LA SEMANA DEL TURISMO

José María Trénor: “El Cotton House y el Teatre Principal son edificios que merecen revivir su relato”

Jose Trenor, Cotton House. © Àngel Bravo
Jose Trenor, Cotton House. © Àngel Bravo

11 de mayo de 2026 a las 12:14h

Históricamente en Barcelona siempre aparece algún personaje que, de manera providencial, salva a la ciudad de sus tentaciones de estancamiento. Aquí, esta capacidad de sorprender corresponde casi siempre a la iniciativa privada (la pública puede ayudar, pero está siempre demasiado sometida a las dinámicas políticas). José María Trénor podría limitase a hacer negocios, pero ha escogido también crear relato. Cambiar la ciudad en lo que él puede cambiarla. Este marqués con vocación hotelera y apasionado de la ciudad lleva más de dos décadas transformando edificios con historia en experiencias únicas: de los Praktik Hotels al deslumbrante Hotel Cotton (instalado en el antiguo palacete de los algodoneros de la Gran Via), y ahora al reto mayúsculo de rehabilitar y dar vida al Teatre Principal, Trénor habla de turismo sin eufemismos, de Barcelona sin nostalgia fácil y de la cultura como el mejor uso posible de los grandes espacios urbanos.

— Empecemos por el Hotel Cotton House, un luxury boutuque hotel en el centro de Barcelona. Lo definirías así?

--- El Cotton House es uno de los edificios que más desprende y define lo mejor de Barcelona, o de una época de Barcelona. Esa escalera de caracol, la terraza interior que es una maravilla, los balcones... Me gusta pensar en que un edificio que durante tanto tiempo solo podían disfrutar unos pocos (los algodoneros, mis caseros) gracias a un hotel ahora lo puede visitar toda la ciudad. Me gusta que los hoteles consigan ser un sitio donde, además de alojar a gente de fuera, los barceloneses puedan entrar. Por lo menos una vez. El Cotton tiene esa calidad: aunque no te quedes a dormir, es un sitio donde estar, comer, tomarte algo…

La famosa escalera de caracol del Cotton House, diseñada por Rubió i Tudurí. © Marriott Bonvoy

— Desde el punto de vista patrimonial y de restauración, ¿fue difícil hacer honor a la historia del edificio?

--- No, la verdad es que no costó. Lo de más valor patrimonial nos lo encontramos en muy buen estado, sobre todo en el piso principal. Los techos estaban bien conservados, el parqué sólo había que lijarlo y recuperarlo. Y tuvimos la suerte de contar con el fantástico interiorista Lázaro Rosa Violán, que supo entender que ese edificio no necesitaba mucho más, que no había que decorarlo en exceso. No recuerdo ninguna discusión en el tema del patrimonio, más bien lo contrario. La historia del Cotton sirvió de hilo conductor para encontrar el nombre del hotel, los perfumes, la parte textil...

— Tenéis también un nuevo rincón para la sastrería Santa Eulalia. ¿En qué consiste?

--- Sí, tenemos un rincón Santa Eulalia donde los clientes pueden por ejemplo encargarse a medida una camisa con un sastre. Es toda una historia que recreamos, que explica la bonita época de Barcelona y lo que sigue siendo. E insisto que el interiorista lo consigue: hace que los espacios sean amables, donde el objetivo no es solo enseñarlos sino que apetezca ir y estar.

El Atelier del hotel. En este espacio los huéspedes que lo deseen pueden contratar los servicios de sastrería a medida que proveé Santa Eulalia. © Cotton House

— Si no hubiera existido esta iniciativa, ¿qué crees que habría pasado con el edificio?

--- Habrían seguido estando los inquilinos, que eran hasta la oficina de la Asociación Textil, AITPA. Lo disfrutaría mucho menos gente que ahora. Era un punto de reunión donde ellos se reunían, nada más.

— Tú venías de una tradición muy concreta con Praktik Hotels. ¿El Cotton significa un salto de categoría, un cambio de paradigma?

--- Empiezo con los Praktik, que tratan de ofertar alojamiento asequible bien ubicado en el centro de la ciudad, desde hace 22 años cuando abrimos el primer hotel. Y luego fue evolucionando: por ejemplo con el Bakery, que quizás es el que mejor ejemplifica qué hacer con la recepción de un hotel, que a veces es un espacio infrautilizado (un local comercial bien ubicado, pero sin aprovechar). Entonces pensé: ¿por qué no complicarnos un poco la vida, y darle un contenido que aporte valor al edificio y a la vida del hotel? Además de hacer habitaciones, tratar de explicar una historia. Y con esa lógica llegué al Cotton. Mis primeros planes allí era hacer un Praktik, me salían 135 habitaciones. Entonces me daba vértigo hacer un cinco estrellas. Pero pronto me di cuenta de que algo no encajaba: había que hacer algo de más calidad.

— ¿Crees que faltaban hoteles de cinco estrellas en Barcelona?

--- No, los había. Está el histórico Majestic, el Sofía, el Juan Carlos, el Claris, el Arts que da el salto internacional... Pero es que, en caso del Cotton, era lo que se merecía ese edificio. Me gusta pensar que es a partir del edificio desde donde pensé qué merecía la pena hacer. Y eso fue lo que seguí.

"Se asocia el turismo de calidad a una capacidad económica, y no es eso exactamente. La gente que viene a Barcelona lo hace por la cultura, la gastronomía, la arquitectura, la belleza… y tenemos que estar a la altura"
— Hablando de complicarse la vida, tuviste tus litigios sonados —en el solar de Drassanes, donde Praktik proyectaba construir un hotel de lujo que el Ayuntamiento acabó bloqueando—. 

--- Ya se ha hablado lo suficiente de esa época. Eso era un hotel, y pudo haber sido un hotel. Ahora es una residencia de estudiantes que se inaugura en septiembre, pero creo que se ha escrito ya mucho sobre el tema.

— ¿Barcelona ahora es menos complicada para hacer iniciativas empresariales que hace, digamos, ocho años?

--- Creo que estamos en una muy buena época. El sector privado puede decir que está mejor recibido y que con la administración se pueden hacer más cosas. Es verdad que no se pueden hacer hoteles, por desgracia, y en el sector residencial tampoco está fácil la cosa. En ese sentido, creo que le queda recorrido a esta ciudad.

— ¿El turismo en Barcelona está bien gestionado? ¿Es exagerada la queja del ciudadano o hay razones reales?

--- Se están haciendo bien varias cosas. Para entenderlo: una ciudad como Barcelona, Amsterdam, Londres o Mallorca tiene siempre presión turística, y la convivencia entre residentes y visitantes es difícil. Si a eso le sumas que en los últimos quince años los turistas se han podido alojar en edificios no hoteleros, es evidente que esa convivencia se complica. Porque entonces no entras en un hotel, entras en un edificio donde vive gente, no sabes quién está en tu portal, quién está en la puerta de enfrente. y eso genera tensión. Pero se está regulando, lo están haciendo todas las ciudades, Barcelona también. Lo que espero es que se encuentre el buen camino para que deje de estigmatizarse el turismo, que es lo que más me importa.

— ¿Cuál es el perfil del cliente del Cotton? ¿Turista, viajero de negocios...?

--- Cuando nos hablan de turismo de calidad, siempre me chirría esa expresión. Nuestros clientes, tanto los que pagan 500 euros en el Cotton como los que pagan 90 en un Praktik, son todos turistas de calidad: quieren disfrutar de Barcelona de las mismas cosas que queremos disfrutar tú y yo. Quieren cenar en el Cañete, explorar la ciudad… Se asocia el turismo de calidad a una capacidad económica, y no es eso exactamente. Sí que puede que alguna época del año aparezcan despedidas de soltero con algún grupo ruidoso, pero no es lo habitual. La gente que viene a Barcelona lo hace por la cultura, la gastronomía, la arquitectura, la belleza… y tenemos que estar a la altura.

— ¿Se aloja en tus hoteles gente de Barcelona por curiosidad o por capricho?

--- Algunos con niños pequeños quieren escaparse un fin de semana sin salir de la ciudad, y eso es divertido. Yo lo recomiendo: ser turista en tu propia ciudad un día te obliga a ver Barcelona desde otro ángulo, y descubres cosas. Te dejas llevar. Y así no tienes que irte muy lejos.

Interior de Cotton House.

— ¿Alguna novedad en el Cotton o en el resto de proyectos? 

--- Proyectos hoteleros nuevos en Barcelona, no. Estamos abriendo algo bonito en Valencia, un hotelito, pero en Barcelona no. Siempre está el reto de las novedades: ahora hay cenas, el rincón Santa Eulalia (que este año celebra sus cien años y queremos hacer cosas juntos), en la biblioteca hacemos catas, traemos lo mejor de la ciudad para quien se aloja. Y también hay alquiler de espacios para eventos. Hay permanentemente pequeños retos.

— Y la gran pregunta: parece que lo del Teatre Principal va en serio. ¿Puedes adelantarnos algo?

--- El 5 de enero empezaron las obras de la fachada. Las obras están por lo tanto en marcha y el teatro se va a renovar en su totalidad. 

—Para cuándo?

--- Mi objetivo es que en el otoño de 2028 ya estemos programando y teniendo obras y conciertos.

"La gente baja a La Rambla para ir al Liceu, vamos a hacer que vuelvan para ir también al Principal"
—Esto será inmenso.

--- Bueno: como sabes, es mi gran proyecto y mi gran reto personal. 

— Será diferente de lo que hemos visto hasta ahora?

--- Todo el mundo ha visto cosas alrededor del Principal, todo el mundo tiene recuerdos. Es un edificio con relato, también. Lo que sí puedo decir, y es algo que me llena de orgullo, es que será la primera vez en 400 años  en que absolutamente todos los espacios del Principal (la sala grande, la sala Panams, el antiguo billar, el frontón, el Teatro Latino, la Cúpula Venus…) podrán disfrutarse a la vez a través de la cultura. La cultura va a ocupar todos los espacios, y nunca el teatro había alojado tantos espacios con un uso cultural. 

— Recuperar la Rambla, también.

--- La gente baja para ir al Liceu, vamos a hacer que vuelvan a la Rambla para ir también al Principal. Es un reto extraordinario, y en los próximos meses, a medida que avancemos con la obra iremos anunciando quién se incorpora y cómo. Con la máxima ambición.

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