Se ha dicho de La la land que es una película demasiado perfecta y un punto edulcorada, tanto en términos de guion como por las interpretaciones, fotografía, música… Y, sin embargo, al final se viene un hachazo que desmonta al más duro, al resquebrajar las expectativas del happy end que muchos deseamos para nuestras vidas. En un ejercicio de metaficción que fuerza al espectador a atender a sus propios anhelos, los protagonistas, sentados en butacas de cine frente a una pantalla, asisten a la proyección de la vida feliz que ya no podrá ser. Tanto más real se nos aparece ese amor en el espacio que habilita la imaginación ---lienzo semiconsciente desde el cual nos vemos como protagonistas de aquella su fantasía--- cuanto imposible de satisfacer. El “caso La la land” permite esbozar una explicación acerca de por qué una historia tan tópica como West Side Story todavía nos sacude.
El shock generado en el Liceu por la experiencia en versión concierto del musical, para el cual Leonard Bernstein compuso en 1957 un puñado de excelentes temas, fue tan manifiesto que ni tiempo se dejó a que el silencio permeara, tras los sutiles latidos de la percusión, con las flautas entonando el retorno de los amantes a una forma de vida inmaterial. Se precipitaron los aplausos, y Nadine Sierra no tardó en ser aclamada.
Es la cuarta producción del curso en la que actúa la soprano norteamericana, cuya impronta anticipaba su imagen como sonnambula en el frontispicio del libreto de la temporada ---que así concluye--- bajo el lema Perseguint un somni. Reina incontestable del escenario barcelonés por su carisma y magnetismo, poseedora de un timbre poderoso y matizado ---genuinamente simpática, además, en ruedas de prensa y en el trato personal---, se consagró como la “María” que todos esperábamos. Su inmersión en el rol fue sensacional, asombrosamente capacitada ---como siempre--- para dar vida a los personajes, para vibrar con ellos y habilitar en el espectador su propia vivencia emocional.
"Reina incontestable por su carisma y magnetismo, Nadine Sierra se confirmó como la María que el público del Liceu esperaba"Las dotes de Nadine Sierra como actriz redundaron una vez más en la belleza del canto, especialmente brillante en el autocelebrativo tema I feel pretty, que enriqueció con alguna que otra improvisación bien medida; muestras de una espontaneidad cautivadora, que apuntalan la verdad de lo cantado. Junto al Tony de Juan Diego Flórez crearon una pareja equilibrada, fiel al espíritu del musical y de la película, que como es sabido actualiza la tragedia shakespeariana. Quienes se enfrentan no son capuletos y montescos sino una banda de “locales” y otra formada por inmigrantes portorriqueños (filogenéticamente hablando, más autóctonos que aquéllos). Como en la mítica grabación de Bernstein con Carreras, quienes caracterizan a los personajes norteamericanos son, curiosamente, artistas latinos. El canto de Flórez, más contenido que el de la siempre-expansiva soprano, fue convincente en sus intervenciones solistas y también en los números grupales. Así, por ejemplo, en la polifónica “Tonight”, que reúne cosmovisiones enfrentadas y hace posible esa alquimia de la música ---su dimensión sensible-racional, semánticamente indecidible y al mismo tiempo abierta a una significación plural--- que Bernstein ya señalaba en la introducción a su divulgativa recopilación The Joy of Music.Jazz y humor en Romeo y JulietaA propósito del jazz, tan presente en West Side Story, el compositor valoró su calidad de intercambio creativo, en el curso del cual el intérprete se erige asimismo creador. Un género que promueve la libertad de expresión de forma jocosa, en diálogos potencialmente infinitos: “me encanta por su humor. Realmente juega [plays] con las notas. Siempre hablamos de tocar [play] música, un término que quizás se aplique mejor al tenis. Pero el jazz es el verdadero juego (…). Es, por lo tanto, entretenimiento en el sentido más auténtico”.
“El jazz abre un espacio-tiempo de excepción, en que el individuo experimenta la plenitud del momento a través del baile o el canto”Consciente de que algunos lo habían criticado por su cariz popular y supuestamente liviano, Bernstein valora la verdad que traslada con todo ---así, a la ligera--- aquel “entretenimiento”. Más que narcotizar a las masas, como creyó Theodor W. Adorno, abre un espacio-tiempo de excepción en que el individuo experimenta la plenitud del momento a través del baile o el canto; y con ello, posibilita el carnavalesco trueque o disolución de la identidad, propio de celebraciones ancestrales que ---como la participación en ficciones--- producen un efecto terapéutico.
“Ese amor en que hemos vivido pero que no puede ya ser, apunta al más allá: desquiciante o consolador, el caso es que tampoco puede dejar de ser”Atemporalidad y función del arte hoyEn la rueda de prensa previa al concierto, los artistas se habían referido a la atemporalidad de West Side Story, y al papel del arte en la plasmación de conflictos para su posible reparación, o cuando menos su concienciación social. Gustavo Dudamel, que la calificó de obra “icónica”, recordó que “se presta a dimensionarla a cualquier forma, se adapta a todos los momentos”, al tratarse de “una obra atemporal que se vive con la misma pasión en cualquier circunstancia” y especialmente si pensamos en el lugar en que se desarrolla, los Estados Unidos desde la perspectiva actual. West Side Story ---prosigue el maestro--- “muestra la piedra con la que el humano se choca continuamente”: la “lucha por un territorio”.
“¿A qué se debe la obcecación por el poder, por la posesión? Nos planteamos si no refleja la presencia de un conflicto sin resolver en el interior del propio individuo”Asumiendo la situación de crisis ---tras mencionar que, hoy en día, una proporción importante de personas en su país natal ignoran quién fue Bernstein--- la soprano se atrevió a mostrarse esperanzada al augurar una suerte de “Renaissance” en la música: “Creo que la necesitan, podría ayudar a gente en los Estados Unidos y en todo el mundo”.CodaWest Side Story es vigente en tanto que plasmación artística de un síntoma que afecta a todo ser humano, el del anhelo por volver a una plenitud nunca vivida pero que se recuerda y se proyecta en la persona del ser amado, gracias a la mediación del eros: principio divino habilitaría ese retorno a la unidad original. “Hold my hand and we’re half way there”, cantan los enamorados más completos en tanto que individuos al caminar juntos. No son solo ensoñaciones platónicas o ---modernamente hablando--- la enésima muestra de una nostalgia romántica, como la que tantas veces hemos hallado en Hölderlin.
