Un año más, los veranos de Barcelona tienen una propuesta que enamora: Nits Màgiques de Casa Batlló. Una velada que une la cultura arquitectónica, la identidad de la ciudad y la música local para celebrar el arte de Gaudí, con una copa de cava en mano y culminando con un concierto en la azotea.
El jueves tuve el placer de poder adentrarme en el mundo subacuático de la Casa Batlló, ideado por el genio de Gaudí. Tuve el honor de redescubrir esta joya arquitectónica que tenemos en el corazón de nuestro Paseo de Gracia y empaparme de la historia, la esencia y parte de la cultura de la ciudad. Pese a que estamos en pleno julio y que la afluencia era muy alta, es una experiencia que se debe conocer de primera mano.
Redescubrir la Casa Batlló las noches de verano
La visita de las Nits Màgiques comienza a las ocho de la tarde con una visita por el interior de esta maravilla de monumento que tenemos en nuestra ciudad. La visita cuenta con una práctica audioguía que te va acompañando a lo largo del recorrido cuya duración es de, aproximadamente, 45 minutos. En la sala principal, la que cuenta con el techo en forma de espiral, la imponente lámpara de origen y los ventanales con vistas al Paseo de Gracia, es donde te obsequian con una burbujeante y refrescante copa de cava; el toque perfecto para sentir que, efectivamente, estás recorriendo un espacio puramente catalán y muy nuestro.
Escuchando la voz de nuestra audioguía viajamos hasta principios del siglo XX. En 1904, Josep Batlló, un empresario textil de la burguesía catalana, compró un edificio bastante convencional en pleno Paseo de Gracia. Su idea inicial era derribarlo por completo para construir uno nuevo, pero Antoni Gaudí le convenció de que no hacía falta empezar de cero. Fue así cómo el arquitecto transformó la fachada, redistribuyó la luz natural y añadió dos pisos más. ¿El resultado? Una finca modesta se tranformó en una obra de arte modernista.
Gaudí se inspiró en las formas de la naturaleza y en las leyendas de nuestra tierra para llevar a cabo esta reforma: el trencadís multicolor de la fachada de la Casa Batlló recuerda al océano, con balcones en forma de antifaz o calabaza; el tejado ondulado, cubierto de tejas cerámicas, imita las escamas del dragón de Sant Jordi. Sí, es Patrimonio Mundial por la UNESCO y el sitio imprescindible para cualquiera que aterrice en Barcelona. Pero, sobre todo, es un pedazo de nuestra historia que sigue ahí, en pleno Paseo de Gracia, y que nos recuerda la gran herencia cultural y artística que hay en la ciudad donde vivimos.
Un concierto en la azotea
Después del recorrido por el interior de la Casa Batlló, la velada concluye en la azotea del edificio. Sillas, mesas, una barra de bar y un escenario improvisado nos dan la bienvenida para vivir una noche que, como su propio nombre indica, es mágica y única. Dependiendo del día que acudas a la cita, podrás encontrarte con diferentes grupos y estilos musicales: R&B, jazz, soul, rock, pop y, por supuesto, rumba catalana, el sello de nuestra casa.
El sol se va poniendo tras los edificios de Paseo de Gracia y las luces de la azotea empiezan a encenderse para crear una atmósfera acogedora e íntima. Los músicos cantan, nos animan a tocar las palmas, a reír, a conectar los unos con los otros. Es casi como un plan entre amigos: copa, buena charla y la banda sonora perfecta para disfrutar del momento sin prisas.
Al acabar la velada, tras los aplausos más que merecidos a la banda, te marchas de la Casa Batlló con la sensación de haber vivido una experiencia memorable. Y es que pocas veces puedes pasar una noche en compañía del genio de Gaudí, con una buena copa de cava en la mano y un concierto al aire libre en pleno verano. Fue una noche inolvidable. Fue una Nit Màgica.
