Entre la herencia de los grandes maestros y la vanguardia urbana

La mostra Realism26 al MEAM
La mostra Realism26 al MEAM

El MEAM de Barcelona inaugura REALISM 2026 | Figura y Tiempo, una ambiciosa muestra colectiva que reúne a más de cincuenta artistas internacionales

12 de febrero de 2026 a las 00:33h

"Amad el arte; entre todas las mentiras, es la menos mentirosa" es la cita de Gustave Flaubert que preside, como una advertencia silenciosa, la entrada a la nueva gran apuesta del Museo Europeo de Arte Moderno (MEAM) en Barcelona. REALISM 2026 | Figura y Tiempo no es solo una exposición; es un termómetro. Un intento de medir las pulsaciones de la figuración internacional en un momento donde la imagen —omnipresente, generada, filtrada— parece haber perdido su anclaje con lo físico.

La muestra, que se podrá visitar hasta el 17 de mayo, se despliega en las salas del Palacio Gomis como un mapa complejo y abigarrado de la figuración contemporánea internacional, reuniendo más de cincuenta voces que, bajo el paraguas del realismo, exploran las tensiones del cuerpo y la memoria. Lo que recibe al visitante es una sensación de desorden, un eclecticismo que, lejos de ser un error de comisariado, se percibe como una total y absoluta declaración de intenciones. Es un caos que, analizado bajo el prisma del 2026, funciona como una respuesta deliberada a un mundo saturado de sobreestímulos, donde la identidad se construye a través de fragmentos dispersos y narrativas cruzadas.

Es, en esencia, un salón contemporáneo que rinde tributo a aquellos Salones de París del siglo XIX, donde la mezcla de estilos y lenguajes personales convivía en un mismo espacio, obligando al ojo a saltar de una sensibilidad a otra sin red de seguridad. En el MEAM, este eclecticismo se convierte en una diapositiva del ahora, una muestra de que la buena salud de la figuración reside, precisamente, en su capacidad para abrazar la divergencia sin perder la coherencia del oficio.

La muestra es un salón contemporáneo que rinde tributo a aquellos Salones de París del siglo XIX.

A menudo se asocia el realismo con una búsqueda de la mímesis perfecta, una copia de la realidad. Pero lo que REALISM 2026 pone sobre la mesa es que la figuración no es un destino, sino un lenguaje. En esta selva de propuestas, el espectador se ve obligado a recalibrar su mirada constantemente, pasando de la meticulosidad del detalle a la potencia del gesto. Resulta revelador observar cómo la muestra se aleja de los aspavientos del arte prefabricado para reivindicar el valor intrínseco del tiempo humano.

No todo el mundo artístico necesita la abstracción para ser moderno; se puede ser realista y poseer un estilo disruptivo, y, sobre todo, honesto. La rebeldía hoy consiste, precisamente, en ser uno mismo en un mercado que insiste en perseguir la homogeneidad de las copias.

Dentro de este vasto mosaico de influencias y géneros, algunas piezas logran detener el ruido visual para establecer un diálogo directo con el espectador. Exit Music, de Sebas Velasco, destaca como una de las propuestas más magnéticas. Es una pintura nocturna que trasciende la técnica para situarse en una estética cercana a la editorial de moda actual o a la portada de un disco de música alternativa. Posee esa atmósfera cinematográfica y urbana que define el sentir de una generación. En su pincelada, el artista ancla un testimonio en su circunstancia física y emocional, capturando el ahora con una precisión que no necesita de hiperrealismos forzados.

REALISM 2026 pone sobre la mesa es que la figuración no es un destino, sino un lenguaje.

En un contraste de intención, pero no de calidad igualmente envolvente, encontramos Picnight de Diego Vallejo. La obra funciona como un registro casi íntimo; parece la fotografía azarosa que tomas a tus amigos durante un encuentro nocturno en el campo. Lo interesante de esta pieza es su capacidad para integrar al observador en un "campo ciego", haciéndole sentir que ocupa un lugar más dentro del cuadro. Aquí, la figuración se aleja de la pose académica para buscar una verdad cotidiana, una pausa en la línea continua del tiempo.

El recorrido por las salas también nos permite rastrear la huella de la historia del arte, recordándonos que el realismo es una montaña conocida que siempre alberga nuevos senderos. El Autorretrato de Martin Barbero se alza como un puente hacia la tradición española, con una inspiración que remite inevitablemente a la luz y la factura de Mariano Fortuny. Es un ejercicio de introspección donde la técnica se pone al servicio de la psicología del artista.

El recorregut per les sales també ens permet rastrejar la petjada de la història de l'art, recordant-nos que el realisme és una muntanya coneguda que sempre alberga nous camins.

Y, por otro lado, la tradición anglosajona tiene su espacio con Seasons: my son, my husband and my father-in-law de Frances Bell. Es un retrato clásico inglés en su sentido más puro; una obra que cumple con los cánones de la elegancia y la composición académica, ofreciendo un contrapunto de estabilidad frente a las propuestas más arriesgadas de la sala. Es la figuración como registro familiar y temporal, sin más pretensión que la de honrar el linaje y la forma.

La muestra coquetea con lo onírico en piezas como Abyss de Miles Johnston, cuya estética se aproxima a un surrealismo de corte magrittiano. Johnston juega en esa frontera liminar entre la realidad consciente y el inconsciente, recordándonos que el cuerpo es un gran símbolo, una caja de resonancia donde se almacenan vivencias y secretos que solo el arte puede ayudar a descifrar.

Uno de los momentos más interesantes del recorrido se produce en la contraposición de dos lienzos que comparten el protagonismo femenino. En uno, reina la calma del atardecer, con tonos cálidos, sombras suaves de árboles que acarician la piel, una quietud que invita a la contemplación perezosa. Justo al lado, el espectador es sacudido por un cuerpo desnudo capturado en una suerte de centrifugado de tonos fríos. Esta fuerza centrífuga, agresiva y gélida, rompe la paz de la obra contigua, creando un diálogo tenso que resume perfectamente la dualidad de la exposición, la convivencia entre la serenidad y el caos, entre la tradición y la ruptura. Hablamos de Drawn into shadows de Andrii Kateryniuk versus Photon de Jeremy Mann.

Sea como fuere, REALISM 2026 | Figura y Tiempo es una exposición que se percibe mejor desde la distancia corta, esa que obliga al espectador —como en el caso del hiperrealismo fotográfico presente en algunas salas— a mirar dos veces para distinguir la mancha de la realidad.

La figuración actual no es un bloque sólido, sino un archipiélago de sensibilidades que intentan sobrevivir a la inmediatez.

¿Es una muestra perfecta? Quizás su mayor virtud sea precisamente su imperfección, esa sensación de desorden y la amalgama de materias y géneros que pueden llegar a abrumar. Sin embargo, en esa falta de cohesión reside su mayor verdad. La figuración actual no es un bloque sólido, sino un archipiélago de sensibilidades que intentan sobrevivir a la inmediatez.

Al final, salimos del museo con la certeza de que, a pesar de las múltiples influencias y la saturación de estilos, el arte figurativo sigue siendo el lugar donde nos encontramos con lo que ya nos pertenece: nuestro cuerpo y nuestro tiempo. Un recordatorio de que, en la era de la IA, la mano humana sigue siendo el sismógrafo más preciso de nuestra existencia.

Etiquetas