Cuando llegó a la Clariana de Glòries, tardó unos segundos en entender qué era lo que le resultaba extraño.
No era la Torre Glòries brillando al fondo. Ni la gente leyendo sobre el césped. Ni aquellas personas regresando de un congreso. Ni los niños corriendo entre árboles recién crecidos.
Eran los pájaros.
Recordó que, años atrás, aquel lugar era solo tráfico, humo y prisas. Ahora, en cambio, había suficiente silencio como para que los pájaros regresaran. Y personas que se quedaban allí sin mirar la hora.
Mientras caminaba, pensó que Barcelona siempre había tenido ese talento: transformarse sin dejar de ser ella misma. Quizá por eso la ciudad lleva más de un siglo explicándose al mundo. La Sociedad de Atracción de Forasteros ya lo intuía en 1908.
Y mientras los pájaros cruzaban el cielo de Glòries, entendió que hay ciudades que no solo se visitan: hay ciudades que, cuando las compartes, todavía crecen un poco más.
INFORMACIÓN
Ilustración: Laufer Ilustración
Texto: The New Barcelona Post
Título: “Eran los pájaros”
Contacto: https://www.lauferilustracion.com/