“Tuvo una infancia difícil. Su padre, que era fogonero en el Montevideo, un barco de la Compañía Trasatlántica Española, murió cuando él tenía siete años. Su madre, que subsistía a base de pequeños trabajos, lo mandó a la escuela del asilo naval. Una fragata, la Tornado, donde los niños internos aprendían lo justo: a leer y escribir, y cosas relacionadas con la vida del mar ya que formaba futuros marineros”. Ferran Aisa es, posiblemente, el experto de referencia sobre la figura de Joan Salvat-Papasseit. Autor, junto con Mei Vidal, de las biografías L’home entusiasta (Virus) y la exhaustiva Joan Salvat-Papasseit 1894-1924 (Base), ha rescatado obra, documentación y correspondencia del poeta a través de diversos libros, exposiciones y conferencias, además de haber sido comisario del Any Papasseit en 2024 y un ferviente defensor de que se devuelva a la plaza Virrei Amat el nombre original con el que fue inaugurada en 1933: plaza Joan Salvat-Papasseit.
“A los 12 años salió del asilo y se puso a trabajar de lo que podía ---prosigue---: mozo de una tienda de alimentación, aprendiz de escultor, vigilante nocturno en los muelles… Pero era muy inquieto y un lector voraz”. La forja intelectual del poeta es completamente autodidacta. “Él ya visitaba con sus amigos todas las librerías de Santa Madrona y participaba en tertulias. Más adelante, se formó en el Ateneu Enciclopèdic Popular”. En esta asociación fundada en 1903, que acerca el conocimiento y el pensamiento crítico a las clases más desfavorecidas, Salvat se empapa de poesía, narrativa y filosofía, y descubre a sus grandes influencias, como Ibsen o Nietzsche.
“Era un héroe de la clase trabajadora, un tío que, viniendo desde muy abajo, siempre aspiró a ser un vanguardista, es decir, a ser de los primeros en todo. Y a serlo en base a una ética del trabajo, sin que nadie le regalara nada”. Àlex Pons es investigador, coleccionista, librero y coautor, junto a Àlex Darriba, de Joan Salvat-Papasseit, llibreter, editor, poeta. El libro propone un deslumbrante recorrido por la figura del poeta, haciendo hincapié en su bibliofilia ---que lo llevaría a trabajar de librero en las Galeries Laietanes, de la mano de Eugeni d’Ors--- y en su papel como aglutinador generacional cultural en un momento de modernización radical que redefine tanto las ideas como los procesos creativos en términos de reproductibilidad técnica.
En el contexto de un país a medio camino entre un elevado analfabetismo, la lucha social y una intelectualidad inquieta que sienta las bases del progreso, Salvat tiene prisa por aprender, por vivir, como si en su fuero interno supiera que está destinado a brillar con fulgor por muy poco tiempo. En El fet del dia d’ahir i d’avui, Joan Alavedra lo describe así: “Tenia una febre de lectures, una fúria de fer coses, un veritable deliri per actuar”.
Respirar y glosar el humo de fábrica
La Semana Trágica de 1909 inaugura el viaje ideológico de Salvat-Papasseit. En su niñez ha sido un ferviente católico, pero su insaciable apetito intelectual, y su amistad con figuras como Emili Eroles o Alavedra, lo acercan a posturas revolucionarias que se acaban de cuajar a través de sus lecturas y aprendizajes en el Ateneu.Empieza su etapa de militancia política a través de charlas, tertulias y un vehemente activismo antitaurino. Se convierte en bibliotecario del Ateneu y las lecturas se multiplican. Entre estas, descubre la obra de Máximo Gorki, con el que conecta de inmediato ya que también provenía de una familia muy pobre y se había quedado huérfano a una edad muy temprana. Los primeros escritos no tardan en llegar. “Se trata de artículos proletarios en revistas como Los Miserables, o La Justicia Social, que en homenaje a Gorki firma con el pseudónimo Gorkiano y que además de revolucionarios también tienen un gran contenido filosófico”, explica Ferran Aisa.
A través de esta producción periodística, que acabaría recogida en el libro Humo de fábrica, publicado en 1919, asistimos a las rápidas mutaciones de Salvat-Papasseit. En sus artículos lo vemos abogar por el socialismo internacionalista, por el anarquismo libertario, por Bakunin, por Gorki (claro) y, más adelante, por una deriva nacionalista fuertemente influenciada por su amigo Daniel Cardona. “Él es nietscheano y, como tal, se da cuenta que el amor y la guerra son los movimientos de unión y disgregación que hacen que el mundo evolucione”, matiza Àlex Pons.
De la militancia política a la artística
“Entrar a trabajar en las Galeries Laietanes es, para Salvat, como una segunda universidad que se suma al Ateneu Enciclopèdic”, razona Aisa. Nace así el librero, atento a las revistas de vanguardia que llegan desde Italia, Francia o Reino Unido, intelectualmente insaciable, que se trata de tú a tú con la flor y nata del pensamiento barcelonés, ante la que no se olvida de sus raíces proletarias. “Era la primera cara con la que se encontraba la gente que entraba en aquel espacio inmenso, donde convergían el arte, las antigüedades y las exposiciones”, añade Pons, que cita al Josep Pla de Homenots, recordando cómo Salvat epataba a la concurrencia con un ditirámbico discurso revolucionario, no siempre del gusto burgués de aquella audiencia noucentista.Este trabajo, en contacto con la intelectualidad, puede ayudar como clave de lectura para entender cómo Salvat reconduce su entusiasmo voraz, pasando de la militancia política a la artística. De los movimientos de vanguardia social a las formas de la vanguardia del arte. Un viaje ético estético para el que no se puede dejar de señalar su amistad con Joaquim Torres-Garcia y Rafael Barradas, artistas uruguayos afincados en Barcelona que fundan el vibracionismo, la versión catalana del futurismo con el que el italiano Marinetti y el francés Apollinaire sacuden las ideas de aquella Europa convulsa.
En 1917 lanza la revista Un Enemic del Poble, subtitulada “fulla de subversió espiritual”, donde publica sus aforismos y, a finales de ese año, publica su primer poema: Columna vertebral: sageta de foc. Un caligrama de marcado carácter futurista donde el autor juega con las palabras y las tipografías para ensalzar, en forma de manifiesto, una juventud dinámica, proyectada hacia un imparable movimiento ascendente. Puro futurismo.
Poetavanguardistacatalà
Guiado por su hambre de estímulos, de enarbolar la transformación artística del entorno, a partir de 1917 Joan Salvat-Papasseit se emplea en cuerpo y alma en su activismo poético. Colabora en diarios y revistas como La Columna de Foc o La Publicitat y, además de Un Enemic del Poble, publica el único número de Arc-Voltaic, con portada de Miró y colaboradores como Joaquim Torres-Garcia, que deja ahí consignado su Manifest Art-Evolució. Escribe poemas vanguardistas como 54045, Linòleum o El record d’una fuga de Bach, que acabarán recogidos en su primer poemario, Poemes en ondes hertzianes, al que siguen otros poemarios como L’irradiador del port i les gavines, El poema de La rosa als llavis (uno de los grandes poemarios eróticos de la literatura catalana) o Les conspiracions, donde da rienda suelta a sus ideas independentistas.Publica su manifiesto Contra els poetes en minúscula: primer manifest futurista català, que firma como Poetavanguardistacatalà, donde exhorta a los poetas “a ser futur, és a dir, immortals […] Poetes en majúscula… altius, valents, heroics i sobretot sincers”. Se codea con otros vanguardistas como Guillermo de Torre o el mismísimo Marinetti y su poesía recibe loas en revistas como la italiana Valori Plastici, la holandesa De Stjl o la francesa Revue de l’Époque. En Barcelona aglutina, agita y polemiza. Su amistad con JV Foix se trunca, mutando de una admiración y cariño mutuo a una animadversión sobre la que, ya en los años 40, el poeta de Sarrià se retractará reivindicando la importancia capital de la figura vanguardista de Salvat.
En 1920, viaja a París por encargo de las Galeries Laietanes. “Un viaje importante para alguien como él, que venía de clase baja, y que tiene la oportunidad de ir a aquella ciudad a comprar libros de vanguardia”, explica Aisa. “De ese viaje me encanta el poema Reflex número 2, que escribe mirando una mujer en el metro, disfrutando de ese momento, plasmando sus ruidos, la imagen de esa femme aux oranges, adentrándose en el terreno de la sinestesia que conocemos desde Rimbaud”, añade Pons. Ahí, en el epicentro de la Cité Lumière, Salvat es feliz.
Alma en llamas
Casado con Carme Eleuterio, que también entrará a trabajar en las Laietanes, Salvat tiene su primera hija, Salomé, en 1919, mismo año en que contrae una tuberculosis que marca su cuenta atrás. A partir de ahí, sus problemas de salud serán crónicos y constantes. En sus últimos años de vida, el poeta parece darse perfecta cuenta de las llamas que lo consumen. Si antes tenía prisa, ahora más. Si antes corría, ahora vuela. “Mai no he tingut fortuna ni mai la tindré però la joia és meva, perquè la sé sentir, professió de Poeta que soc. Segons la predicció la mort em prendrà amb foc, perquè un foc interior em consum”, escribe.Se encona en su postura independentista, “aunque no le falta valor para decir que el catalán es un pueblo cobarde”, razona Pons. Y escribe, mucho, todo lo posible, en catalán y castellano, en formas vanguardistas y clásicas, tratando de vivir todas las vidas que pueden caber en lo poco que le queda ya. Pero el 7 de agosto de 1924 la tuberculosis gana el último asalto. Tiene 30 años, pocos meses antes su segunda hija, Núria, ha fallecido con sólo dos años. Debajo de su almohada, guarda unos poemas que saldrán de forma póstuma en el volumen Óssa Menor, subtitulado “fi dels poemes d'avantguarda”. Cierre de un ciclo que, sin embargo, no inaugura el siguiente. Que sólo inaugura la incógnita de qué hubiese pasado si.
Las llamas se han apagado y ya sólo hay ceniza. Ha muerto el gran poeta vanguardista catalán del Siglo XX, el héroe con las manos manchadas de tinta y la pluma mojada en el corazón.
El bardo de Barcelona
“Holderlin dice que lo que perdura lo fundan los poetas, y yo interpreto esa frase como que la patria la fundan los poetas. Porque ¿qué sería Reino Unido sin Shakespeare? ¿Qué sería Alemania sin Rilke? ¿Qué sería España sin Cervantes? En Catalunya, en cambio, nos falta ese poeta. Al menos, el poeta del Siglo XX. El del XIX es Verdaguer, sin duda. Pero, ¿y el del siglo pasado? Unos dicen que Carles Riba y Josep Carner, por su precisión poética, su verbo y sus neologismos, y porque aparecieron sus poesías justo cuando se fraguaba el catalán normativo; otros dicen que Martí i Pol. Yo digo que es Joan Salvat-Papasseit”, reivindica Àlex Pons.El autor de Joan Salvat-Papasseit, llibreter, editor, poeta lamenta que, hoy en día, sea tan poco recordado, casi un desconocido. “Lo que no podemos ser es una nación, si no existe una mitología de uno de nuestros grandes poetas. Si sabemos toda la alineación del Barça, pero no recordamos al que fue el más cantado por la generación de la Nova Cançó”.
Ferran Aisa también atribuye una gran importancia a la canción catalana de autor de los años 60 a la hora de repescar la figura de Salvat. “Mi primer contacto con su obra fue una antología de poesía catalana que alguien se dejó olvidada en el Aurora, el bar que mi familia tenía en el barrio Chino. Tenía 15 años, la leí y me gustaron sus poemas. Y se quedó ahí, en algún lugar de mi cabeza, hasta que en una actuación de los Setze Jutges, en los años 60, salió Ovidi Montllor a cantar Nocturn per acordió y aquello volvió a reactivar mi interés por el poeta. Desde luego, la Nova Cançó hizo mucho por mantener vivo su recuerdo, junto a otras figuras como Jaume Fuster o su propia mujer, Carme, que lo siguió recordando y homenajeando hasta su muerte”.
Pese a que ya existe un passeig Joan Salvat-Papasseit en esa Barceloneta que el bardo vivió y glosó, la recuperación del nombre original de la plaza Virrei Amat es algo más que un homenaje o un acto de reparación histórica (el cambio de nombre tuvo lugar tras la victoria del bando sublevado en 1939). Es una manera de rescatar del olvido colectivo un nombre tan fundamental para entender el siglo pasado desde una perspectiva catalana y trabajadora.
El héroe que, partiendo de la nada, de forma completamente autodidacta, y en poco más de diez años, legó las palabras, ideas y versos que mejor definen nuestro carácter en aquel siglo trémulo, trágico y fascinante, donde convivieron, bailaron, copularon, las luces más refulgentes y las sombras más lóbregas de la condición humana.
