El nuevo gran cruce cultural

Render de la futura fachada del Museu Carmen Thyssen
Render de la futura fachada del Museu Carmen Thyssen

Las cuatro esquinas de Gran Via con paseo de Gràcia cobrará nueva vida con el Museu Carmen Thyssen

19 de febrero de 2026 a las 00:17h

El antiguo cine Comedia, en la esquina Llobregat-montaña del cruce de la Gran Via con el paseo de Gràcia, se convertirá en un futuro próximo en el Museu Carmen Thyssen, en el que se expondrá la colección privada de la baronesa y donde tendrán lugar, también, otros acontecimientos culturales. De momento, el proyecto ya ha entrado en el Ayuntamiento de Barcelona a la espera de su revisión definitiva y la votación en el pleno, tras un debate que promete.

El museo se erigirá en un punto de gran trascendencia por su centralidad. Se trata del cruce más importante del Eixample, en el que precisamente se está estudiando instalar el monumento a Ildefons Cerdà; una deuda centenaria con un ingeniero que cambió para siempre el urbanismo de Barcelona, pero que ha sufrido un ostracismo porque la burguesía de esta ciudad sintió como una gran agresión que su proyecto fuera impuesto a mediados del siglos XIX por el ministerio y se descartara el de Antoni Rovira i Trias, más clásico, radial, al estilo del de París y que ganó el concurso convocado por el ayuntamiento. El de Cerdà era más revolucionario, higienista y de largo recorrido para una ciudad que se había librado por fin de la opresión de sus murallas e iba a conquistar el llano y el mundo.

Aunque el tiempo ha dado la razón al ingeniero de Centelles y hoy el Eixample es una de las grandes señas de identidad de Barcelona en el mundo, la sociedad civil de la época lo vivió muy mal. Incluso un arquitecto del prestigio de Puig i Cadafalch llegó a decir que el diseño en cuadrícula y amplias calles perpendiculares estaba pensado para la represión, para el buen funcionamiento de las ametralladoras. El castigo fue que Cerdà no tenga a día de hoy todavía un monumento que le recuerde. Ahora, por fin, parece que se va a subsanar.

"Fueron los años de oro del modernismo que tantas obras inmortales dejó muy cerca precisamente del Comedia"
El homenaje a Cerdà va a convivir con el Museu Carmen Thyssen, y lo cierto es que todo va a encajar, porque el relato de la colección que va a albergar va a coincidir con la época en que se desarrolló el Eixample. Las obras que se expondrán abarcarán un periodo entre el derribo de las murallas y los años 20 del pasado siglo, momento de una gran explosión creativa, cultural, arquitectónica e industrial. Fueron los años de oro del modernismo que tantas obras inmortales dejó muy cerca precisamente del Comedia, en un paseo de Gràcia en el que las grandes familias competían por tener el mejor y más espectacular edificio. La Pedrera, la Casa Batlló, la Casa Amatller, la Lleó Morera, la manzana de la discordia, Gaudí, Domènech i Montaner, Puig i Cadafalch.

Cruce entre paseo de Gràcia y Gran Via, con el edificio que albergará el Museu Carmen Thyssen

Antes que cine, el Comedia fue el Palau Marcet, la residencia del empresario y político Frederic Marcet, que lo mandó erigir entre 1887 y 1890. Estuvo habitado hasta su muerte en 1935. Entonces, el emprendedor Josep Maria Padró propuso convertirlo en teatro, pero la guerra civil aplazó su apertura hasta 1941. Para levantar el telón, se escogió la obra Aves y pájaros, de Jacinto Benavente.

La crisis del sector teatral llevó a reconvertirlo en cine a finales de la década de 1950. Y en abril de 1960, en la nueva pantalla, se proyectó el thriller Un grito en la niebla, protagonizada por la entonces gran estrella Doris Day. Años después, el cine se acogió al nuevo modelo de las multisalas. Primero tres, y después cinco, que todavía siguen ahí, con sus butacas y sus proyectores intactos. El cine cerró definitivamente en el 2024.

Han pasado años y distintas reformas. Del palacio original no queda nada. Ni del teatro. La reconversión en multicine se llevó por delante todo el interior. Solo quedó la fachada. Al menos, se restauraron las cubiertas, reponiendo las tejas en forma de escamas según eran las del Palau Marcet. Ahora, en el interior resisten solo los vestigios del histórico cine Comedia. Aún, en la puerta principal se anuncian Los juegos del hambre y A fuego lento, unas de las últimas películas exhibidas. También se mantienen tres de los cuatro comercios que se instalaron en los bajos. Uno, que era una zapatería, cerró hace ya un tiempo para no volver a abrir. El resto cerrará cuando venzan los respectivos contratos de alquiler.

El fondo Stoneweg es el nuevo propietario y el que gestiona su reconversión en museo. Están especializados en operaciones culturales. Son los responsables de que el Palau Martorell, en la calle Ample, sea ahora un centro de exposiciones en el que hoy puede contemplarse una muestra de cuadros de Sorolla. También tiene en marcha convertir la antigua fábrica Godó i Trias, en L’Hospitalet, en un equipamiento cultural.

Interior del edificio

Entre las obras que se podrán admirar en el futuro museo, habrá lienzos de Ramon Casas, Santiago Rusiñol, Joaquim Mir e Isidre Nonell. Un nuevo edificio emergerá por detrás de la fachada del antiguo cine y palacio. La intención de los arquitectos es que se confunda con el cielo. Dentro se organizarán las exposiciones temporales. Una librería, una tienda de arte y un restaurante interior completarán la oferta.

El Museu Carmen Thyssen llegará en un momento en que los museos de la ciudad están escribiendo un nuevo capítulo. El MNAC y el Macba se van a ampliar, y la Fundació Miró, ante la imposibilidad de crecer, va a reabrir el Jardí dels Xiprers. Será el primer museo con refugio climático en su recorrido expositivo.

El cruce de Gran Via con Paseo de Gràcia va a adquirir pronto una nueva notoriedad. El Museu Carmen Thyssen, el monumento a Cerdà y alguna otra posible sorpresa lo convertirán en algo más que un conjunto de cuatro semáforos de paso con muy poco interés, que es lo que es ahora.

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