'La nit del peix kiwi': entre el mundo real y el teatro

Santi Ricart en 'La nit del peix kiwi'
Santi Ricart en 'La nit del peix kiwi'

La nit del peix kiwi, en el Teatre Lliure de Montjuïc, es un montaje donde el protagonista nos recuerda mucho a Raskolnikov, de Crimen y Castigo. El texto tiene un aire chejoviano en el que el personaje camina por la angustia, el miedo, el delirio… y por la ciudad.

18 de octubre de 2024 a las 08:20h

Un texto en el que el protagonista parte de la nada absoluta para emprender una huida hacia adelante que tampoco parece tener ninguna salida. Un actor sin trabajo de actor, intentando sobrevivir en un mundo que no se acuerda de él… un actor que quiere huir de sí mismo.

El texto de Josep Julien es preciso y cuidado. Pasa de la narración del actor a la interacción con el público, una interpelación directa que hace que los espectadores se sientan parte de la historia… porque la próxima persona a la que el actor se dirija puede ser cualquiera de nosotros. Todos somos un posible actor más en su historia.

Santi Ricart hace una excelente interpretación del texto. En este monólogo se ve su profesionalidad. Nos lo creemos tanto que, incluso, podemos llegar a pensar que él es, realmente el protagonista real de la historia… o, quizás, de una buena parte de la historia… Lo vive y nos lo hace vivir. Hay una buena coordinación entre la interpretación de Santi Ricart y la dirección y la dramaturgia de Josep Julien.

El espacio escénico, de Anna Tantull, nos hace mover entre el mundo real y el teatro. No hay línea divisoria. No hay límites. Nunca sabemos bien bien en qué mundo estamos. La iluminación de Xavi Gardés acaba de rematar esta sensación. Lo que el actor nos cuenta… ¿es teatro? ¿Es real? 

Josep Julien presenta este texto 

Un eco de Chéjov 

La nit del peix kiwi, en el Teatre Lliure, nos hace resonar a Chéjov en la cabeza… el actor es también un hombre atormentado por lo que tiene, por lo que quiere, por lo que hace… un hombre rodeado de una fauna diversa de personajes que lo hacen ir como una peonza. Un hombre que piensa que ha tomado las riendas de su vida y, al cabo de un momento, se ahoga en un mar de contradicciones.

Es un buen montaje para disfrutar de un muy buen texto y de una muy buena interpretación. Y para salir del teatro dudando de todo… porque ya no sabemos si lo que hemos visto es teatro, o quizás es teatro lo que vemos cuando salimos.

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