Laura del Pino: Todos los caminos que conducen a la Rauxa

Laura del Pino, cantant, corista i trompetista
Laura del Pino, cantant, corista i trompetista

08 de enero de 2026 a las 12:24h

“He tenido la enorme suerte de que mi familia siempre me ha apoyado. No tuve que batallar cuando, en casa, dije que me quería dedicar profesionalmente a la música y por ello siento una gratitud enorme”. Las notas de Cantar t'és aliment, de Trau, acompasan la hora del vermú. Ataviada con un elegante cárdigan de los 60, la cantante, trompetista y compositora Laura del Pino sorbe un trago de cerveza. “Sin mi familia y sin mis amigos, sin mi gente, yo no sería la que soy”, añade. Y sonríe, sabiéndose afortunada.

En su casa se escuchaba y tocaba mucha música. “Los primeros acordes de guitarra me los enseñaron mis padres”. A los cinco años la apuntaron a violín. Recuerda con afecto a Itziar, aquella primera profesora de clásico tras cuya muerte ya no volvió a conectar con el instrumento de cuerda. “Después de ella, me puse a estudiar canto y música moderna”. Su amor por Chet Baker la llevó un paso más allá, a tocar la trompeta.

En medio, una adolescencia de extrarradio en un Sant Boi con un sustrato subcultural que todavía hervía. El punk, la cultura skinhead, ritmos de reggae y otras músicas negras, ropa vistosa, bailes ignotos y efervescencia política. Un mundo fuera de este mundo con infinidad de hilos de los que tirar: sonoros, estéticos, gráficos y, también, muy importante, literarios. Esa es otra de las grandes pasiones de Laura, lectora empedernida con predilección “por la narrativa en catalán de Irene Solà, Eva Baltasar o Gemma Calduch”.

"La Rauxa nació a raíz de mi amor por el pop de los 60 cantado en catalán"
Con su primera banda, Les Txatys, un trío de chicas consagrado a la rumba y al ska, estuvo tres años curtiéndose sobre todo tipo de escenarios. Color y calor al ritmo sincopado de raíz afrocubana y caribeña. Poco después, cruzó su camino con Núria Pino —“con la que no nos une ningún parentesco, pero sí una inmensa amistad”, aclara antes de que se le pregunte— y juntas arrancaban Hermanas Dolor, un dúo con el que exploraban los léxicos del soul. Otro proyecto con el que seguir creciendo artísticamente y que anticipaba todo lo bueno que había de llegar.

Explicar el mundo a través de sus propias canciones 

Tras disolver Hermanas Dolor, y tras el paréntesis de la pandemia, Laura del Pino se integró en Los Retrovisores, el veterano grupo barcelonés de pop soul. “Entrar como trompetista en la banda me abrió las puertas a un mundo sonoro amplísimo. Fue sin duda uno de esos grandes puntos de inflexión”, reconoce la cantante, que poco después fundaba junto a Núria Pino Les Testarudes, una banda femenina de ska y reggae con la que ha pateado una enormidad de escenarios. “Además, empecé a tocar con otras bandas como Ros o Steve and the Songlines”. Y ya así siempre, hasta que llegó el inevitable stop.

“La Rauxa nació a raíz de mi amor por el pop de los 60 cantado en catalán, que gente como Carles Belda u Òscar Dalmau tanto han hecho por redescubrir”. En aquel momento, la artista ya empezaba a escribir repertorio propio en esta línea y, poco a poco, animada por los músicos de este proyecto, la necesidad de expresar su mundo a través de sus canciones fue creciendo. “A esto se suma que, empujada por mi amor por la literatura, empecé a estudiar Humanidades”.

Y, entre sus diversos compromisos con las bandas, la necesidad de impulsar La Rauxa como primer proyecto propio, los estudios y el inevitable trabajo alimenticio en un contexto donde dedicarse a la cultura es pasar privaciones, Laura tuvo que dejar Les Testarudes. “Habíamos grabado un mini elepé y el adiós fue muy triste, porque además de una banda con mucha proyección, son y siempre serán mis amigas”.

Orgullosa de su tenacidad, su capacidad “de hacer malabares con el calendario para llegar a todo” y de sentirse coherente con sus preceptos ideológicos y éticos, la artista está ahora centrada –sobre todo– en preparar el que será el álbum de debut de La Rauxa, que verá la luz en los próximos meses. 

Militancia de extrarradio

De jovencita, la parroquiana siempre había querido salir de Sant Boi para trasladarse a Barcelona, hasta que su sueño se hizo realidad. “Vine a vivir, primero al Raval y después a Gràcia, y en todo permanecí tres años, tras los cuales tuve más que suficiente”. 

A pesar de su tejido cultural y asociativo, de ser una urbe donde pasan tantas cosas buenas –“conciertos, clubes, presentaciones de libros, exposiciones…”–, su ritmo demasiado acelerado y el cada vez más extendido modelo para turistas y expats “a los que les da igual quiénes son sus vecinos”, pudo con su paciencia. “Ahora he vuelto a Sant Boi donde también pasan muchas cosas que desmienten su fama de ciudad dormitorio”. Liquida la cerveza y añade, sin perder la sonrisa: “¡ahora practico la militancia de extrarradio!”.

Lo que te hará militar en este Bar es nuestra oferta gastronómica. Se acerca la hora de comer y tenemos de todo: menú, platos combinados, carta, bocatas… ¡Exquisito todo!

Laura del Pino no dice que no. “Soy de menú y más bien tradicional. ¡Cuina catalana!”. Y, tras meditarlo unos segundos, pregunta: “¿No tendréis, por casualidad, fricandó?”.

— De los mejores de Barcelona.

— Pues fricandó, otra caña, ¡y no se hable más!

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