EL BAR DEL POST

Lola Peñaranda: Todas las fiestas del mañana

Lola Peñaranda por Hal Masonberg
Lola Peñaranda por Hal Masonberg

12 de agosto de 2025 a las 10:16h

Recuerda una foto que se hicieron ella y su hermano, Gerard, a muy corta edad junto a su abuelo. Los dos niños con saxos de juguete, y el abuelo con el suyo, de verdad. “Era saxofonista, sí, aunque no recuerdo verle tocar el instrumento. En cambio, con mi padre, que es guitarrista, sí hemos tocado mucho mi hermano y yo”. Lola Peñaranda sonríe con una cierta distancia, mitad cuerpo presente, mitad cabeza volando entre notas musicales. Se toma una Coca-cola acodada a la barra mientras, de fondo, las notas de Ace deuce trey de Hank Mobley restallan en la atmósfera vespertina del Bar.

“A los seis años nos inscribieron en la escuela Oriol Martorell y a los ocho, cuando me dijeron que debía decidir si me metía en la música o en la danza, opté por el saxo alto”, rememora. La vocación estaba clara. La elección del instrumento, también. “Aunque tengo estudios clásicos, el sonido del saxofón siempre me ha llamado por su presencia en músicas más modernas”.

Una llamada que fue a más cuando descubrió el universo de las jam sessions que, de rebote, la introdujeron en su apasionamiento por el jazz. “A los trece años empecé a frecuentar los talleres musicales veraniegos d’Avinyó ---explica--- y me di cuenta de que al principio me daban respeto, pero en cuanto la jam estaba en marcha, me dejaba transportar”. Aquellos encuentros le permitieron cruzar su camino con músicos respetados como Chris Cheek, Llibert Fortuny o Judit Neddermann.

Ahora tiene los 21 cumplidos y un rodaje que empieza a dar sus frutos en el mundo de la improvisación y en otros como el pop y rock o la charanga. Toca con Brou, una formación de versiones de clásicos del pop que ---anuncia--- “vamos a ir dejando cada vez más de lado con la idea de componer material propio en catalán”, y con Zebras, una charanga que tiene versión de big band para grandes escenarios y con la que animan hasta un velatorio. Y confiesa que, cuando participa en una jam, todavía siente esa sensación inicial de desafío, seguida de un rotundo disfrute cuando el jaleo ya ha arrancado.

Ellington estaría orgulloso

A los 16, Lola Peñaranda estudiaba bachillerato artístico y, aunque tenía unas coordenadas musicales muy marcadas, no tenía claro qué iba a ser de ella en un futuro próximo. “Mi hermano estaba en la Sant Andreu Jazz Band, y supe que algunos saxos habían dejado la formación”. Aprovechó aquel contexto, se reunió con Joan Chamorro (ideólogo de la mítica big band barcelonesa) y a este no le hizo falta demasiado para entender que el talento de Lola no debía ser desaprovechado. “Además del clarinete, que ya tocaba de forma autodidacta, me integró en el grupo cambiándome el saxo alto por el tenor. Y ahora combino ambos ---ríe tímidamente--- ¡con predominancia del tenor!”.

Han pasado unos cinco años y la trayectoria ha sido ascendente. Conciertos, recitales, viajes y, como guinda del pastel, la participación, este año, en la trigésima edición del festival y concurso Essentially Ellington de Nueva York, donde se premian las mejores big bands. “Competimos treinta formaciones, la inmensa mayoría estadounidenses, y quedamos segundos”. Una muestra de la potencial proyección global del talento barcelonés, que, sin embargo, no tuvo respuesta por parte de nuestras instituciones y entidades, que no colaboraron con los gastos. Duke Ellington hubiera estado, en cualquier caso, orgulloso.

Lola Peñaranda durante el Essentially Ellington High School Jazz Band Competition and Festival, en Nueva York. © Gilberto Tadday / Jazz at Lincoln Center.

“Todavía no me atrevo mucho con la composición, aunque alguna cosa he hecho, como un tema propio que tocamos en un concierto que organicé para la Nit de la UB a nombre de Lola Peñaranda Quartet”. Todavía hay tiempo y mucho aprendizaje por delante. Hay proyectos en el horizonte, como el Tijazz Trio, que ha montado con Mateu Teixidor y Pau Álvarez y que ya ha visitado escenarios como el Guzzo del Born o la Vicicleta de Sant Andreu. Jam sessions en las que participar, como la que montó hace poco en la Nova Jazz Cava. Todavía hay camino por recorrer, mundos por visitar, nuevas vidas por vivir. Lugares que abandonar y a los que volver. Todavía le quedan todas las fiestas del mañana.

Elegía a la vida de barrio

“Siempre he vivido entre Mundet y Horta y, la verdad, hago mucha vida de barrio. Me gusta, es agradable, tranquilo. Últimamente me muevo más por la ciudad, para ir a estudiar al ESMUC o para ir a jams en Gràcia, si no me quedo en mi zona o huyo a una masía que varias familias de amigos tenemos alquilada a escote en Hostalric”.

Lola Peñaranda mira al futuro desde diversos proyectos. © Paco Peñaranda

Enamorada de su barrio, la artista tiene claro que, aunque inevitablemente la vida del músico la lleve fuera, a otros países, a otras ciudades, siempre querrá volver a Barcelona.

--- Una de las cosas que hará que siempre quieras volver aquí es nuestra oferta gastronómica. Se acerca la hora de cenar y tenemos de todo: tapas, raciones, carta, platos combinados…

Lola Peñaranda sonríe. Soul station de Hank Mobley acompasa el lento atardecer veraniego que se filtra por los ventanales del Bar. Se lo piensa un momento.

“Creo que un plato combinado está bien”, decide al fin, interesándose por lo que va después: “El postre, ¡que yo soy más bien de dulce!", matiza.