¿Qué sentido tienen las palabras escritas en un libro que no abrimos? El mismo que las notas musicales de una partitura que no se hacen sonar en ningún instrumento. Melodías, canciones e himnos, en corales, coros y capillas, nos permiten atravesar las fronteras del tiempo. Rescatar de cajones, baúles y archivadores de iglesias repertorio musical de la época antigua, y conseguir volver a hacerla escuchar hoy es una de las tareas en manos de musicólogos como Bernat Cabré Cercós.
Es un trabajo minucioso, casi como el de quien busca huellas dactilares para reconstruir hechos. Cabré, en su rescate de documentos antiguos, busca las instrucciones para reconstruir atmósferas musicales silenciadas por el paso del tiempo. “Lo que yo hago es dar una segunda oportunidad a aquella música que está allí, durmiendo el sueño de los justos. Hay música que se lo merece más, y otra que se lo merece menos, pero tú tienes que actuar libre de prejuicios y, una vez lo tienes delante, ya te das cuenta de si aquello ha valido la pena o no”.
Aparte de su trabajo académico, Bernat Cabré dirige un posgrado de recuperación de patrimonio musical en el Ateneu Universitari Sant Pacià, y desarrolla también actividad editorial, relacionada igualmente con la recuperación de patrimonio. “Siempre estoy poniendo en marcha o participando en proyectos que tienen relación, sobre todo con mi especialidad, que es la música antigua, la música del paso del Renacimiento al Barroco, entre los siglos XVI y XVII, que es donde me muevo”.
Cabré estudió Historia del Arte y después hizo un doctorado de Musicología. Cómo en el arte de amar, que primero requiere conocer, este arqueólogo de partituras y otros documentos antiguos que permiten reconstruir la historia de la música disfruta de sus investigaciones porque sigue el hilo de algo que ya conoce. “Me siento muy bien con la música de la primera mitad del siglo XVII, entre el Renacimiento y el Barroco, encuentro en ella una especie de sinceridad”, dice.
El último año, sin embargo, Cabré ha hecho una pausa en toda esta tarea, para dedicarse a comisariar el Any Cercós, la conmemoración de los cien años del nacimiento de Josep Cercós y Fransí, que presenta a este compositor, pianista y teórico musical nacido en Barcelona, y tío de Bernat Cabré Cercós.
Estos días, y hasta el 17 de mayo, el Museu de la Música de Barcelona acoge la exposición Josep Cercós, rara avis. La muestra, organizada por Bernat Cabré, junto a la historiadora de música Helena Martín-Nieva, descubre a Cercós como figura clave de la renovación musical catalana de posguerra. Murió en 1989.
El retrato biográfico de Cercós coincide en el tiempo y el espacio, en el Museo de la Música, con el repaso de la trayectoria de la organista Montserrat Torrent, que había sido amiga de Josep Cercós. El pasado 17 de abril, Torrent celebró los cien años de vida asistiendo a la inauguración de la muestra sobre su vida. Hoy, aunque centenaria, continúa interpretando música con el órgano. Hasta el próximo mes de octubre se podrá visitar la exposición que abre los actos del Any Montserrat Torrent, que repasa la vida y la obra de esta barcelonesa que fue maestra de órgano de Bernat Cabré.
“Me enviaba a la Biblioteca de Catalunya a buscar manuscritos, documentos originales de musicología, y aquello me fascinaba”, comenta Cabré. Porque en esta actividad confluyen sus dos grandes aficiones: la música y la historia. Fueron Montserrat Torrent y el también músico y musicólogo Enric Gispert, quienes orientaron a Bernat Cabré hacia las capillas de música. Gispert dirigía la capilla de música de Santa Maria de Mar y Bernat, estimulado por estos dos referentes, cantó en ella.
Con Bernat Cabré como comisario del Any Cercós, desplegamos, pues, a dos personajes a la vez, dos hombres del mundo musical artífices, a su manera cada cual, de un pedazo de la historia de la música en Catalunya. Al tío y al sobrino, la música ha dado un camino de vida. Josep Cercós se había formado en Barcelona con Ricard Lamote de Grignon y Cristòfor Taltabull, y había ampliado sus estudios en Suiza. Quiso ir a buscar un contacto directo con los núcleos de vanguardia europea, y acabó estableciendo vínculos con creadores como Luigi Nono o Iannis Xenakis. Su lenguaje, que él mismo definía como “especulación”, se fundamenta en un sistema interválico propio que dota a su obra de una coherencia y exigencia excepcionales. “Mi tío fue el primer músico de nuestro país que fue a estudiar en Suiza para conocer a los vanguardistas”, relata el sobrino.
Además de compositor, Cercós fue redactor de Espasa Calpe y, con motivo del Any Cercós, la musicóloga y arquitecta Helena Martín Nieva ha recopilado todos los artículos que publicó hasta su jubilación, hacia los años sesenta. Cercós fue también pianista en escuelas de danza, donde acompañaba al piano el movimiento de las bailarinas. De hecho, explica Cabré, “su mujer, Carme Calvet, tenía una escuela de danza en l'Hospitalet de Llobregat, en las clases de la cual Cercós tocaba el piano”. El catálogo de Josep Cercós incluye obras para piano, balés, música sinfónica y de cámara y varios ciclos de canciones, entre los cuales destaca Los bellos caminos, sobre textos del poeta Miquel Martí i Pol.
Ser el comisario del Any Cercós ---dice Cabré--- “es un privilegio, un honor y una suerte para mí”. Como persona directamente implicada en este relato de vida, por su vínculo afectivo con el conmemorado, hermano de su madre, y con quién había tenido una buena relación, considera que esta celebración y todos los actos que ha incluido y los que todavía se hacen, como la exposición en el Museu de la Música, “es un acto de justicia, porque considero que es una persona que se merece tener un lugar importante en la historia de la música catalana, y, por lo tanto, para mí ha sido ejercer un acto de justicia”.
Rescatar el sonido del pasado
La conmemoración ha contado, además, con un estreno, que no solo recupera una obra clave de Cercós, sino que repara simbólicamente un largo silencio en la historia de la música catalana. Es una sinfonía con una historia tan excepcional como la música misma. Fue compuesta el año 1954, pero la pieza musical no se estrenó nunca porque las circunstancias de la posguerra no eran favorables para la música, y todavía menos para la cultura catalana. Cercós presentó la obra al Premio Ciudad de Barcelona, con la esperanza que pudiera ser interpretada, pero no obtuvo el galardón.Frustrado por la situación, tiró la partitura a una papelera de la calle. Y fue el poeta Joan Brossa quién la rescató, y aquello permitió que hoy esta obra haya podido finalmente ver la luz. Sobre esta anécdota, el compositor y director de orquesta de Sant Pere de Ribes, Xavier Pagès-Corella, interpreta que esto refleja “la dificultad extrema de ganarse la vida como músico en la posguerra, incluso habiendo escrito obras de esa envergadura”.
Cabré es un colaborador asiduo del archivo de la iglesia del Pi, porque sus estudios siempre han estado centrados básicamente en el repertorio de las capillas de música en esta época en Catalunya, y muy especialmente en las de Barcelona. Y, tal como explica, “la iglesia del Pi conservó su archivo, no fue destruido durante la Guerra Civil, como sí que pasó con el archivo de Santa Maria de Mar. En la iglesia del Pi hay un fondo musical muy importante y hemos hecho ya varios proyectos de recuperación de este material”.
"Hacer que una pieza suene es la máxima aspiración que tengo siempre como musicólogo, y que he tenido la suerte y el privilegio de poder lograr en muchos casos"Después, la documentación se estudia. Es el trabajo de los musicólogos dedicados a esto. “No se puede decir que salvamos documentación, pero sí que participamos en proyectos de catalogación de fondos musicales que todavía se mantienen indocumentados”, comenta. En Catalunya ---dice--- “hay muchos fondos musicales antiguos, de los siglos XVII, XVIII y XIX y de los primeros años del XX, que están pendientes de catalogar”. Y todo aquello que no se cataloga -comenta- “es como si no existiera, porque no sabemos qué hay”. Ahora Cabré participa en el proyecto IFMuC (Inventarios de los Fondos Musicales de Catalunya) de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), que es una iniciativa de recuperación de patrimonio “en el cual se catalogan archivos y, por lo tanto, sí que se podría considerar un proceso de salvación de documentación”.
A partir de la catalogación y, en consecuencia, de hacer que aquella documentación exista ---añade Cabré--- “se puede proceder a su rescate como documento sonoro, si estamos hablando de partituras. Y el siguiente paso es convertirla en un documento moderno que permita ser interpretado, que sería la operación máxima de rescate. Hacer que una pieza suene es la máxima aspiración que tengo siempre como musicólogo, y que he tenido la suerte y el privilegio de poder lograr en muchos casos”. Lo ha hecho a través de proyectos con su hermano, Josep Cabré, que también es músico, organizando conciertos donde el hermano dirigía o cantaba, “a partir de un repertorio salvado, que sabíamos que existía, en la Biblioteca de Catalunya o donde fuera, pero que nadie lo había cogido todavía y convertido en una partitura moderna y lo había hecho sonar”, explica.
Aunque el musicólogo ---puntualiza Bernat Cabré--- “no solo trafica con partituras, a pesar de ser una parte fundamental de los documentos con los cuales trabajamos. También hay todo un tipo de documentación paralela que se relaciona, como son los libros de cuentas de las parroquias, por ejemplo, por saber qué cobraba cada cual o quién cobraba”.
Acercarse a la música antigua
“Conocer y entender el lenguaje de una época es la base. Después, aquel material te lo haces tuyo, entras y participas, a pesar de la frontera del tiempo, que es muy difícil atravesar. Pero, en cuanto a la codificación musical, ya has entendido cómo funciona, y trabajas a partir de aquí”, precisa.En su trayectoria como organista, ha habido dos órganos principales para Bernat Cabré: el de la parroquia de Santa Maria de Gràcia en Barcelona, que tocaba en durante su época de estudiante, y el órgano de la catedral de Solsona, que tocó del 1995 al 1998. “Son los dos que yo he conocido bien, porque he hecho de organista en estas iglesias”. Comenta que “todos los órganos son muy diferentes los unos de los otros, por eso todo el mundo va loco para tocarlos. Además de alguno en Galicia y a Sevilla, donde Cabré ha hecho conciertos, también otros en la ciudad de Barcelona, en un momento u otro los ha tocado. Una de las obras de su repertorio pidió a su tío que la compusiera. “Me llamaba por teléfono para decirme: mira, he hecho esto, escúchalo, y a través del teléfono, me iba haciendo escuchar lo que iba componiendo”, rememora.
Y, ¿Cómo lo tenemos que hacer para acercarnos a la música antigua? Cabré nos dice: “Si es alguien muy alejado del mundo de la música, yo empezaría con la música barroca, de finales del barroco, que quizá es la más asequible, la de la primera mitad del siglo XVIII, que es muy directa y próxima”. Pero también sugiere, para quien quiera hacer una primera cata de esta escapada al pasado sonoro que llenaba templos, escuchar al compositor italiano Claudio Monteverdi, que, “a pesar de ser de inicios del barroco, de la primera mitad del siglo XVII, nos podemos sentir próximos a ella. Y es un compositor fascinante”.
