¿Qué pueden tener en común Francisco de Goya y Gottfried Helnwein, dos artistas separados por más de dos siglos? A primera vista, casi nada: ni la época, ni el contexto, ni la geografía y ni siquiera los lenguajes artísticos. Pero ambos comparten una misma necesidad: representar la violencia y obligarnos a mirar, a través del arte, aquellos episodios que a menudo preferiríamos no ver. Goya lo hizo con los cerca de ochenta aguafuertes de Los desastres de la guerra, creados entre 1810 y 1816, en los que dejó constancia de la brutalidad del conflicto. Más de dos siglos después, Helnwein retoma este hilo con La guerra continúa, una serie iniciada en 2007 que pone el foco en la destrucción, la explotación y la violencia ejercida sobre la infancia.
El MEAM reúne ahora las obras de los dos artistas en un diálogo inédito que atraviesa el tiempo y el espacio y nos hace reflexionar también sobre la manera como consumimos las imágenes de la violencia. Porque el diálogo entre Goya y Helnwein no se limita a mostrar dos maneras de representar la guerra. Sus obras nos sitúan ante una misma pregunta: ¿cómo se puede representar el dolor sin que la violencia pierda su capacidad de conmovernos?
