"No empieza el verano hasta que no empieza Parking Shakespeare". Esta es una de las frases que el público ha hecho llegar a la compañía a lo largo de los años. Y este 2026, el lema se hace más real que nunca. A pesar de que el Parque de la Estación del Norte está parcialmente patas arriba por las obras, la colaboración del Ayuntamiento ha permitido blindar el recinto para una cita que ya es un ritual del verano.
Este jueves 9 de julio, Parking Shakespeare inicia su 17ª temporada y lo hace lanzándose a los extremos: después de llevar a escena la pieza más desconocida de Shakespeare el verano pasado (Cimbelino), ahora se atreven, por primera vez, con el clásico de los clásicos: Hamlet i les coses podrides.
El potencial cómico de la tragedia
A los de Parking Shakespeare les gustan los extremos. Si el verano pasado más de 5.000 personas llenaron el parque para descubrir Cimbelí, una de las piezas más desconocidas y minoritarias del dramaturgo inglés, este año dan un giro de 180 grados para centrarse en su texto más célebre. El espectáculo, de una hora y media de duración, utiliza la tragedia para reflexionar y analizar nuestro presente.
Roger Torns es el director de esta versión libre de Hamlet. Actor, dramaturgo, director formado en la escuela La Casona, graduado en el Institut del Teatre y vinculado al Obrador de la Sala Beckett y a su propia compañía Produït per H.I.I.I.T, no plantea una propuesta académica intocable; al contrario, ha reescrito todo el verso clásico para adaptar el ritmo y cambiar el orden de algunos pasajes.
Una versión que, a pesar de ser muy fiel a la historia, se ha bautizado con un título diferente para dejar clara su identidad: la versión de Torns pone el dedo en la llaga en la vigilancia constante del sistema patriarcal, un engranaje que sostiene una sociedad corrupta y enferma donde mostrarse vulnerable es un peligro.
Cuando empecé a revisar el clásico, me fue inevitable pensar en la herencia de la masculinidad hegemónica que domina nuestras acciones más cotidianas.
"Cuando empecé a revisar el clásico, me fue inevitable pensar en la herencia de la masculinidad hegemónica que domina nuestras acciones más cotidianas", reflexiona Torns. "Este discurso que tenemos incrustado, como si el personaje de una obra nos hubiera poseído, nos domina y nos ciega constantemente. En la obra es evidente que los jóvenes Hamlet, Ofelia y Laertes huyen, cada uno a su manera, para no seguir la estructura establecida, y luchan por deshacerse del rol impuesto."
La sinopsis nos sitúa en un punto de partida muy concreto: Horacio actúa como narrador y director de una compañía improvisada que reconstruye la historia para cumplir la última voluntad que su amigo Hamlet le pidió antes de morir: explicar su historia. En esta relectura, Hamlet ya no es el héroe perfecto: es un joven que no encaja en su mundo y es presionado por la herencia de la venganza y el poder.
"Siempre me he imaginado que Hamlet es un joven a quien le ha tocado ser hijo de Rey y que se ve presionado a seguir la tradición mafiosa de matarse entre unos y otros para mantener el poder y el privilegio", afirma el director.
En esta relectura, Hamlet ya no es el héroe perfecto: es un joven que no encaja en su mundo.
El patriarcado como prisión clásica: "Ofelia era la más sensata"
La adaptación de Torns quiere desenmascarar cómo la estructura patriarcal, obsesionada con el control y la vigilancia, alimenta una sociedad podrida que castiga la vulnerabilidad. Hablamos con dos de sus intérpretes, la actriz Ariadna Matas y el actor Roger Vilà, que se ha incorporado este año al elenco junto con Àngela Comana y Lluís Català a través de un casting abierto que buscaba nuevos talentos para la tragedia.
"Todos los personajes están encorsetados siguiendo una estructura hegemónica, que es lo que se espera de ellos dentro de este sistema patriarcal", reflexiona Ariadna Matas. Para ella, la obra es un reflejo directo de las dinámicas actuales: "Un entorno podrido donde Hamlet es el único que se detiene a reflexionar si realmente quiere continuar por aquí o no."
Esta presión social asfixia especialmente a personajes como Ofelia y el propio Hamlet, un inadaptado que perpetúa la tradición de violencia y venganza para no perder los privilegios del poder. Matas pone el acento en la relectura de Ofelia, un personaje históricamente maltratado por las puestas en escena:
"En muchas versiones clásicas siempre se ha descrito a Ofelia desde la condescendencia, diciendo 'pobrecita, estaba loca'. ¡Pero quizás era la más sensata de todos! Ofelia es una víctima de un entorno donde los hombres mandan, donde a ella no se le da ni voz ni voto y se la usa de títere para manipular a Hamlet. En esta versión se le da voz. Si acaba sufriendo el destino que todos conocemos es, precisamente, porque le es imposible salir de esta estructura tan cerrada. Ella es capaz de abandonar su personaje; es incluso más valiente que Hamlet."
Torns le da la vuelta al mito histórico de la locura de la protagonista femenina: "Siempre me he preguntado por qué se dice que Ofelia está loca, y hace poco me di cuenta de que nos habíamos equivocado profundamente. Ofelia no está loca sino que está tan decepcionada, tan triste y tan manipulada que no tiene otra escapatoria que el suicidio para huir de este mundo corrupto donde solo ha sido un objeto de compraventa".
Para el director, el gesto es de ruptura absoluta con el sistema: "Ofelia sí que es capaz de dejar de actuar, de abandonar su personaje. Incluso Ofelia es más valiente que Hamlet".
Actuar en el parque: El reto de los 360 grados
Una de las principales características de Parking Shakespeare es defender la filosofía anglosajona de representar al dramaturgo en parques públicos, sin escenografía, ni luces, ni equipos de sonido. Todo el peso de la tragedia recae en los cuerpos y las voces de los actores. El debutante Roger Vilà analiza el esfuerzo técnico que requiere este estilo teatral, especialmente cuando se llega al parque después de haber ensayado en la intimidad de una sala:
"En la sala de ensayo trabajas desde un lugar muy intimista, de confidencialidad, pero aquí todos los matices cogen otro cariz. El reto vocal es inmenso: tienes que conseguir que el espectador reciba un 'te quiero' en un tono íntimo, de confidencialidad, pero teniéndolo que proyectar prácticamente como un grito porque se tiene que audicionar igual en todas partes. Tienes que tener una conciencia absoluta de que el público te rodea a 360 grados y que también tienes que proyectar hacia atrás."
Además, las obras del parque no son el único elemento externo que convive con el espectáculo. Actuar en el espacio público implica romper con las reglas de un teatro convencional, donde el público se mantiene estático y protegido bajo techo. "Solo para entrar al escenario tienes que ir esquivando a la gente del parque, y eso ya te modifica el estado de ánimo a la hora de salir", confiesa Matas.
"La calle lo multiplica todo: de repente tienes veinte niños de campamentos de verano mirando, un perro que te cruza en medio de un monólogo, o un espectador que se ríe en tu cara o te contesta a media frase". Pero Vilà, nuevo en este tipo de teatro callejero, nos dice: "Cómo se modifica todo lo que habías ensayado desde el primer día hasta el último es un proceso mucho más exagerado y vivo. Yo tengo muchas ganas de encontrarme con estos imprevistos", explica con una gran sonrisa.
Un fenómeno teatral que traspasa el parque
El buen funcionamiento de la compañía les llevó en 2013 a crear Parking de Invierno (pasando de la comedia al drama y actuando en salas como la Beckett), y el pasado 2025 el Ayuntamiento les encargó La comèdia dels embolics,, una obra para la Mercè. Incluso este 2026 han sido invitados al Craiova International Shakespeare Festival para representar Cimbelí en catalán.
Es una invitación a la reflexión sobre lo que somos como sociedad, pero hecha desde la frescura, la ligereza y la proximidad de la calle.
Sentir el paso de los actores junto a tu silla, recibir un gesto de complicidad pidiendo paso entre el público o ver cómo se cambian de ropa a la vista de todos genera una conexión imposible de conseguir en un teatro cerrado. Y, este verano, volveremos a vivir esta magia del teatro al aire libre con Hamlet i les coses podrides, una obra que, tal como definen los intérpretes, "es una invitación a la reflexión sobre lo que somos como sociedad, pero hecha desde la frescura, la ligereza y la proximidad de la calle".
