HOTELES CON HISTORIA

El Cuatro Naciones y el colchón calcinado de Chopin

El hotel Cuatro Naciones
El hotel Cuatro Naciones

29 de septiembre de 2025 a las 10:31h

Cada dos viernes, en The New Barcelona Post abriremos las puertas de un hotel con historia. No solo hablaremos de grandes establecimientos de cinco estrellas, que también, sino de fondas, pensiones y hoteles que, sin alardes, han sido testigos de la historia de Barcelona: lugares que acogieron a genios, aventureros o personajes casi anónimos que dejaron su huella.

Arrancamos en el número 40 de La Rambla, donde un edificio neoclásico de fachada sobria resiste el paso del tiempo. Es el Hotel Cuatro Naciones, un dos estrellas sin pretensiones, con balcones que miran al río humano del paseo y un hall sencillo y anticuado que esconde un pasado glorioso. Con este inesperado protagonista comienza Hoteles con Historia, una serie quincenal para redescubrir Barcelona a través de sus camas, huéspedes, facturas y secretos.

El Cuatro Naciones abrió como fonda de postas, un punto clave para las diligencias que unían Barcelona con Francia, Italia, Portugal y otras ciudades de España, de ahí su nombre. La Rambla, por entonces, era un paseo polvoriento con más carruajes que turistas, empezando a definirse como el eje de la ciudad.

El hotel, con sus arañas de cristal, mesas vestidas de lino y un servicio que imitaba el lujo francés, era el lugar donde Barcelona recibía al mundo. Sus salones vieron pasar maletas de cuero, contratos firmados a pluma y viajeros que dejaron sus nombres en registros hoy amarillentos. Por unos 120 euros la noche, hoy se puede dormir bajo el mismo techo donde lo hicieron en su día Stendhal, Chopin o Buffalo Bill.

Stendhal en Barcelona

Uno de los primeros huéspedes de los que hay registro oficial es el escritor francés Henri-Marie Beyle, más conocido como Stendhal, que llegó al Cuatro Naciones tras un viaje agotador por España. En sus Mémoires d’un Touriste, lo describe como “un hermoso lugar en el centro de Barcelona”, perfecto para una cena tras horas de traqueteo en carruaje.

La Rambla que él vio era un hervidero: vendedores ambulantes, aroma a pan fresco, el puerto a unos pasos y el trote de los caballos sobre el empedrado. Para Stendhal, el hotel era un oasis de orden en una ciudad que soñaba con ser moderna. Sus notas, precisas y algo irónicas, pintan una Barcelona vibrante, con el Cuatro Naciones como su refugio catalán para algunos días.

El 'hall' y recepción aun conservan muchos detalles de otros tiempos. © Hotel Cuatro Naciones

Chopin y el colchón quemado

En noviembre de 1838, poco después de la estancia del escritor-viajero, otros huéspedes célebres cruzaron sus puertas: Frédéric Chopin y George Sand. Su destino era Mallorca, buscando un invierno suave para la frágil salud del compositor. Se alojaron brevemente en el Cuatro Naciones antes de embarcar en un paquebote similar al Santa Eulàlia, que aún conserva el Museu Marítim.

En su apogeo, el hotel les ofreció un piano en el salón y cenas con vistas al trasiego de La Rambla. Luego, el sueño mallorquín se convirtió en una pesadilla: la humedad de la isla agravó la tuberculosis de Chopin.

Meses después, la pareja regresó exhausta a Barcelona y al Cuatro Naciones. El músico, tan débil que apenas salió de la habitación, tosía bajo las sábanas mientras Sand organizaba el regreso a Francia. La factura de esa estancia incluye un detalle escalofriante: un cargo extra por “destrucción de un colchón”.

Según las precauciones sanitarias de la época, el gerente, temiendo que la enfermedad fuera contagiosa, ordenó quemarlo. Sand pagó sin rechistar, pero el gesto permanece: la cama de un genio, reducida a cenizas. Una placa en la fachada, colocada por el Ayuntamiento, recuerda su doble visita, y un pequeño Salón Chopin, con sillones y cuadros, rinde homenaje al compositor.

En 2010, en coincidencia con el 200 aniversario del nacimiento de Frederic Chopin, el Ayuntamiento fijó este pequeño recuerdo en la fachada.

Buffalo Bill y el espectáculo del Oeste

Décadas después, en 1889, el tono del hotel cambió con la llegada de Buffalo Bill. El legendario showman trajo su Wild West Show a una Barcelona en plena fiebre modernista: vaqueros, indios sioux y búfalos que hicieron vibrar la ciudad. William Cody, que había cazado bisontes y negociado con generales, eligió el Cuatro Naciones como base. Se le veía en el Paral·lel, brindando con cava y firmando autógrafos, convirtiendo el hotel en algo más que un refugio de élites.

Hoy, el Cuatro Naciones es un superviviente humilde. Sus 54 habitaciones, con balcones al bullicio de La Rambla, acogen a turistas jóvenes y parejas en escapadas de precios ajustados. El desayuno, con cafés, zumos y croissants, no rivaliza con los grandes hoteles, aunque el lugar es un pequeño museo: las paredes de las zonas comunes están llenas de recortes de prensa y fotos, como las firmadas por otros huéspedes conocidos como Albert Einstein, que durmió aquí en 1923 invitado por la comunidad científica, o Ulysses S. Grant, que buscó calma en la Barcelona de 1878 tras dejar la presidencia de Estados Unidos.

El edificio del Cuatro Naciones en 1889, año posterior a la Exposición Universal de Barcelona y casa barcelonesa de Buffalo Bill unos días. © Arxiu Municipal de Barcelona

La fachada, con detalles en hierro colado y dragones que sostenían la iluminación a gas, evoca su pasado señorial. El verdadero lujo del Cuatro Naciones está en su historia, en las camas donde durmieron genios y en los pasillos que recorrieron.

Cada dos viernes, Hoteles con Historia abrirá una nueva puerta: quizá sea con la pensión donde George Orwell se escondió durante la Guerra Civil, el palacete que guardó los versos de un poeta maldito, el salón donde Roger Moore sirvió cava al resto de compañeros de mesa, el hotel donde Picasso pintó sus primeras obras, el establecimiento donde los grandes nombres de la Fórmula 1 aterrizaban directamente en su patio trasero, o el bar donde Hemingway alzó su vaso por las causas perdidas. Son cápsulas del tiempo que aún laten en Barcelona. Hablaremos de ellas.

El Salón Chopin del hotel está lleno de recuerdos de otros tiempos lejanos y de esplendor.