HOTELES CON HISTORIA

Hotel España, de fonda decimonónica a icono modernista

Hotel España
Hotel España

Cuando Doménech i Montaner, Casas i Arnau trabajaron para hacer atractiva la hotelería barcelonesa

12 de enero de 2026 a las 15:53h

El octavo capítulo de Hoteles con Historia e Historia de Hoteles, la serie que cada quince días publicamos en The New Barcelona Post, empieza esta vez en un consulado: el de Filipinas. Desde hace unos meses, la sede diplomática del archipiélago, que fue colonia española hasta 1898, se encuentra en la Casa Pia Batlló, en la Rambla de Catalunya con Gran Via. Desde allí se organiza un recorrido a pie para la comunidad filipina de Barcelona (unas 14.000 personas) por distintos puntos de la ciudad relacionados con su país. Una de las paradas principales es el establecimiento del que hablamos hoy: el Hotel España. La razón, como casi siempre en este edificio, hay que buscarla en la historia.

El origen de este lugar de hospedaje se remonta a mediados del siglo XIX, cuando Josep Colomer i Giralt, hijo de Puigcerdà, decidió abrir una fonda en el barrio del Raval, atraído por el crecimiento económico de una zona que entonces formaba parte del corazón de la ciudad. El edificio del número 11 de la calle Sant Pau había sido concebido inicialmente para albergar baños públicos y más tarde fue reconvertido en viviendas. Colomer inició las obras en 1857 y, dos años después, inauguró la Fonda de España, que arrendó a los hermanos Riu i Calvet.

Un buen establecimiento

Desde el principio, la fonda destacó por algo poco habitual en la época: amplitud, comodidad e higiene, cualidades que le granjearon una excelente reputación entre viajeros y comerciantes. El éxito fue tal que Colomer impulsó sucesivas ampliaciones. En 1863, tras comprar el edificio vecino, añadió nuevos espacios y elevó la construcción, configurando lo que pronto se conocería como el pati vuitcentista. Cuatro años más tarde, una nueva planta de habitaciones consolidó el crecimiento del negocio, ya rebautizado como Hotel de España.

La heráldica y detalles históricos protagonizan buena parte de la decoración de los espacios comunes del hotel. © OD Hotels

Tras la muerte de Colomer, en 1873, el establecimiento pasó por distintas manos dentro del ámbito familiar hasta que, a finales del siglo XIX, Miquel Salvadó i Llorens asumió un papel decisivo en su destino. Bajo su impulso, el hotel añadió a su nombre el afrancesado Grand Hotel d’Espagne, buscando sonar bien entre los viajeros internacionales. Barcelona se preparaba para mostrarse moderna y europea con la Exposición Universal de 1888, y los hoteles eran piezas clave de esa nueva imagen urbana.

El momento que otorgó al Hotel España su verdadera relevancia llegó entre 1898 y 1904, cuando Salvadó encargó una reforma integral al arquitecto Lluís Domènech i Montaner. El resultado fue una de las intervenciones más brillantes del modernismo aplicado a la hotelería. Domènech concibió aquí una auténtica obra total, rodeándose de artistas como Ramon Casas, autor de los esgrafiados del comedor, y Eusebi Arnau, responsable de una monumental chimenea de alabastro. En 1904, el Ayuntamiento de Barcelona distinguió el conjunto con el premio al mejor establecimiento comercial del año, un reconocimiento que aún hoy se recuerda, enmarcado, en el vestíbulo del hotel.

Otra placa municipal, esta vez en la fachada, recuerda la etapa en la que el edificio era casa de vecinos: allí nació Josep Rodoreda, fundador de la Escuela Municipal de Música de Barcelona y compositor de la música del Virolai, canto dedicado a la Virgen de Montserrat e himno oficioso de Catalunya. Sobre esa placa metálica hay otra que señala que José Rizal se alojó en el Hotel España en 1882. Este dato explica la singular relación del establecimiento con Filipinas: José Protasio Rizal-Mercado y Alonso-Realonda, destacado masón escritor, oftalmólogo, intelectual y primer gran héroe de la independencia filipina, vivió aquí durante su estancia en Barcelona y tras estudiar en Madrid.

Dos placas con los nombres del héroe filipino José Rizal y el músico catalán Josep Rodoreda lucen en la fachada del Hotel España. © Javier Ortega Figueiral

Nada en la fachada anuncia la riqueza interior. Tras cruzar la entrada, los esgrafiados desean al visitante Bon profit o Bon descans, mientras los comedores se revisten de maderas nobles, cerámicas vidriadas y escudos de todas las provincias españolas. El mural de Casas, con ecos del japonismo y modernidad sin complejos, sobrevivió casi de milagro a décadas de abandono, cuando el modernismo cayó en desgracia y muchas de sus expresiones fueron mutiladas u ocultadas.

Durante buena parte del siglo XX, el Hotel España conoció otras vidas. Fue durante años el hotel fijo para toreros y sus cuadrillas, con sus supersticiones y rituales, como los de Carlos Arruza, que siempre reservaba la misma habitación, y escenario de anécdotas domésticas, comidas sencillas y discusiones memorables. En la Barcelona de la posguerra, el hotel albergó también una vida más discreta: ante la prohibición del juego, era un secreto conocido por quien debía saberlo que allí se celebraban partidas clandestinas, y que incluso existía un pasadizo, hoy tapiado, que lo comunicaba con el cercano Hotel Oriente.

Desde 1904 el hotel luce este diploma del Ayuntamiento de Barcelona, que reconocía por entonces las mejoras arquitectónicas y decorativas del establecimiento. © OD Hotels

La historia del edificio está inseparablemente ligada a la de la ciudad. Desde algunas de sus habitaciones se pudo vivir de cerca, el 31 de enero de 1994, las primeras horas del incendio que arrasó el Gran Teatre del Liceu, vecino pared con pared. Por entonces, el hotel atravesaba la etapa final de una larga decadencia, que lo llevó a entrar en el siglo XXI reducido a categoría de dos estrellas, lejos del prestigio que había tenido en sus mejores años.

El cambio de rumbo llegó en 2004, cuando una nueva propiedad impulsó una restauración integral con el objetivo de recuperar el esplendor perdido y reconciliar el edificio con su historia. Hoy, de nuevo bajo el nombre de Hotel España Ramblas, y con una nueva gerencia tras veinte años de aquella reforma, el establecimiento del Raval ha recuperado su lugar en el mapa patrimonial de Barcelona junto a otros hoteles del grupo Ocean Drive en Madrid, Sevilla e Ibiza.

Declarado Bien Cultural de Interés Local y miembro de Historic Hotels Worldwide desde 2021, el hotel sigue recordando, en la calle Sant Pau, que algunos lugares no envejecen: simplemente acumulan tiempo y mejoras como con las obras que se están llevando a cabo desde hace semanas en algunas zonas comunes.

La Sala de Las Sirenas, diseñada por Ramon Casas en la gran reforma del establecimiento a principios del siglo XX. © OD Hotels