EL BAR DEL POST

Leyre Marinas: la pulsión de atar cabos

Leyre Marinas. © Pati Gagarin-24
Leyre Marinas. © Pati Gagarin-24

01 de marzo de 2026 a las 22:56h

Desde pequeña sintió la necesidad de investigar, de buscar más allá de lo que se ve y se escucha y atar cabos, crear sinapsis para combatir el silencio intelectual “de aquel Alicante de mi adolescencia, que culturalmente era un erial”. La escritora y periodista Leyre Marinas sorbe un trago de su cerveza, mientras Head on, de Jesus and Mary Chain, acompasa la hora del vermú en el Bar. “Y eso que en el instituto era una pésima estudiante, pero a la vez era una lectora voraz”, rememora, a propósito de aquellos años de formación, curtiéndose con la rica biblioteca de su madre, hallando en Oscar Wilde, Truman Capote y Brett Easton Ellis sus primeros grandes puntos cardinales.

Cuando tenía catorce años, su familia se mudó a Torrevieja y, por una serie de carambolas, en aquella localidad que a priori apuntaba maneras de morgue del alma, halló sus primeras almas gemelas. Un grupo salvaje de trece chicas (y un chico) con las que compartió aula “y con las que teníamos unas afinidades estéticas, literarias y musicales brutales”. Allí también conoció a Raquel, como ella, hedonista, guiada por la estética, inquieta, con hambre de mundo. Se convirtió en su mejor amiga y, a partir de ahí, todo fue para mejor.

“Terminado el instituto, nos marchamos ella y yo a Murcia a estudiar Publicidad y Relaciones Públicas, y fue una etapa maravillosa, porque ahí se cocían cosas muy interesantes: conciertos, charlas, exposiciones, libros…”, prosigue Leyre, que confiesa que sigue sentimentalmente ligada a aquella ciudad, “aunque no tanto como lo que siento por Irlanda, donde estuve viviendo un año con una novia, ¡y donde volvería a vivir mañana mismo si me tocara el Euromillón!”, ríe. 

Mudarse a Madrid para estudiar el máster de Análisis Sociocultural de la Complutense fue su siguiente paso, “para empezar mi trayectoria de investigadora”. Su trabajo final, sobre cómo el fenómeno del Glam Rock de los años 70 se apropió de las estéticas y significaciones de la femineidad –“que espero algún día poder convertir en un libro de venta al público”– le abrió las puertas al doctorado. Y ahí comenzaron algunos problemas.

¿Dónde está la reivindicación?

Leyre Marinas no recuerda con especial afecto su siguiente etapa en la universidad madrileña, “ni tampoco en Madrid, que no es una ciudad que me guste para vivir”. Planteó una tesis sobre la invisibilidad de la mujer en una cultura pop muy a menudo centrada en la figura masculina. Algo que, para ella, con los años ha ido a más. “Hasta principios de los 2000, seguía habiendo reivindicación en el ámbito del pop. Había un underground que ponía sobre la mesa temas como el aborto o los feminismos, que podían llegar a colarse en la MTV, en el mainstream. Pero ahora ya no es así. Hay temas que están completamente silenciados, incluso a un nivel alternativo. Mi tesis interrogaba sobre esto”.

Pero chocó con “las modas académicas, que hicieron que, empujado por determinados intereses, mi director de tesis tratara de llevarme a indagar sobre los abusos en la industria musical, un entorno que yo desconozco”. Aunque aquello no fue todo. “Durante mi permanencia en la Complutense, donde llegué a enseñar, vi casos de abuso y acoso sexual a alumnas por parte de profesores. Casos que otras personas visibilizaron con valentía y que me impactaron mucho a nivel emocional”.

Leyre Marinas convirtió su tesis doctoral en el libro Fucked feminist fans: los orígenes del #MeToo desde la cultura pop musical. © Pati Gagarin 

En 2023 por fin logró presentar la tesis. “Pero no quería que se quedara sólo en el ámbito académico, así que la empecé a mover por editoriales que se mostraron interesadas y me decanté por Dos Bigotes, que es un sello que admiro muchísimo”. Así vio la luz Fucked feminist fans: los orígenes del #MeToo desde la cultura pop musical. Un repaso a los feminismos de un pop donde caben Madonna, la MTV, Riot Grrrls o Harvey Weinstein. Ulterior vuelta de tuerca, la colaboración sobre groupies queer para el reciente libro-fanzine Cosas bellas por las que matar, coordinado por Carmen Torreblanca.

Una relación esperanzadora

“Barcelona me da la vida, me gusta su sensibilidad y tiene todo lo que necesito: mediterraneidad y cierto espíritu norteño con el que conecto mucho”. Enamorada de sus calles y bares como el Madame Jasmine de la rambla del Raval o La Casa de la Pradera de la calle Carretes, la escritora y periodista sorbe el penúltimo trago de su cerveza y añade: “mi relación con Barcelona es esencialmente esperanzadora”. 

Leyre Marinas asegura mantener una relación "esperanzadora" con la ciudad, confesándose enamorada de sus calles y rincones. © Pati Gagarin

Llegó aquí hace tres años y, tras estar en un grupo de investigación de la UAB y haber ejercido de consultora de Igualdad y Diversidad para una empresa de Recursos Humanos, busca un trabajo mientras escribe y ata cabos sobre disidencias y voces silenciadas. “Lo importante es poder seguir aquí a pesar de los expats y de los precios cada vez más abusivos de los alquileres”, remata, dando cuenta del último sorbo de cerveza.

–Lo que no tiene precios abusivos y une a esta ciudad es nuestra oferta gastronómica. Por si quieres comer alguna cosa… Tenemos tapas, raciones, menú…

Los ojos y boca de Leyre Marinas sonríen. De fondo, All I want de Echo and the Bunnymen y, alrededor, el paisanaje que se anima. 

“Creo que unas tapas, o unas raciones si compartes conmigo”, replica tras pensárselo unos segundos. “Y, por supuesto, otra cerveza”, añade, dispuesta a seguir conversando durante el tiempo que haga falta, a pie de barra.