Dan*na, el bioplástico catalán que quiere revolucionar el futuro de la electrónica

Xavier Marin, CEO de Dan*na
Xavier Marin, CEO de Dan*na

La 'startup', con sede en el Parc Científic de Barcelona, ha iniciado la producción del PLH, un material biodegradable apto para aplicaciones tan exigentes como la medicina, los dispositivos móviles o la cosmética. Con el objetivo de fabricar más de 300 toneladas anuales en el parque químico de Alemania, la previsión es superar el medio millón de euros en ventas durante 2026.

10 de diciembre de 2025 a las 00:46h

Cuando se imagina un futuro sostenible, a menudo se piensa en un mundo sin plásticos. Sin embargo, aunque ese horizonte es deseable, no es realista. “Los plásticos, por ahora, no pueden desaparecer porque están omnipresentes en la sociedad contemporánea”, asegura Xavier Marín, consejero delegado de Dan*na. En un mundo cada vez más tecnológico —con dispositivos como tabletas, móviles u ordenadores fabricados a partir de estos componentes—, los plásticos siguen siendo imprescindibles. “No podemos prescindir de los plásticos, pero sí podemos avanzar hacia un modelo más sostenible”, insiste Marín. De hecho, de los más de 400 millones de toneladas de plástico que se producen anualmente, menos de un 2% proceden de materiales biodegradables, ya que la gran mayoría sigue siendo derivados de materiales fósiles como el petróleo.

Dan*na quiere contribuir precisamente a cambiar este modelo. La startup, ubicada en el Parc Científic de Barcelona (PCB), ha desarrollado el copoliéster PLH, considerado uno de los bioplásticos más avanzados. Creado a partir de ácido láctico —un compuesto presente de forma natural en el cuerpo humano y que también puede obtenerse de residuos vegetales—, su proceso de fabricación permite reducir hasta un 75% las emisiones de CO₂ en comparación con los plásticos convencionales. Aunque es completamente biodegradable, el material presenta una combinación de resistencia y versatilidad que lo hace apto para sectores tan exigentes como la electrónica, la medicina o la cosmética.

Este bioplástico nacido en el PCB está cada vez más cerca de llegar al mercado, después de que la empresa haya iniciado la producción industrial de este material en el parque químico Chempark, en Leverkusen (Alemania). Sin embargo, los orígenes de la compañía se remontan a 2017, cuando Dan*na inició su actividad fruto de una inquietud personal de Marín. Informático con una larga trayectoria en empresas públicas y privadas, sintió, pasados los 40 años, la necesidad de crear “algo tangible”.

“Después de una larga carrera profesional dedicada a un sector tan intangible como la informática, e incluso tras haber creado dos empresas de este ámbito, quería crear un objeto físico”, confiesa el consejero delegado de Dan*na. Un objeto que “revolucionara sectores como la robótica o la electrónica, pero de forma sostenible”. Con una curiosidad cultivada desde niño, cuando ya soñaba con fabricar robots y otros objetos futuristas, Marín se fijó en las impresoras 3D, que en aquel momento empezaban a popularizarse. Sin embargo, su objetivo no era fabricar estas máquinas, sino centrarse en el material de impresión.

Así fue como empezó a investigar sobre plásticos sostenibles con el objetivo de crear una nueva alternativa viable a los derivados del petróleo. Y decidió hacerlo desde cero: diseñando una estructura molecular propia. Con un pequeño equipo de investigación y desde el PCB, exploraron diferentes vías hasta desarrollar una estructura basada en ácido láctico y macrolactonas, ambos compuestos de origen natural. A partir de estos dos elementos se genera un nuevo polímero que, a diferencia de otros materiales, no requiere aditivos para resultar útil en distintos sectores.

La investigación ha sido posible gracias a los más de dos millones de euros en ayudas públicas que la startup ha captado desde sus inicios, mediante proyectos europeos o ayudas de instituciones como el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) o Acció. La compañía también ha sido impulsada por BCN Health Booster, la aceleradora para empresas de salud creada por el PCB junto con Barcelona Activa y Biocat.

Con un equipo de siete personas trabajando en el PCB, lideradas por Xavier Marín, y una veintena de profesionales más en la planta de Alemania, la startup prevé superar el medio millón de euros en ventas durante 2026.

Otro objetivo del proyecto era encontrar una estructura molecular que permitiera fabricar bioplásticos sin el uso de bacterias, una fórmula habitual. “Aunque las bacterias son prometedoras en este tipo de aplicaciones, no garantizan estabilidad a escala industrial”, explica Marín. “La química —y en nuestro caso la química verde y sostenible— permite controlar el proceso y asegurar la calidad también en fases industriales”, afirma el consejero delegado de Dan*na. Tras casi seis años de prueba y error, en 2023 obtuvieron la patente mundial del PLH.

Con la patente bajo el brazo, la compañía decidió abrir su primera ronda de inversión para escalar la actividad. La gestora BeAble Capital lideró una operación de más de un millón de euros —con 800.000 aportados por la firma— que ha permitido que este año la startup complete otro paso decisivo: el inicio de la producción industrial. Ahora, la previsión es fabricar más de 300 toneladas anuales en la planta de Chempark, en Leverkusen.

Fachada del Parc Científic de Barcelona, donde está instalada Dan*na. © Àngel Bravo
Con siete empleados en el PCB —donde se mantiene todo el equipo de investigación—, una veintena de profesionales en la planta de Alemania y una oficina comercial en Madrid, Dan*na prevé que las ventas superen el medio millón de euros a finales de 2026. Cuando el material empiece a escalar, también planean abrir una segunda ronda de financiación para controlar la producción en una planta propia. Asimismo, prevén crecer con una oficina comercial en Barcelona, probablemente en el distrito tecnológico del 22@, aunque sin renunciar a su sede en el PCB, donde concentran la relación con universidades, centros tecnológicos y otras empresas del sector.

De las etiquetas a los exfoliantes

Por el momento, Dan*na ya ha validado su material para el sector de la electrónica junto con el CSIC, y más de diez grandes corporaciones de todo el mundo —de sectores que van desde los tintes hasta las resinas o los dispositivos electrónicos— ya están testando el PLH en sus propias líneas de producción. En el sector de la electrónica, el material presenta propiedades esenciales: resistencia a altas temperaturas —pudiendo soportar más de 300 grados, una característica diferencial frente a otros bioplásticos existentes—; una gran capacidad de aislamiento eléctrico; y una notable flexibilidad, incluso superior a la de plásticos convencionales como el polipropileno.

Esta flexibilidad lo hace ideal para la producción de etiquetas textiles o dispositivos electrónicos: “el PLH absorbe mejor los impactos que los polímeros convencionales, con la capacidad de resistir golpes, un aspecto clave en la fabricación de drones, móviles o placas electrónicas”, remarca Marín.

Aunque la electrónica es su principal foco, el material también se está testando en otros ámbitos, como la medicina. Junto con el Hospital Vall d’Hebron, Dan*na ha superado los primeros ensayos preclínicos para utilizar el PLH como material para implantes y dispositivos médicos, demostrándose que favorece a la regeneración de hueso y cartílago. Al tratarse de un material derivado del ácido láctico, el cuerpo puede absorberlo en unos 18 meses, lo que reduce la necesidad de segundas intervenciones y abre la puerta a nuevas soluciones en medicina regenerativa.

La flexibilidad del PLH lo hace adecuado para la producción de etiquetas textiles o dispositivos electrónicos.
De hecho, otra de las características del material es que permite ajustar los tiempos de degradación según el uso final —desde 18 meses en aplicaciones biomédicas hasta 10, 20 o 50 años en electrónica, ya que no interesa que los dispositivos electrónicos se degraden rápidamente—. Aun así, Marín reconoce que el camino regulatorio en medicina es lento y que todavía queda recorrido para superar todas las fases clínicas.Asimismo, el PLH también presenta aplicaciones en agricultura —donde incluso tiene capacidad para regenerar el substrato—, en cosmética —para exfoliantes o cremas sin microplásticos—, e incluso en juguetes infantiles. Todos estos son los sectores que Dan*na aspira a transformar: ámbitos donde los plásticos no pueden desaparecer por completo, pero donde sí es posible avanzar hacia un modelo más sostenible y responsable gracias a materiales como el PLH.