Gina Ventós dirige la Fundación Ernesto Ventós, nacida del legado singular de su padre, perfumista, coleccionista y artista. Con sede en Barcelona pero proyección internacional, la Fundación impulsa el arte olfativo como herramienta educativa, artística y sensorial.
Desde becas y exposiciones hasta alianzas con marcas como Cupra, el proyecto crece con una vocación clara: convertir el olfato en un lenguaje universal. Hablamos con Gina Ventós sobre memoria, arte y futuro, en un mundo que cada vez valora más lo que no se ve pero sí se huele.
--- ¿Qué es la Fundación Ernesto Ventós y cómo nació?
--- La fundación tiene cinco años y medio, desde la muerte de su fundador, Ernesto Ventós, mi padre. Se constituyó con la misión de utilizar el arte, la educación y la filantropía para dar a conocer una forma de percibir el mundo a través del olfato. Ernesto sentó las bases de este proyecto y, desde su muerte, nos dedicamos a continuar su legado: difundir sus dos grandes pasiones, el olfato y el arte, mediante exposiciones, préstamos de obras, talleres y colaboraciones con instituciones.
--- ¿Cuál era exactamente el vínculo de Ernesto Ventós con el mundo de las esencias y el arte?
--- Él venía del mundo de las esencias, de la perfumería, pero también era coleccionista de arte contemporáneo. Creó una colección muy singular, llamada olorVISUAL, formada por obras que escogía en función de lo que le evocaban olfativamente. Siempre decía: “Esta obra me huele”. Luego pedía a los artistas que escribieran un texto sobre qué olor les sugería la pieza. Finalmente, él añadía una fragancia concreta y así cerraba el ciclo perceptivo.
--- ¿Esta colección sigue viva?
--- La fundación se dedica a difundir ese legado a través de exposiciones, pero también impulsa proyectos nuevos. Otorgamos premios, becas y producciones, siempre relacionados con el olfato. Recientemente hemos concedido tres becas y una producción para la Bienal de Helsinki, en la que participa un artista que trabaja directamente con la naturaleza y el olor.
--- ¿El interés por el olfato venía de algún aspecto personal de Ernesto?
--- Sí. Mi padre era sordo, no mudo, como se dice a menudo de forma incorrecta. Hablaba, pero escuchaba leyendo los labios o mediante lengua de signos. Al carecer de este sentido, desarrolló de forma excepcional el del olfato. Y además, se dedicó profesionalmente a ello. Era un caso único: perfumista, coleccionista y artista. Un perfil irrepetible.
--- ¿Él mismo creó la Fundación contigo?
--- Sí. La fundamos juntos en agosto de 2019, y pocos meses después, el uno de enero, falleció. Ya lo teníamos todo hablado y planificado. Lo que hacemos ahora es ampliar su visión, hacer crecer el proyecto, abrirlo a nuevos horizontes y sistematizar todo lo que él hacía de una manera muy personal e intuitiva.
--- Habéis colaborado recientemente con Cupra. ¿En qué consiste ese proyecto?
--- Después de un año y medio de trabajo, ganamos un concurso para desarrollar una fragancia propia para sus más de 1.500 tiendas repartidas por el mundo. Es una marca que apuesta mucho por la cultura y la innovación, y nuestro enfoque, basado en el storytelling y la sensibilidad artística, encajó mejor que el de empresas más convencionales. Además, también nos apoyarán en proyectos artísticos y culturales.
--- ¿Qué papel juega la filantropía en la Fundación?
--- Ernesto siempre quiso devolver al mundo aquello que había recibido: el privilegio de nacer en una familia vinculada al mundo de las esencias. Por eso, además del arte y las exposiciones, impulsamos becas, premios y talleres olfativos, también en colaboración con fundaciones para personas con discapacidad. Además, una parte de su obra artística la desarrollaba con artesanos, muchos de ellos sordos. Se generaba una conexión especial, una comunicación más íntima.
--- ¿También habéis iniciado una línea de merchandising?
--- Como nuestro artesano principal se ha jubilado, estamos empezando a externalizar la producción de algunas piezas a través de fundaciones. Queremos mantener viva esa vertiente, pero ahora desde una estructura más consolidada. No es un área de negocio en el sentido clásico, pero sí una forma de sostener la Fundación y seguir difundiendo su identidad.
--- Habéis organizado un evento llamado Anosmia. ¿De qué se trata?
--- Tuvo lugar el 27 de febrero en la Colònia Güell, con gran éxito de asistencia. Reunimos a siete figuras destacadas del mundo de las esencias ---perfumistas, científicos, chefs, médicos--- para hablar sobre la pérdida del sentido del olfato. Queremos repetirlo cada dos años. La próxima edición ya cuenta con la participación de una experta italiana que trabaja con militares para desensibilizarlos ante ciertos olores en contextos de guerra. Es un tema fascinante.
--- Como hija de Ernesto, ¿qué crees que has heredado más: el gusto artístico o el olfativo?
--- Sin duda, el gusto artístico. Desde pequeños, mi padre nos llevaba a museos, galerías, nos presentaba a artistas… Era parte de nuestra vida cotidiana. También nos hacía probar olores y nos preguntaba si nos gustaban o no. Todo eso nos educó el gusto y el olfato de una forma muy viva.
--- La Fundación parece tener una vocación internacional creciente.
--- Sí, claramente. Estamos presentes en proyectos como la Bienal de Helsinki, en exposiciones como los Veranos de la Villaen Madrid, y mantenemos contactos con museos e instituciones de todo el mundo. También desarrollamos becas de arte olfativo con una mirada internacional. La idea es consolidar esa línea y seguir expandiendo el legado de Ernesto por el mundo.
--- ¿Habéis llegado a definir el olor de Barcelona?
--- De hecho, sí. Hicimos una exposición en la Fundación Setba con una ruta olfativa por siete rincones emblemáticos de la ciudad: la Boqueria, el cementerio, el mar, la montaña… En cada lugar había un olor específico. No la hemos replicado, pero tuvo mucho eco. Y hoy mismo nos han pedido desarrollar el olor de la hierba recién cortada para una nueva exposición.
--- ¿Qué te gustaría que fuera la Fundación dentro de diez años?
--- Una referencia internacional en arte olfativo, capaz de continuar el legado de Ernesto con rigor y sensibilidad, y a la vez abierta a nuevos lenguajes, formatos y comunidades. Y, sobre todo, una Fundación viva, que toque a las personas, literalmente, a través de la nariz.
