ENTREVISTA A GEMA GALDÓN

“Hasta que me pongo el sombrero, no soy yo”

La diseñadora Gemma Galdon por Àngel Bravo
La diseñadora Gemma Galdon por Àngel Bravo

27 de octubre de 2025 a las 18:37h

Gema Galdón es una de las almas creativas más inquietas y sorprendentes de la ciudad, no solo a raíz de su fama como diseñadora de sombreros, sino sobre todo por una inspiradora capacidad comunicativa.

Esta escultora del vacío o modista del aura tiene el taller en la calle Santa Teresa de Barcelona y, sin estridencias ni publicidad, su estilo ha captado la atención de personajes tan importantes como André Leon Talley, Woody Allen o Bill Cunningham. Galdón empieza con una aguja y un hilo, y todo el resto siempre acaba siendo magia.

--- Veo a San Pancracio, no veo a Santa Catalina. ¿Dónde la tienes?

--- La patrona de los sombrereros y de las solteras en búsqueda del amor verdadero. Está abajo, en la entrada, lo que pasa es que vas distraído y no lo has visto.

--- Las Catherinettes.

--- Ahí empezó todo, cuando empecé a hacer sombreros para mí misma. Ahora que he evolucionado hacia la Hat Gallery, todavía guardo el cuadro. Me lo encontré por la calle, no lo fui a buscar. Como tantas cosas, que aparecen cuando dejas de buscarlas. Esta Santa Catalina estaba en la calle, por una inundación que había sufrido una cochera. Habían sacado los trastos fuera, Y me acerqué de tan bonita que era. No sabía que era una Santa Catalina. Y cuando lo leí, en letra muy pequeña, la cogí.

--- ¿Qué es un sombrero, para ti?

--- Un sombrero redimensiona a una persona. La puede hacer más alta, la puede hacer visualmente más ancha, la puede hacer visualmente más triste, más invisible... Tiene un poder que otras piezas no tienen. A ver, yo trabajo el espacio, pero desde muchas perspectivas. Y el sombrero es una pieza muy tridimensional. Lo equiparable sería un zapato.

--- ¿Un zapato?

--- Claro. El zapato empieza por abajo, el sombrero empieza por arriba... Por lo tanto, es como si fuera un zapato en la cabeza.

--- Curiosa imagen.

--- Es que todas las otras piezas son bidimensionales.

--- Son ropa, está claro. Papeles, tejido.

--- Y esto es un objeto. A mí no me gusta la palabra ornamento, porque es como algo que sobra. Pero sí que me gusta decir que es un toque. No es un sombrero, es un toque. Como ponerse una joya, como ponerse algo que crea distinción y que hace especial lo que quieres decir de tú misma. Yo, por ejemplo, hasta que me pongo el sombrero, no soy yo.

--- O una versión de ti.

--- Hay muchas Gemas. Hay la del taller, que has visto antes mientras hablaba por teléfono con un cliente, o Gema de Instagram, que todo el mundo dice que es más alta, o la del Liceu, que va con unas piezas muy concretas, y después la Gema normal, que va siempre con piezas algo más invisibles.

--- ¿La persona da personalidad al sombrero, o es al revés?

--- Mira: yo, cuando entra una persona aquí, ya sé qué sombrero será para ella. Aunque no lo tenga. No lo tengo y ya sé cuál es. Y quizás la persona me dirá que no, que se quiere probar otro. Yo le diré que de acuerdo, para no asustarla. Y tengo unas tres oportunidades para enamorarla del que realmente le corresponde: a la primera, dirá que quizás nos hemos equivocado. A la segunda, se pondrá un poco nervioso. A la tercera, se verá ya ridículo. Y dará el paso de probarse el que le aconsejo.

"Un sombrero redimensiona a una persona (...). Es cómo si fuera un zapato en la cabeza"
--- ¿Te cambia la personalidad, cuando te pones un sombrero?

--- Sí. Ahora, si me lo quito, de repente, estoy de pijama. En cambio, me lo vuelvo a poner y, aunque no me hubiera pintado los ojos ni nada, me cambia la cara. Cambian las facciones, es otra historia, me encuentro distinta. Además que, como decía, un sombrero puede ser muy invisible. De hecho, cuando los famosos van a un aeropuerto y quieren pasar desapercibidos, lo primero que hacen es ponerse un sombrero y unas gafas.

--- Es todo un lenguaje.

--- Un sombrero es un verbo. Hay verbos fuertes, hay verbos dulces... Este que de la mesa, por ejemplo, lo he hecho para que una persona con quimioterapia se pueda peinar.

--- ¿Peinar?

--- Sí, si lo cambias de posición, o de forma, es como peinarse. No solo cubrirse la cabeza. Habrá días que estará muy animada y se lo subirá muy hacia arriba, habrá días que se encontrará fatal y se lo pondrá todo hacia abajo... Es también darle juego a la persona. Hay piezas que, por ejemplo, no tienen parte de delante y de atrás.

--- Tú llegas a este mundo bastante por casualidad.

--- Siempre, todo. Es que yo empiezo haciendo cosas para mí. Llegué a Barcelona como turista. Quería hacer muchas cosas, y mi plan era el mundo del lujo, trabajar para grandes marcas... Pero no salió. Y después el camino va definiéndose, porque una cosa es lo que uno quiere y la otra es cómo todo va moviéndose.

"Yo empiezo siempre algo haciendo una maqueta absurda, que no tiene sentido"
--- ¿Qué quieres decir, que lo hacías para ti?

--- Yo ya llevaba sombreros, me los hacía para mí, tenía una boda de muy alto nivel y yo no tenía las condiciones económicas para vestir a la altura. Pero sí que sabía lo que tenía que tener un sombrero high level. Y lo construí yo. A partir de aquí me salió una clienta, de esta clienta salieron dos, y así es como funcionan muchas veces las cosas.

--- Tu materia prima son materiales en desuso, reciclados, segunda mano, tercera mano, contenedores...

--- Siempre. Sí. Voy a lugares y pienso que encontraré muchas cosas, porque son lugares donde pongo toda la intención, pero a menudo no encuentro lo que en mí me gustaría, y lo que sí que hago es llevármelo, aunque no me guste. Entonces lo trituro, y hago mi tejido.

--- De las maquetas haces piezas únicas.

--- Tengo que tener siempre la sensación de probar y de explorar. Hay piezas que hace tres años que están aquí en el taller y que no bajarán nunca, o que de momento no tienen que bajar. Y un día la cosa hace clic y simplemente se produce un cambio, y ya funciona. Yo empiezo siempre haciendo algo con una maqueta absurda, que no tiene sentido. Y me encallo, y vuelvo a probar, y vuelvo a probar... Y, a veces, es levantarte el día siguiente y ver que la solución estaba ante mí y no la había visto.

--- Háblanos de tu relación con André Leon Talley.

--- Yo no lo buscaba, ni él buscaba encontrarme, nos encontramos en condiciones muuy... random, en la 080. Le gustó la blusa que yo llevaba, que era de mi abuela (el sombrero era muy invisible). Lo que él vio fue la blusa, y después el sombrero.

--- Eres conocida, pero, a la vez, se te tiene que conocer para saber dónde encontrarte.

--- No tengo cartel, no hago publicidad. Sí que he sido figurinista en películas americanas, he trabajado para gente superimportante, pero nadie se queda a ver los créditos de las películas.

--- En el siglo XXI, ¿en qué ocasiones una persona se pone sombrero? ¿Y qué tipo de persona?

--- Cualquiera. Tú.

--- Yo no. O nunca lo he hecho.

--- Yo no vendo a turistas o, en todo caso, son una minoría. Los clientes son gente de Barcelona.

"Solo hago piezas únicas. Es como pedir a un pintor que vuelva a pintar el mismo cuadro"
--- ¿Para ocasiones especiales?

--- No. Para llevar. Como un zapato. Evidentemente, hay gente que empieza de cero, que se ha acabado habituando, y después es uno detrás de otro. Para mí, esto es mágico.

--- No sé si quieres explicar también la historia del sombrero que fue subastado en Christie’s como si fuera una escultura.

--- Lo tenía el André Leon Talley, y al morir se pensaron que era una escultura. Porque estaba en la mesilla de noche. Me sorprendió que estuviera tan usado, tan vivido. Y me llamaron pensando que es una escultura. Allá había un Andy Warhol, un Bob Colacello, muchos Mapplethorpe...

--- ¿Te puedo preguntar el precio?

--- Se vendió por 6.993 dólares. A partir de entonces, la gente me ha pedido réplicas, pero no puedo hacerlas. Solo hago piezas únicas. Es como pedir a un pintor que vuelva a pintar el mismo cuadro.

--- ¿A ti te han copiado?

--- Sí, mucho.

--- ¿Y qué haces, entonces?

--- Me aguanto. No registro cada pieza. Eso sí, he restringido las fotos en las redes.

--- ¿Cuál es tu mensaje sobre la actitud creativa?

--- Yo querría decir a todo el mundo que expliquen algo personal. Que en las cosas dicen que tienes que poner el corazón, pero no: tienes que poner el cuerpo, el corazón, el hígado, el pulmón... Lo tienes que poner todo, angustiarte mucho, llorar... Es lo que quiero que haga la gente. Y de hecho, es la única manera de volver a levantar Barcelona.

--- No limitarse a sobrevivir.

--- Hay meses que me ha tocado sobrevivir, ¿eh? Cómo todo el mundo. Pero lo hago a partir de una personalidad propia, de un trazo propio, y esto pide pulir mucho la intuición. Cuando me he equivocado, sabía que la intuición me estaba diciendo que me estaba equivocando. La intuición es lo que nos hace ir por el buen camino. Aunque te digan que vayas por otro.

--- Aunque tengas que bajar la persiana.

--- No pasa nada por bajar la persiana. Lo he hecho muchas veces. Bajar la persiana no es malo, al contrario: indica una ambición. Cuando ya te has puesto tu límite, superarlo. Hacer una cosa diferente. Y sí, entonces, bajar la persiana. Por eso tengo que aprovechar todo lo que tengo hoy, mis horas de hoy, el material que tengo hoy, para hacer piezas. Porque mañana no sé si estaré aquí.

--- ¿Dónde estarás? ¿En París? ¿En Nueva York?

--- Yo he tenido muchas oportunidades de estar en Madrid. Habría tenido una vida mucho más fácil, pero sabía que no entenderían el que yo hacía. Aquí en Barcelona, hablamos el mismo lenguaje.

--- ¿Barcelona lo está perdiendo, este lenguaje?

--- Son muchas cosas. No podemos limitarnos a decir a los transeúntes por qué no compran, por qué van a Amazon... Es el factor de las calles. Yo me pasé dos años con andamios aquí delante, son los precios del alquiler... Son muchos factores que hacen que la gente, al final, no pueda resistirlo. Por eso, cuando digo que tienes que poner el corazón, tienes que ponerlo todo, tienes que poner el pulmón, y es porque, a veces y a pesar del éxito, yo no he vendido ni una pieza en todo el mes. Yo habría podido vender la marca a un gran grupo, pero no era mi meta. A mí me apetece estar aquí haciendo lo que hago para la gente que me entiende. Aquí.