EL BAR DEL POST

Francesca Coll: Arropada por una dulce soledad

La escritora Francesca Coll
La escritora Francesca Coll

11 de mayo de 2026 a las 12:07h

Las notas de la versión del Only the lonely de Aretha Franklin se apropian del Bar. Francesca Coll cierra los ojos. Sorbe un trago de Estrella. La luz del mediodía se filtra por las cristaleras, y sonríe. “Desde siempre me gusta la soledad, el aislamiento, estar conmigo misma”, reflexiona la escritora y pintora. Y una forma de sumergirse en esa soledad deseada, articulada a través de un mundo privado amplio y mágico, es escribir. “Eso es algo que ya hacía de niña: escribir para dejar de ser yo”. Lo sigue haciendo ahora, tantos años después, sin perder nunca la perspectiva lúdica del asunto.

“Fui madre muy joven, mis hijos tienen ahora 31 y 27 años, así que durante muchos años mis prioridades fueron otras”, explica. Hasta los 40, no volvió a ser dueña de su tiempo, con los chicos ya mayores y un divorcio que le cambió las coordenadas –“pasé de una casa cerca de un bosque, en mi Sant Quirze natal, a vivir en un apartamento en Sabadell”– y, sobre todo, le hizo preguntarse quién quería ser y, en consecuencia, qué quería hacer.

Aquel fue el detonante. Escribir y pintar. Volver a conectar con el dulce abrazo de una soledad que le permitía asomarse a los mundos que tenía dentro. “Me apunté a una escuela de escritura para ir afinando mi técnica”, recuerda. Y se fue curtiendo con la escritura de relatos que exploraban en la intimidad de aquel universo personal.

--- ¿No piensas en la posibilidad de publicar esos relatos?

La escritora esboza una sonrisa mientras niega con la cabeza. “Yo soy muy crítica con lo que escribo. Y, aunque esas narraciones me gustan, si me planteara darles salida tendría que pulirlas y trabajarlas mucho, mucho más”. Todo tiene que ser exacto, cada palabra, cada concepto, cada noción. La pulsión obsesiva de todo escritor que, en su caso, se ve acentuada por el Asperger que tiene diagnosticado.

Dar sentido a 20 años de incoherencias

Con lo que sí ha visto satisfechas Francesca Coll sus expectativas literarias es con su novela de debut, la recién publicada Vint anys de silenci (AlRevés), una ficción basada en el mediático caso del crimen de la bibliotecaria Helena Jubany, que tuvo lugar en 2001, planteada en forma de novela enigma deudora del legado de su adorada Agatha Christie. Imposible, de hecho, no pensar en Hércules Poirot cuando el lector se cruza con el detective belga Pirot, protagonista de esta obra durante la escritura de la cual Francesca llegó a contactar con el hermano de Helena, Joan.

“Con este relato creo que he encontrado el terreno literario en el que quiero profundizar, el de ficcionar crímenes reales”, explica la autora, que confiesa que el trabajo de “haber tratado de dar un sentido a las incoherencias y rompecabezas que plantea este caso desde la ficción, desde el hecho de estar a solas con unos hechos y mi imaginación” tiene algo de terapéutico. “Me he sentido muy cómoda haciéndolo”.

Pero hay algo más. Como toda buena novela negra, el libro revela más de lo que explica. Todo lo que hay detrás de un hecho delictivo y que expresa lo que, como sociedad, como colectividad, somos. El encarnizamiento que no se limita sólo al crimen en sí, sino en mucho de ese paisaje humano que lo rodea y contextualiza. Que lo hace posible.

--- Entonces, ¿habrá más?

La escritora asiente. “Sí, estoy estudiando otros casos más o menos mediáticos, con la idea de novelizarlos”, anuncia.

Ciudad de sombras

“No puedo con el tránsito de Barcelona”, protesta. La parroquiana está de paso en la ciudad, donde viene desde Sabadell en coche, a salvo de las aglomeraciones y retrasos de trenes y autobuses, pero a merced de las caravanas.

Eso sí, una vez aquí, se siente a gusto. “Es una ciudad hermosamente multicultural, llena de contrastes y matices, llena de sombras, en cuyas calles puede tener lugar cualquier historia, puede caminar cualquier tipo de personaje”, observa, con perspectiva literaria, antes de terminarse la cerveza y sacar su paquete de Winston para salir a la terraza a fumar.

--- Lo que también es posible todavía en Barcelona, es comer bien y a un precio aceptable. Al menos, en este Bar. Se acerca la hora de comer y quizás se te pueda tentar con algo…

Es un espléndido día de sol. Don’t let me lose this dream de Aretha suena de fondo. Francesca Coll se anima.

“¿Qué tenéis de menú?”, pregunta. Y tras unos segundos advierte: “Y que tenga un buen postre, que yo soy de dulce”. Todo ello dice, sin perder la sonrisa.