Los cuadernos de verano evocan aquella etapa en que las vacaciones también querían decir deberes ligeros: páginas de sumas, ejercicios de ortografía y comprensión lectora para no perder el ritmo antes de volver a la escuela. De adultos, sin embargo, los deberes han cambiado. Ahora la única obligación parece ser otra: no practicar la ortografía ni las matemáticas, sino desconectar. Dejar atrás las pantallas y bajar el ritmo después de meses intensos. Pero desconectar no siempre quiere decir no hacer nada. También puede querer decir llenar un sudoku, resolver un enigma o dejarse llevar por un cuaderno que pone a prueba la creatividad.
El gran clásico sigue siendo el cuaderno de verano de Blackie Books, que este año llega a la decimoquinta edición con una invitación a "desoxidar la mente y reforestar el cerebro". Pero las opciones van mucho más allá. Los ya imprescindibles Destroza este diario siguen convirtiendo al lector en protagonista; El camino del artista, de Julia Cameron, propone un viaje para despertar la creatividad, y los Murdoku, un fenómeno reciente, combinan enigmas numéricos con la intriga propia de una novela de Agatha Christie.
