Emocionada. Feliz. Y agradecida. Así nos recibe Cristina Lamar desde la Costa Brava, una cantante emergente que está en uno de los momentos más dulces de su carrera: presenta su segundo disco y, por primera vez, ha actuado en casa. Y lo ha hecho por la puerta grande: en escenarios de festivales como el BARTS Festival o el Blaumarí Festival, dos espacios que apuestan firmemente por el talento emergente con escenarios y actuaciones previas a los conciertos oficiales.
Esta ilusión por lo que está viviendo se nota en su voz y en su mirada. Una artista que fusiona la música latinoamericana con su esencia mediterránea para crear canciones íntimas, poéticas y llenas de verdad.
— Cristina, te defines como "storyteller musical". ¿Nos puedes explicar mejor este concepto?
—Yo estudié música, pero siempre me ha gustado mucho la poesía y contar historias. Obviamente me encanta ser cantante, pero sí que es verdad que me di cuenta de que lo que más me gustaba era escribir historias y contarlas en poesía. Y poder cantar mis canciones con la sinceridad del corazón me hizo darme cuenta de que la gente conectaba porque soy muy sincera. Intentar que la gente conozca la cara real de la historia, todo lo bueno y todo lo malo. Para mí, primero seré escritora y narradora, y después cantante.
— Así que eres, sobre todo, una poetisa...
— Yo estudié música y componía para otra gente, pero a mí me gustaba mucho escribir narraciones o poemas. Me pensaba que algún día publicaría si el universo lo quería, y mis poemas se convirtieron en un disco. Los empecé a musicar con el piano, y de ahí nace el primer disco y, obviamente, este segundo.
Me gusta mucho escribir, siempre llevo una libreta conmigo, y creo que es mi manera de romantizar y entender qué me pasa. Si me voy de viaje, digo la cosa más absurda, como que un día haya hecho sol, o que te hayas encontrado a alguien y le hayas dicho buenos días a un desconocido. Después pasa el día, y de repente lees ese diario y dices: "No ha sido tan mal día". De esta tradición empecé a escribir.
Siempre llevo una libreta conmigo, y creo que es mi manera de romantizar y entender qué me pasa.
— Hiciste un primer libro... ¡que es un disco de poemas musicalizados!
— Yo siempre digo que mi disco es todo lo que he vivido, todas las historias que he vivido, pero acompañadas por la música y por el Mediterráneo, que es donde yo siempre he escrito. Quiero que la persona, cuando oiga el disco, diga que Cris es de muchos sitios, porque se nota que bebe de muchas culturas. En cambio, cuando hago recitados en algún concierto, me gusta mucho hablar y explicar cosas, y a veces hago un pequeño recital a cappella; son formatos completamente diferentes. En mis canciones, el eje central siempre es la historia nacida de la escritura, del poema y de la narración.
— Naciste en la Costa Brava, pero te fuiste a vivir a Colombia. Esta doble identidad, ¿crees que se percibe en tu música?
— Muchísimo. Siempre que la gente me lo dice, digo que soy de aquí, de la Costa Brava, del Mediterráneo, y creo que se me nota mucho la manera de ser y de vivir. Y de repente un día me voy a Colombia y me enamoré mucho de aquella cultura. Yo no la conocía; me encantaban los boleros de México o la bossa nova de Brasil, pero la música colombiana no la conocía tanto. Me enamoré mucho, se dio la oportunidad de empezar a trabajar allí, y mi proyecto realmente nace allí.
Como todo mi disco y toda mi música son mis historias y todo lo que he vivido, me impregné un montón de todo lo que escuchaba, sobre todo porque en el proceso empecé a escuchar música andina, que viene de esta parte más de las montañas. Y en esta música hay un instrumento que se llama el cuatro venezolano, que es como una guitarra pequeña. Es muy curioso, porque es como un acento que mezcla el catalán con el colombiano. Obviamente hay sonidos y una fragancia muy mediterránea en las texturas, pero las guitarras y las percusiones, todo es muy latinoamericano. Una gran mixtura, un gran abrazo entre estas dos culturas que se parecen mucho.
— Empezaste haciendo soul, R&B y música en inglés. Pero ahora haces una música diferente, ¿verdad?
— Siento que estoy haciendo un camino y cada día voy evolucionando y probando mi identidad. Te diría que este nuevo disco se enmarca mucho en el género folk-cantautor con ritmos del soul. Cuando empezamos el disco, me acuerdo que decía: "Ostras, yo vengo de hacer soul y ahora estoy haciendo una música diferente". Pero con un productor inglés decíamos que el soul se llama así porque se canta desde el alma. Los instrumentos que tocamos son súper acústicos, todo se graba en bloque, en directo, es decir, no hay capas ni la limpieza o el perfeccionismo de hoy en día.
— Tengo entendido que este álbum se grabó de una sola vez...
— La grabación se llama en blanco: hemos grabado todo como un concierto. No hay metrónomo; el tempo lo lleva el percusionista, no existe un tempo fijo. Hicimos unas 7 tomas de cada canción y nos quedamos con la toma que sentíamos que mejor había capturado la energía, el espíritu. No es que después hagamos cortes y regrabemos aquí, sino tal cual, como un bloque.
Creo que lo bonito de esto es que tú puedes percibir la interpretación del guitarrista, la lima de los dedos, o cuando de repente nos mirábamos y tocábamos sin que estuviera planeado. Y creo que la magia de contar la historia desde el minuto cero, tal como cada uno la siente, hace que lo que escuchas en vivo sea lo mismo que en el álbum; no se ha hecho un Frankenstein.
— ¿Y cuál diría que ha sido la inspiración para componer estos temas?
— En este disco en concreto, todas son historias que vivo. Fue muy extraño, porque yo no sabía qué me estaba pasando ni qué sentía, pero le canto al amor bonito. Yo no lo sabía, pero sentía que estaba muy enamorada y no entendía de qué. El año pasado decía: "Ay, es que quiero un amor bonito, ¿qué me falta?", ¡pero estaba escribiendo enamorada!
Cuando lo grabamos, y sobre todo después de entender un poco lo que estaba pasando, vi que le estaba cantando al amor que ya existía: a los amigos, a viajar, a la vida, no solo a la pareja. Desde entonces quedó el nombre de Amor Bonito como una descripción, y ha sido un disco que me ha devuelto la fe en que el amor ya está presente.
Le estaba cantando al amor que ya existía: a los amigos, a viajar, a la vida...
— Este 2026 presentas tu último trabajo, Una flor en la luna. ¿Nos hablas un poco de él?
— Estábamos grabando el disco y me pasaba una cosa: ¿sabes cuando tienes un amor muy bonito pero piensas que es imposible que te pase a ti? Piensas que no todo puede ser tan perfecto y te cierras en banda, como si fuera tan imposible como ver nacer una flor en la luna.
Ponerle este título fue como darme cuenta de que yo misma creía que todo esto era imposible. Durante el proceso lo veía un sueño inalcanzable, y ahora, haber hecho el disco, poderlo presentar y cantar en casa, me demuestra exactamente lo contrario. Para mí, Una flor en la luna significa precisamente eso: entender que las cosas más bonitas, aquellas que parecen imposibles, se pueden hacer realidad si crees en ellas.
Una flor en la luna significa eso: entender que las cosas más bonitas se pueden hacer realidad si crees en ellas.
— Este verano has actuado en el Blaumarí y en el BARTS, en el escenario de artistas emergentes. ¿Cómo ha sido la experiencia?
— Fue precioso. Yo nunca había tocado con mi música aquí, no había tenido la posibilidad todavía. Los dos espacios fueron increíbles. El Blaumarí fue en medio del mar, mi ecosistema al 100%, y el BARTS fue en Barcelona, en el Poble Espanyol, un espacio precioso.
Y es muy curioso porque llegas a un espacio donde estás como un village, una previa a un concierto con un público ya más masivo. Creo que es una oportunidad increíble. Es un espacio al que es muy difícil llegar, a un escenario con un público que no siempre puedes tener, pero aun así sentí mucha calidez de la gente. Pasó una cosa muy bonita: yo explico de dónde vengo, qué quiero, y durante el concierto animo a la gente a cantar algunos mantras o a intentar internalizarlos. Tenía mucho miedo de que esto no pasara, pero la gente se empezó a animar y a cantar. Para una artista emergente, poder tener estos escenarios es increíble.
— ¿Crees que este tipo de altavoz en los festivales te permite ganar más visibilidad?
— Sí, totalmente. Por ejemplo, en el Blaumarí, al bajar del escenario, me vino a hablar mucha gente que no me conocía de nada y se había parado a escucharme. Siento que para darte a conocer es fantástico, y también porque actúa como un altavoz enorme para subir a los escenarios. De hecho, después del Blaumarí pensé: "Cuando estoy en España, necesito quizás más este empuje". Te ven productores o gente de la industria, y al acabar te vienen a decir: "Mira, Cris, nos ha gustado mucho". Es como una cadena que se alimenta sola.
Estoy muy agradecida, y además en los dos festivales la gente fue súper humana y cercana. Sin ir más lejos, en el BARTS me vino a ver un hombre que me explicó que había ido a un concierto totalmente diferente, pero que mi música le había removido cosas personales. Ostres, nunca sabes dónde te encontrarás a alguien que conecte realmente con tu mensaje.
— Como artista emergente, entiendo que es complicado hacerse un hueco. ¿Cómo lo trabajas en el día a día?
— ¡Uf, es muy difícil! Al principio decía: "Lo hago todo yo", pero poco a poco te vas aliando con otra gente. Cuando empiezas a moverte por Cataluña o por el resto de España, ves la necesidad de buscar apoyo profesional para determinadas tareas. Es muy duro: llegar a los festivales y que te paguen cuesta mucho, pero incluso conseguir tocar sin cobrar tampoco es fácil. Pero te tengo que decir que a mí todos los festivales me pagaron, y estoy muy agradecida.
Yo soy una persona que siempre paga a mis músicos; si la banda en vez de cinco solo podemos ser tres, seremos tres, pero todo el mundo cobra, aunque yo no gane. Y es que además de ser cantautora, tienes que hacer de manager, de contratadora... Bajo mi punto de vista, ser artista es un 30% del trabajo y el 70% restante es llevarlo como una empresaria.
Ser artista es un 30% del trabajo y el 70% restante es llevarlo como una empresaria.
— ¿Puedes vivir de la música o tienes que hacer malabares como muchos artistas?
— Hago malabares. Tengo muchos trabajos y no me avergüenzo en absoluto. Lo digo abiertamente: tengo un sueño, que es este disco de cantautora, y además hago un género que es difícil que funcione comercialmente de inmediato. Estoy todo el verano haciendo de todo. Cristina Lamar compone y canta sus propias canciones, pero también hago bolos de jazz, de boleros y trabajo en una oficina. Quiero decir, todo lo que sea necesario para tener después la libertad absoluta de hacer el disco que yo quiero tal como lo imagino.
Podría dedicarme a otra cosa más comercial, pero no haría la música que me representa. El día que esté haciendo algo que no me gusta, nada de esto habrá servido de nada. Si me tuviera que llevar un premio haciendo una música que no siento mía, sería una persona muy triste. Si se tienen que hacer malabares y compaginar mil cosas, se hace. Y cuando la gente me lo pregunta de verdad y me dicen: "Cris, ¿tú qué estás haciendo ahora?", yo les explico mis horarios sin problemas: de ocho a cuatro en la oficina, a las cuatro me pongo a componer o a gestionar los proyectos de Colombia, y por las noches hago bolos. Y no pasa nada, estoy muy contenta.
De ocho a cuatro en la oficina, a las cuatro me pongo a componer o a gestionar los proyectos de Colombia, y por las noches hago bolos.
— En pleno 2026, ¿cómo crees que se encuentra el sector de la música y qué cambios crees que necesitaría hacer?
— El sector vive demasiado atrapado en tendencias efímeras, en el culto a la fama rápida y en grandes espectáculos de fuegos artificiales por miedo a que la gente se aburra. Además, faltan salas intermedias y a veces se da demasiado altavoz a proyectos que luego no funcionan en directo. Aun así, el público está empezando a pedir música auténtica y de verdad. El reto es cuidar el directo para que la gente vuelva a conectar con el arte de tú a tú, apostando por la proximidad y la sinceridad por encima de la superficialidad.
El público está empezando a pedir música auténtica y de verdad.
— Y ya para terminar, Cristina, si tuvieras que definir tu música en una sola frase, dirías...
— Es música hecha con el corazón y para el corazón.
