Literatura en pista: Samanta Schweblin gana el primer Premio Aena

Samansa Schweblin
Samansa Schweblin

13 de abril de 2026 a las 15:33h
Pasadas las diez de la noche, bajo las bóvedas de las Drassanes Reials del Museu Marítim, Samanta Schweblin se levanta de su mesa con la cara de quien acababa de bajar de una ruleta rusa… aunque en positivo.El buen mal (Seix Barral), su libro de relatos sobre soledades familiares y monstruos cotidianos, acababa de ganar el I Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana y, de paso, el millón de euros más sonado de la literatura reciente en español. Rosa Montero, presidenta del jurado, abre el sobre y la sala responde como se espera en estos casos: con un aplauso largo, casi liberador. El resto de finalistas han visto como su 20% matemático de ganar desaparecía. Vila-Matas, Giralt Torrente, Fernández y Abad Faciolince han quedado sentados en sus mesas, aunque automáticamente también han ganado 30.000 euros, el premio otorgado a los cuatro que se quedaban a las puertas.La escritora argentina, de 48 años, ha reconocido sin rodeos: “Estoy en shock”. Y enseguida ha encontrado el tono: “Los que escribimos cuentos corremos medio cojos… hoy este premio da su primer paso premiando la excepción”. Luego, parafraseando a la poetisa Wisława Szymborska, ha rematado con una idea que ha quedado flotando en el ambiente, donde recuerda lo raro que es celebrar literatura mientras el mundo está en desequilibrio y con muchas guerras: “Peor que ponerse a leer y escribir en un momento como este sería no ponerse a leer y escribir en un momento como este”.
Schweblin: "En lugar de buscar más cuentos, leía una y otra vez los mismos tres libros. Enloquecí un poco."
La ganadora ha recordado su verano con 12 años: su madre le regaló una antología de Kafka y su abuelo Crónicas marcianas, de Bradbury y Cortázar: “En lugar de buscar más cuentos, leía una y otra vez los mismos tres libros. Enloquecí un poco. Me encantó ese momento”.La noche del miércoles acompaña. Y el lugar, también. Las Drassanes Reials tienen algo que impide acostumbrarse a ellas: siempre impresionan. Allí Aena ha decidido desplegar aun más su apuesta cultural. Su presidente, Maurici Lucena, lo ha dicho sin rodeos: la intención es que el premio se quede en Barcelona y tenga continuidad. También ha defendido el papel del mecenazgo empresarial con una idea sencilla: “en sociedades imperfectas, tiene sentido que las empresas contribuyan, aunque no sea su actividad principal”, ha dicho. Recordando también la parte pública del operador aeroportuario (el estado detenta el 51% del accionariado) ha recordado que como gran lector, el ministro de Transportes Óscar Puente, pidió que el criterio para otorgar el premio fuese únicamente literario y que no pudiera haber la más mínima sospecha de cualquier otra cosa al entregarlo.
"El 80% de la producción literaria en español se edita en Barcelona"
El President Salvador Illa ha cerrado la gala con un tono más emocional: “En momentos difíciles no podemos hacer cosas contra la cultura, porque es lo que somos. Las bombas siempre acaban desapareciendo y entonces sale a la luz que los libros son otro tipo de cimientos”. Ha recordado además un dato que explica muchas cosas: el 80% de la producción literaria en español se edita en Barcelona.
El presidente de Aena, Maurici Lucena, y el vicepresidente ejecutivo, Javier Marín, acompañados por el presidente de Catalunya, Salvador Illa, y diferentes autoridades.
Uno de los aciertos de la noche ha estado en la escenografía, firmada por la directora de arte Vanesa de la Haza y producida por La Tropa. La andaluza, bregada en el mundo del cine, ha creado cinco escenarios repartidos por la sala, cada uno dedicado a una obra finalista. Una propuesta ágil de cinco momentos que presentan a los libros finalistas. Ha habido un monólogo de la actriz Nieves Soria dando voz a la abuela Josefina de Los ilusionistas, de Marcos Giralt Torrente. Ha sonado música de piano con la pieza que Álex Gassent creó específicamente inspirada en El buen mal, de Schweblin; la dramaturga y actriz Lola Blasco ha encarnado a Ryo en Canon de Cámara Oscura, la obra de Enrique Vila-Matas; ha habido dibujo en directo de Patricio Hidalgo para recordar Marciano, de Nona Fernández; y se ha danzado la coreografía de Alina Sokulska, que llevaba a escena el dolor de la guerra en Ahora y en la hora, el texto de Héctor Abad Faciolince. Cada uno de estos momentos eran una presentación de un libro que daban ganas de seguir conociendo. Había ganas de seguir sabiendo de las historias, porque nada se ha alargado más de la cuenta. Todo ha fluido con una naturalidad poco frecuente en este tipo de actos. Los presentadores, Josep Cuní y Martina Klein, han funcionado en ese equilibrio entre oficio y cercanía. Y las mesas, bautizadas con nombres de aeropuertos de la red Aena (Barajas, El Prat, Almeria, Vigo, Palma…), han añadido un guiño que conectaba el mundo de la aviación con el de los libros.
Samanta Schweblin © AENA
En la sala se han mezclado perfiles diversos: política, empresa, cultura, leyes o medios. Barcelona, España y América Latina, bajo el mismo techo. Y, como corresponde a una noche entre semana, todo ha terminado a una hora razonable.Hay un detalle que explica bien la ambición del proyecto: además del millón para la ganadora y los 30.000 euros para cada finalista, Aena comprará ejemplares de las cinco obras por valor de más de otro millón de euros. Los distribuirá entre sus más de 11.000 empleados y los donará a bibliotecas e instituciones culturales en los lugares donde opera. Tan solo en España suma 46 aeropuertos y dos helipuertos . Aunque Aena cuenta ya con un centro cultural aeronáutico junto a la terminal corporativa del aeropuerto de Barcelona-El Prat, el peso simbólico de esta primera edición pedía un escenario como las Drassanes. Lo tuvo. Fue, en lo esencial, una buena noche para una autora argentina y también para Barcelona. Una noche de literatura, bien armada y sin estridencias en la ciudad de los libros. Justo el tipo de historia que encaja con el espíritu de nuestro querido The New Barcelona Post. A partir de ahora, cuando alguien diga “Aena”, quizá no piense solo en pistas y terminales sino también en libros. En un proyecto cultural que, sumado a su apoyo al Liceu, al Teatro Real o al Taller de Músics con sus becas, empieza a tomar forma reconocible. Lucena lo resumía en una aspiración para el galardón que se estrenaba ayer: “que este premio llegue a ser algo parecido al Booker o al Goncourt”.De momento, el primer paso ya está dado. Y suena (o se lee) bien.
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