Federico García es una biografía viva hecha de música, baile y poesía. Un espectáculo precioso y hecho con sumo respecto que busca acercar la historia, la vida y la obra del gran renovador de nuestra cultura. El espectáculo que Pep Tosar presentó en el Grec del 2019, vuelve a las tablas dentro de la programación del nuevo Teatre del Raval.
La propuesta muestra a la perfección las pasión de Lorca por la expresión y la efervescencia de lo que pasa en el mundo; sobre todo, le llamaba la atención todo lo que sucedía a nivel popular y local, el color auténtico. El artista buscaba lo puro tanto en la poesía como en la vida, y por eso se enamoró de las formas desnudas como el cante jondo. En este sentido, resulta muy curioso la explicación que la obra nos da sobre el origen del término "duende flamenco", una palabra que casi se inventó él o que, desde luego, popularizó.
El poeta de los contrastes
Para entender mejor este espectáculo, es necesario contextualizar la figura del autor. Federico García Lorca nació en Fuente Vaqueros en 1898, por lo que creció impregnado del folklore, el misticismo y la Andalucía rural. Todo ello, marcó su estilo y su simbología: la luna como presagio, el caballo como sinónimo de pasión y la muerte siempre omnipresente. Sin embargo, no se estancó en el costumbrismo: su poesía quería unir esa vida rural con las corrientes más vanguardistas de la Europa de entreguerras.Lorca hablaba de temas universales como los límites de la libertad humana, la opresión social y el deseo insatisfecho. Estas temáticas las podemos ver tanto en su poesía (Romancero gitano y Poeta en Nueva York) como en sus piezas dramáticas. Era un artista multidisciplinar (músico, dramaturgo, conferenciante y artista plástico) que habló de la existencia y de la tragedia con la misma intensidad.
La huella de Barcelona
Aunque solemos imaginarnos a Lorca en Granada, Nueva York o Cuba, su fascinación por Barcelona fue determinante. Federico se enamoró de la ciudad en la década de los veinte, ya que en nuestra ciudad se encontró con una cultura moderna, europea y próxima a su creatividad artística. Fue aquí donde estrenó Mariana Pineda junto a su gran aliada y musa, Margarita Xirgu, y también donde se empapó del espíritu de vanguardia de la mano de amigos como Salvador Dalí.En Barcelona, la poesía de Lorca se volvió más libre, rompedora y urbana, y consiguió alejarse de la etiqueta de "poeta folclórico". El montaje tampoco olvida su faceta de pintor y dibujante, que también se desarrolló en la ciudad condal, donde llegó a exponer sus dibujos en las Galerías Dalmau.
https://www.youtube.com/watch?v=JH-68mkk_Gw
Intensidad, contención y pureza sobre las tablas
Artísticamente la obra es impecable: el juego de luces y el uso de los audiovisuales hacen crecer dramáticamente el espectáculo. La propuesta juega con diferentes ritmos: un grupo flamenco toca en escena y, de repente, salen a primera plana para teatralizar algunos momentos que explican mejor la vida del poeta. El peso musical recae en Mariola Membrives, Anna Colom o Ana Brenes, cantaoras que regalan momentos emocionantes al exhibir una voz llena de fuerza y emotividad.En Federico García se hace poesía a través del baile de Rubén Molina. Es un tipo de flamenco muy contenido, con movimientos muy pausados y definidos, pero cargados de emoción, sentimiento y fuerza. El baile está totalmente unido a todo el color de la obra y a lo que se quiere transmitir: intensidad, contención y pureza.
Los cortes de las entrevistas documentales resultan clave porque conectan con la filosofía del autor. Al igual que hacía Lorca con La Barraca (recorriendo el país en furgoneta para acercar los clásicos a quienes no tenían acceso a la cultura), este espectáculo persigue esa misma vocación pedagógica: divulgar su vida y su obra sin filtros. Es una oportunidad perfecta para que el público redescubra su biografía y su universo lírico.
La efervescencia de un genio
El guion rescata detalles muy curiosos y graciosos, como el poema que le escribe en un folio de papel a Luis Buñuel a las tres de la madrugada, cuando iban los dos ebrios por la calle, y que arranca con versos sobre "la trenza del aire".También destaca la oda dedicada a Salvador Dalí que, aunque incompleta, muestra la faceta más juguetona y divertida de Lorca. Al final, era un joven efervescente, con ganas de vivir la vida al máximo y que, tristemente, terminó con un final tan trágico como inesperado.
Lorca en la actualidad
Que este espectáculo llegue a los escenarios justo ahora es muy significativo. Y es que coincide con un momento en el que se está hablando muchísimo del autor por dos hallazgos históricos que han salido a la luz recientemente:- Por un lado, está el descubrimiento en un archivo de Berlín de un fragmento de vídeo inédito de La Barraca. Son apenas unos segundos, pero se trata de un documento de un valor incalculable, ya que son las únicas imágenes en movimiento que existen de Lorca en su etapa con la compañía itinerante.
- Por otro lado, está la increíble historia de Miguel Poveda, que compró en Alemania el manuscrito de la Gacela de la raíz amarga y descubrió que en la parte de atrás había un poema inédito escrito a mano por el propio Lorca. El poema se llama Canta el reloj, un texto de 1933 sobre la fugacidad del tiempo y la ausencia donde Federico dejó escrito: "Es la señal de carne que yo dejé, al irme, para saber mi sitio al regresar".
Ambos acontecimientos demuestran que Lorca sigue de plena actualidad, que su obra se revisita constantemente y que la propuesta de Pep Tosar en el Teatre del Raval es, hoy más que nunca, oportuna y necesaria.
A Lorca lo mataron, pero Lorca no murió
Más allá de la biografía, la función deja flotando en el aire dos conceptos que resumen a la perfección todo lo vivido en la escena. El primero funciona como una bofetada poética sobre su asesinato al recordarnos que "él, al final, fue el protagonista de una obra que no escribió". El segundo es una lección sobre la filosofía de La Barraca: "El teatro se escribe para el pueblo, no es el pueblo el que manda en el teatro"; una declaración de principios que denuncia ese teatro que se hace con fines meramente comerciales.Al final, el espectáculo rezuma a Lorca en todos los sentidos: por la belleza, la poesía, la música, la estética y esa intención educativa que se respira. Es el cierre perfecto para unirlo a esa frase tan cierta de que a Lorca lo mataron, pero Lorca no murió. Lorca sigue vivo.
