'Seis personajes en busca de autor' llega al Teatre Apolo

El clásico de Pirandello, "Seis personajes en busca de autor", llega al Teatre Apolo
El clásico de Pirandello, "Seis personajes en busca de autor", llega al Teatre Apolo

Pirandello regresa al Teatre Apolo en un montaje que apuesta por los símbolos visuales. Una obra que nos obliga a preguntarnos si somos los dueños de nuestra historia o simples actores atrapados en un guion ajeno.

12 de mayo de 2026 a las 23:14h

El Teatre Apolo revisita la gran obra teatral de Luigi Pirandello Seis personajes en busca de autor. Esta producción nos invita a asistir a una función de teatro dentro del teatro y a enfrentarnos cara a cara a una crisis de identidad que, más de un siglo después, sigue siendo contemporánea. El punto de partida de esta pieza es única y muy original: seis personajes de ficción irrumpen en un ensayo teatral pidiendo al director que su drama sea representado.

El conflicto central se basa en el choque entre la vida real y el teatro. Mientras que nosotros, como personas, cambiamos, dudamos y evolucionamos cada día, el personaje de teatro está atrapado para siempre en su misma historia. El montaje presenta muy bien esa angustia: la de unos personajes condenados a revivir su drama una y otra vez, mientras los actores reales solo ven en ellos un guion que interpretar.

El regreso de un gigante al Teatre Apolo

Luigi Pirandello estrenó en Roma el año 1921 Seis personajes en busca de autor, una obra que produjo tal escándalo que el autor tuvo que abandonar el teatro ante los gritos de la platea. Se trata de una pieza en la que el premio Nobel de literatura rompió la "cuarta pared" e introdujo el concepto de metateatro mucho antes de que el término fuera algo común en el teatro de la época.

Estamos ante un tratado sobre la imposibilidad de conocer la verdad y la condena de vivir atrapados en una identidad fija. Hoy, la obra no ha perdido ni un poco de fuerza; sigue siendo el mejor ejemplo de cómo el escenario puede hacernos dudar de nuestra propia identidad.

La dirección logra un gran equilibrio visual

La dirección de Antonio Álamo y Pepa Gamboa apuesta por un diseño escénico muy equilibrado; la iluminación también juega un papel crucial, ya que separa el mundo "real" de los actores del aura casi fantasmal de los personajes que llegan desde el patio de butacas.

El gran acierto de la dirección es cómo construye los momentos clave usando imágenes sencillas pero con mucha fuerza. Un claro ejemplo de ello es la escena que tiene lugar en el jardín: con pocos elementos como una bañera u hojas cayendo, se recrea un espacio cargado de fuerza poética y belleza visual. No hace falta una escenografía gigante para que el espectador sienta el trauma de los personajes; se opta por objetos que muestran directamente la emoción que se quiere transmitir.

La transición entre el ensayo de los actores y el drama de la familia también funciona muy bien. Se mantiene siempre esa tensión de no saber quién es realmente el intruso en la sala: si los actores que están trabajando o los personajes que acaban de llegar.

Actriz que interpreta a la Madre en "Seis personajes en busca de autor" en el Teatre Apolo.

La verdad y naturalidad

La escena del incesto en el burdel es el clímax de esta producción. La naturalidad con la que se presenta este momento cumbre de la obra de Pirandello permite que se aleje del morbo fácil para centrarse en la humillación y el reconocimiento. Pero lo verdaderamente brillante de este montaje (y donde mejor se entiende la tesis de Pirandello) es lo que ocurre inmediatamente después.

Cuando los actores "profesionales" intentan replicar la escena que acaban de presenciar, el espectador siente una gran incomodidad. El contraste es brutal. La "verdad" cruda y desgarradora del Padre y la Hijastra se convierte en una parodia en manos de los actores. Con esto, la obra nos sugiere que el arte, al volverse demasiado técnico o profesional, puede diluir la verdad que intenta representar. La frustración de los personajes al verse "imitados" es la frustración del autor ante la imposibilidad de que su propuesta llegue de verdad al público.

El clásico del premio Nobel de literatura llega a Barcelona.

El riesgo del tono

Sin embargo, ninguna lectura contemporánea está exenta de riesgos, y en este caso, algunos elementos no terminan de cuajar. Hay algunos cambios de ritmo que se sienten un poco forzados y que cortan la conexión con la historia en lugar de sumarle algo nuevo. Por ejemplo: hay escenas de interpelación directa al público o pasajes musicales que alteran el ritmo y generan situaciones que no terminan de funcionar.

Estas decisiones diluyen la tensión dramática que se ha conseguido en los monólogos. Da la sensación de que no se termina de confiar en la fuerza de las palabras y se busca una agilidad artificial que la historia no necesita.

Monólogo del hermano en "Seis personajes en busca de autor" en el Teatre Apolo.

El reto de la cohesión actoral

El binomio protagonista realiza un trabajo de gran calidad interpretativa: el actor que encarna al Padre logra la difícil tarea de humanizar el discurso del autor y ayuda a que el dilema filosófico sea más cercano y fácil de comprender.  Su capacidad para sostener el peso del texto permite que la profundidad de la obra llegue al patio de butacas sin filtros. Por su parte, la actriz que da vida a la Madre ofrece una interpretación llena de matices y contención.

Es cierto que, ante tal despliegue de verdad, el resto del reparto se encuentra ante el difícil reto de mantener ese mismo nivel de intensidad. En este sentido, los secundarios parecen seguir un estilo más fingido. Se entiende que es para diferenciar el mundo real del teatro, pero a veces ese choque de estilos hace que la función pierda equilibrio.

Este montaje cree en el poder transformador de la escena y nos invita a reencontrarnos con un clásico inmortal.

Una reflexión que perdura

Esta aproximación a Seis personajes en busca de autor en el Teatre Apolo es una propuesta que no teme enfrentarse a las grandes preguntas. A pesar de algunos desajustes en la puesta en escena y la actuación, el montaje logra lo que todo buen teatro debería: que la obra sea un vehículo para el pensamiento.

Salimos del teatro con la sensación de que la verdadera función comienza precisamente ahora, en la calle, donde cada uno de nosotros debe decidir qué parte de su máscara es realidad y qué parte es representación. Este montaje cree en el poder transformador de la escena y nos invita a reencontrarnos con un clásico inmortal.

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