede repetirse”.
Para esta edición, la Fundación Photographic Social Vision ha preparado una serie de actividades paralelas que invitan a profundizar en los temas que atraviesan las fotografías, con un componente educativo y de diálogo ciudadano, como la charla sobre colonialismo y mujeres migrantes en Europa, con Maria Abranches y Tania Safura Adam, el día 7 de noviembre en Casa SEAT, o la presentación del informe Educación visual y adolescencia en Cataluña, fruto del proyecto Visual Trust de la Universitat de Barcelona, el día 3 de diciembre en el CCCB. Además, el público podrá participar en visitas guiadas orientadas a fomentar la lectura crítica de la imagen, siguiendo los parámetros de See the Story, el decálogo que se sigue para plantear la exposición.
El año pasado más de 66.500 personas visitaron la exposición, y más de 7.000 estudiantes participaron en talleres educativos, cambiando el paradigma de su visión ante la realidad del fotoperiodismo, frente a la volatilidad de las redes sociales.
Desde su creación en 1955, el World Press Photo ha sido testigo y memoria visual de los grandes acontecimientos del último siglo. En esta edición, el jurado internacional ha premiado 42 fotógrafos de 30 países y ha destacado los proyectos finalistas Cruzar de noche, del estadounidense John Moore (Getty Images), sobre migrantes chinos atravesando la frontera entre México y Estados Unidos bajo una lluvia helada, y Sequía en el Amazonas, del peruano-mexicano Musuk Nolte, que documenta el impacto devastador de la falta de agua en el pulmón verde del planeta.
Estas 144 imágenes parecen mirar al visitante y pedirle algo más que contemplación. Nos piden compromiso. Nos piden compasión. Nos piden dignidad.Pero aún hay más, pues este año, como homenaje por el 70º aniversario del premio World Press Photo, entre el 17 y el 26 de noviembre se pondrán a la venta 70 fotografías históricas del archivo del certamen, cuyos beneficios se destinarán a programas de apoyo al fotoperiodismo en zonas de conflicto. Este año, el CCCB ha ampliado el espacio de acogida de la exposición dedicada al World Press Photo, subiéndola al último piso, y brindando un espacio final a la reflexión para que los visitantes puedan intervenir y contar qué creen ellos que merece ser explicado.
Pero nadie podrá irse sin transitar el memorial dedicado a los periodistas asesinados en los últimos 20 años. “El periodismo se ha convertido en una de las profesiones más peligrosas del mundo”, recordó Carlos G. Vela, responsable de comunicación de la Fundación. “Sin su trabajo, muchas de estas historias jamás habrían existido”.
En su 24º año de actividad, la Fundación Photographic Social Vision reafirma su compromiso con la fotografía documental como herramienta de transformación social. Su labor incluye la Beca Joana Biarnés para Jóvenes Fotoperiodistas, el Star Photobook Dummy Award o el proyecto Material sensible, que da voz a supervivientes de abusos sexuales en la infancia.
En el CCCB, estas 144 imágenes parecen mirar al visitante y pedirle algo más que contemplación. Nos piden compromiso. Nos piden compasión. Nos piden dignidad. Porque, como recuerda el rostro del pequeño Mahmoud Ajjour, el fotoperiodismo no solo muestra lo que ocurre en el mundo. También nos obliga a preguntarnos qué hacemos nosotros frente a ello. Y yo lloro, como llora la madre de Mahmoud ante las heridas de su hijo.
Un año más, el World Press Photo nos invita a conmovernos, a reflexionar, a ver. Samar le quitó la camisa a Mahmoud, con la ternura de una madre que desviste a sus hijos. Y lo acercó a la ventana, para que le diera la luz del sol. Y en ese espacio y esa luz, Samar con su objetivo, hizo a Mahmou volver a brillar.
