Cuando los aviones también navegaban en Barcelona

Hidroavión en el Puerto de Barcelona
Hidroavión en el Puerto de Barcelona

28 de julio de 2025 a las 22:49h

El cuarto capítulo de las historias e intrahistorias de los campos de vuelo que han acabado siendo el actual Aeropuerto de Barcelona-El Prat arranca en la montaña de Montjuïc. Concretamente, en la esquina de la calle Tarongers con la carretera a Montjuïc. En ese punto, un monumento conmemorativo recuerda al teniente de navío Juan Manuel Durán, piloto de hidroaviones jerezano que fue uno de los tripulantes del famoso Plus Ultra, el hidroavión que en 1926 completó el primer vuelo transatlántico entre Europa y América del Sur, cubriendo la ruta desde Palos de la Frontera (Huelva) hasta Buenos Aires (Argentina). Para alguien curioso, la pregunta es lógica: ¿Por qué se recuerda a un aviador militar andaluz en Barcelona? Y también hay otra: ¿Desde cuándo?

El monumento que recuerda al aviador Juan Manuel Durán en el camino de acceso al Castell de Montjuic. © Javier Ortega Figueiral

La respuesta temporal nos lleva a 1928, año en que se inauguró el monumento esculpido por Jaume Duran Castellanos a modo de homenaje al aviador fallecido dos años antes frente a la desembocadura del Llobregat, durante unos entrenamientos de la aeronáutica naval, al chocar en vuelo con otro hidroavión militar.

Hidros en Barcelona: Una historia de alas y mar

Desde los muelles del puerto hasta el aeródromo de La Volatería, renombrado como el "de los marinos" por sus nuevos propietarios, los hidroaviones marcaron una época dorada en la que los aviones no solo volaban, sino que también navegaban. En los años 20, Barcelona se convirtió en un epicentro de la hidroaviación, combinando hazañas militares, avances tecnológicos y ambiciosos proyectos comerciales.

En 1917, un Real Decreto firmado por Alfonso XIII dio vida a la Aviación Naval Española, tras años de aprendizaje iniciados en 1912. Barcelona fue elegida en 1920 como sede de la Escuela de Aviación Naval, ubicada en el Campo de la Volatería. La elección no fue casual: la ciudad ofrecía un puerto ideal para las aeronaves, que necesitaban superficies acuáticas tranquilas para despegar y aterrizar. Bajo la dirección del capitán de corbeta Pedro María Cardona, se adquirieron los primeros aparatos, como los Macchi M-18, que operaban desde el Muelle del Contradique y la Dársena del Morrot, donde se instalaron hangares y talleres. El puerto de Barcelona se convirtió en el corazón de estas operaciones.

Un gran hito fue la llegada del Dédalo en 1922, el primer portaaviones español, un vapor alemán reconvertido que apoyaba a los hidroaviones en misiones como la Campaña de Marruecos. Modelos como los Savoia-Marchetti S.13 y S.16, apodados Bicicletas, y los Macchi M-18, algunos construidos en Barcelona con motores Hispano-Suiza, surcaban los cielos y las aguas, marcando el inicio de una era de experimentación aeronáutica.

Hangares e hidroaviones de la Aeronáutica Naval en el muelle del Contradique del Puerto de Barcelona, del Archivo de la Armada Española.

La Volatería: De campo militar a cuna de la aviación civil

El Campo de la Volatería, situado donde hoy está la cabecera 06R del aeropuerto, comenzó como un espacio civil antes de convertirse en un centro militar. Durante los años 20 y 30, fue testigo de entrenamientos, pruebas de nuevos modelos y, con el tiempo, el inicio de vuelos civiles que conectarían Barcelona con otras ciudades de la península y Europa. Esta transición marcó el camino hacia un aeródromo con vocación comercial, un precursor del actual Josep Tarradellas Barcelona-El Prat.

Aeronaves que unían continentes

Más allá de su rol militar, el puerto de Barcelona se convirtió en un nodo clave para los vuelos comerciales. En 1928, la compañía italiana Società Anonima di Navigazione Aerea estrenó la ruta Roma-Barcelona, con escalas en Génova y Marsella. Sus Dornier Do. R4 Super Wal, capaces de llevar a 19 pasajeros, recorrían 1.500 kilómetros en unas 10 horas y media. En sus primeros meses, transportó medio centenar de pasajeros y cientos de kilos de correo y mercancías, un inicio modesto pero prometedor.

En 1931, la ruta se extendió hasta Algeciras, con paradas en Barcelona y Cartagena, bajo el evocador nombre de Freccia del Mediterráneo. Para 1934, tras la fusión que dio lugar a Ala Littoria, se incorporaron nuevos destinos como Cádiz y Málaga, y modelos más avanzados como el Savoia-Marchetti S.66 y el Cant Z.506 Airone. El puerto de Barcelona, con instalaciones en el Muelle de Levante, se adaptó para recibir a estos gigantes alados, con hangares, talleres y una terminal para pasajeros.

Expectación ante la bajada al agua del hidro que voló en en primer enlace de prueba entre Barcelona y Palma, en 1920, en una imagen del archivo de la Autoridad Portuaria de Barcelona.

La Guerra Civil y el declive de los hidros

La Guerra Civil Española marcó un punto de inflexión. La base de aeronaves de Barcelona, leal al gobierno republicano, operó modelos como el Dornier Do.J Wal y el Savoia-Marchetti S.62, fabricado localmente. Sin embargo, la base fue blanco de bombardeos, como el ataque de la Legión Italiana en noviembre de 1938, que dañó instalaciones clave. Tras la guerra, la actividad de los hidroaviones cayó en picado. En 1947, el aeródromo fue renombrado como Base de Hidros, y para 1960, gran parte de las instalaciones del Muelle del Contradique fueron cedidas al Ministerio de Obras Públicas, quedando operativa solo una pequeña área para emergencias.

Anuncio de la línea de hidros entre Roma y Barcelona con escalas en Marsella y Génova.

Un legado que sobrevive

La era de los hidroaviones en Barcelona dejó una huella imborrable, aunque poco conocida. Desde los cientos de horas de entrenamiento militar frente a la costa hasta las rutas comerciales que conectaron la ciudad con Europa, la aviación naval transformó el puerto y La Volatería en escenarios de innovación y aventura. Hoy, el Aeropuerto del Prat es heredero de aquellos días en que los aviones navegaban, un recordatorio de cómo el mar y el cielo se unieron para escribir un capítulo único en la historia de Barcelona. Y quién sabe: un proyecto para recuperar los hidroaviones comerciales en el puerto está en marcha. Si se concreta, pronto podríamos volver a hablar de aviones que navegan.