Allí donde situamos hoy al barrio del Camp del Arpa, en 1877 se constituía el Foment Martinenc, un centro obrero y con espíritu de avance ideológico impulsado por jóvenes de Sant Martí de Provençals. En los documentos fundacionales se cita que su finalidad es la de colaborar en la instrucción y, ciertamente, la actividad pedagógica del Foment puso su grano de arena en la tradición de la escuela catalana. En paralelo, el excursionismo, una peña de ajedrez, la peña azulgrana -de las más antiguas de Catalunya-, la danza y el juego del billar han amenizado. y todavía hoy lo hacen. las tardes de muchos vecinos. También un grupo de teatro que ha dado vida en el escenario a los personajes de obras de Guimerà, Ignasi Iglesias, Serafí Pitarra y de los principales dramaturgos catalanes y españoles.
Estos días, el grupo de teatro Abraxas, del Foment Martinenc, representa Els Pastorets, y ya van 45 Navidades que los escenifican. Ricard Sentís es uno de los actores. Explica que durante el año participan en los diferentes grupos de teatro de la entidad, organizados por edades, unas veinte personas, sobre todo seniors, pero la función de Els Pastorets reúne a una cincuentena de exmiembros del grupo que lo dejaron o que quizás ya no viven en el barrio, y se suman a ellos familiares e hijos de actores, parientes o gente de la entidad que forma parte de otras secciones del Foment. Todos ellos, los días 3 y 4 de enero próximo, a las seis de la tarde, volverán a actuar ante el público, consolidando una tradición que en la vida de muchas personas añade sentido a estas fiestas, por el reencuentro familiar y social que significa y porque interpretar un personaje sobre de un escenario contribuye a adquirir destreza en la oralidad, la comunicación no verbal, a la vez que socializa, lleva a sentirse parte de un grupo.
“Yo empecé a hacer teatro en primero o segundo de ESO, y lo hice más o menos cada año. Estudiaba en la escuela de las Vedrunes y siempre hacíamos alguna obra de teatro. A los 13 o 14 años hice Els Pastorets y, con otros cinco participantes dijimos que lo habíamos pasado muy bien y buscamos dónde los podríamos continuar haciendo. Y uno de ellos conocía el Foment Martinenc. Empecé en el grupo juvenil y después pasé al senior. He sido actor y he dirigido. Ahora soy ayudante de director de Els Pastorets. Pero cuando hace falta un técnico de luces, lo hago también y otros días actúo, o me pongo en la mesa de sonido”, dice Ricard. Y añade que no tienen director fijo, que “cualquiera de los miembros del grupo puede presentar un proyecto y dirigir y, si al resto le parece bien, lo llevamos adelante”.
Así se organizan y van preparando obras que representarán durante el año la mayoría de los grupos de teatro de aficionados. Sus miembros ensayan cada semana en el local de una entidad social, cultural, parroquial, vecinal, un centro cívico o casal de barrio. En Catalunya hay cerca de 345 grupos de teatro amateur que forman parte de la Federació de Grups Amateurs de Teatre de Catalunya. Muchos de ellos se agrupan en coordinadoras que hay organizadas por todo el territorio. En Barcelona, hay veintiocho grupos coordinados, “que quiere decir que comparten obras y colaboran más estrechamente entre ellos, con actividades conjuntas”, según explica quien está al frente de la Coordinadora de Barcelona de Grups de Teatre Amateurs de Catalunya, Carles Cuní.
La contribución de estos grupos de teatro al tejido cultural y social del país se ha visto reconocida con las diversas Creus de Sant Jordi y Medallas de Honor que muchos de ellos han ido recibiendo a lo largo de los años. Sin embargo, Cuní considera que es una lástima que la sociedad “no admire lo suficiente este trabajo que mueve a tantísima gente, que lo prepara todo sin recursos. Con sus propias herramientas, hacen obras a coste cero. Y se hace muy buen teatro de aficionados”.
Carles Cuní: "Con sus propias herramientas, hacen obras a coste cero. Y se hace muy buen teatro de aficionados”
El homenaje de La Cubana
Pues bien, la compañía La Cubana, con la obra ‘L’amor venia amb taxi’, de Rafael Anglada, ha querido rendir este homenaje, reconocimiento y admiración de aquello que puso la semilla en muchos de sus actores y actrices: el gusto por el teatro.El año 1959 se estrenaba en el mismo Teatre Romea de Barcelona L’amor venia amb taxi. Estos días, y hasta el 15 de febrero, los actores de la compañía La Cubana vuelven a escena esta recreación para poner en relieve el teatro de aficionados.
Es su recuerdo de agradecimiento, también, a los ateneos, sociedades recreativas, centros parroquiales y asociaciones de vecinos donde tantos actores y actrices empezaron a subir a escena aquellos primeros papeles ensayados durante el año. “El teatro de aficionados -dicen- es una tradición artesanal que no se debería dejar morir”. Y -precisan- “hablamos de teatro de aficionados y no amateur porque a veces la palabra amateur se ha utilizado mal para diferenciar esta actividad de lo que es profesional, cuando cobrar o no cobrar por un trabajo no tiene nada que ver con la profesionalidad, sino con la seriedad y la responsabilidad que pones cuando haces una cosa”.
Tablas desde la infancia
Ariadna Clapés es una de las actrices de L’amor venia amb taxi, al Teatro Romea. Explica que cuando era bebé ya participó en el teatro del Centre Parroquial San Vicenç de Sabadell haciendo de niño Jesús en Els Pastorets. Con ocho años, hizo de árbol a Blancanieves en las obras de teatro que ensayaba como actividad extraescolar. Después fue miembro de las óperas infantiles del coro del Teatre La Farándula. “Me aferré al teatro, al canto, a todo este mundo de artes escénicas para gestionar mejor las emociones, y creo que mucha gente lo ha hecho, en el inicio, para esto”, dice.Reconoce que ha tenido “la suerte de crecer en una familia donde el arte estaba muy presente. Mi padre y mi madre se conocieron en el Esbart Dansaire de Sabadell y han bailado siempre allí. Yo ya estaba en la barriga de mi madre mientras ella bailaba. Mis abuelos paternos se conocieron haciendo Els Pastorets en la Faràndula y al cabo de unos años también los hice yo. Mis padres decidieron que mi hermana pequeña hiciera de niño Jesús a la Faràndula y yo en Els Pastorets de San Vicenç”. De hecho, su bisabuelo fue uno de los fundadores de La Faràndula y el abuelo fue uno de los escenógrafos y directores de Els Pastorets de la Faràndula y la abuela había hecho de Sant Miquel y de Virgen María, en muchísimas obras.
“En Sabadell hay muchísimo teatro y se crea mucha comunidad. Yo, además, había llegado a hacer sesenta funciones de un mismo musical, y esto me ha dado un aprendizaje enorme para después pasar al mundo profesional”, afirma Clapés. Ella cree que todavía irá a más la afición al teatro, porque “las tecnologías y las redes sociales dan la sensación de que estamos conectados, pero en realidad no lo estamos, y la gente necesita formar comunidad de verdad. Y en L’amor venia amb taxi se habla de todo esto, que cada cual tiene su papel en esta comunidad”.
Ariadna Clapés: "Yo ya estaba en la barriga de mi madre mientras ella bailaba"Su compañero en escena en esta obra de La Cubana, Rubèn Montañá, también valora todo el poso que el teatro de aficionados le ha dejado. En este caso, en Badalona. Con once años se apuntó al Círcol de Badalona, en aquel momento Círcol Catòlic, primero para hacer talleres de teatro para niños y después ya se vinculó a la compañía estable. Els Pastorets era la función fija cada año, durante la infancia y la adolescencia junto a un par o tres de obras más. “Ahora ya no actúo, pero todavía estoy vinculado y en el 2021 hice Els Pastorets por última vez. Hasta que entré en el Institut del Teatre para profesionalizarme, lo combinaba todo”, explica. “Y dentro de una entidad como esta no está solo el teatro, había un esbart, el baloncesto, y las actividades acaban siendo parte del tejido cultural de la ciudad, porque te piden que aportes, por ejemplo, recreaciones históricas. Los ayuntamientos tiran mucho de los grupos de aficionados al teatro de la ciudad, para muchos actos durante el año”, dice.
Además de hacer piña social, “también aprendes mucho realmente, porque haces cursos con profesores que son muy profesionales. Nosotros nos lo tomábamos muy seriamente, aprendías mucho, y hacíamos montajes con mucho rigor. Cuando te dedicas profesionalmente, te das cuenta del valor que tiene todo esto, la gran cantidad de textos clásicos que has defendido en el escenario, y tú ya tienes aquella experiencia previa que es muy valiosa”. De hecho, es una ganancia personal que, tal como expone Rubèn, también se nota en la escuela. “En las clases, cuando tieníamos que hacer una exposición oral, leyendo en voz alta, había mucha diferencia entre quien había hecho teatro y quien no”.
Él reconoce que, en parte, se apuntó a teatro porque era tímido. Siente que “el teatro es vida y con él haces un crecimiento personal. Estás recreando otras personalidades, situaciones que no vives, pero que escenificas, y enfrentarte a un público, tener la humildad de equivocarte creo que es algo importante. Este sufrimiento delante del público, no saber qué pasará te da la libertad de relativizarlo todo. En escena no piensas en aparentar nada, sino en hacer lo mejor en aquel momento, y esto es una cosa muy terapéutica. Cuando haces teatro, desaparece tu vida y tu futuro, el público en aquel momento te hace aterrizar y tienes la sensación de que el tiempo va más despacio. Supongo que por eso engancha tanto el teatro, sea profesionalmente o no. Cuando lo has probado y pasas un tiempo sin hacerlo y vuelves, te parece que ya no puedes vivir sin hacerlo, por la adrenalina por los minutos expuestos y a la vez muy bien acompañado”.
Incluso considera que en el ámbito pedagógico estaría muy bien implantar el teatro en las escuelas. “Genera empatía de grupo y pide mucha dedicación, creando ilusión con muchos ámbitos artísticos diferentes, te hace sacar cosas tuyas, y no solo beneficia a quién sale a escena, sino a todo el mundo que participa de un proyecto así”. Él, que además de ser actor, escribe literatura para niños y jóvenes, también ha dado clases de teatro a adolescentes. “Muchas veces, los alumnos más descolgados o desmotivados en el aula, muestran en el teatro una madurez vital que hace que estén más presentes que otros. Esto pasa porque se encuentran metidos en una actividad que los está abduciendo”.
Rubèn Montañá: "En escena no piensas en aparentar nada, sino en hacer lo mejor en aquel momento, y esto es una cosa muy terapéutica"También la actriz Alicia Puertas lo ha vivido, en las clases que durante una treintena de años ha impartido en escuelas e institutos. “El teatro fomenta la perseverancia y la constancia, que es muy importante, y te concentras en un objetivo común, concretando en una representación final, dedicas mucho de tiempo a una misma pieza. A través de un trabajo repetitivo y constante, se logra un trabajo conjunto”. Ha podido ver que “alumnos con un recorrido muy malo e incluso absentistas, la asignatura de teatro no se la perdían, y se había visto un cambio en ellos que revierte en las otras asignaturas, porque iba implícito ese trabajo de perseverancia”. Puertas empezó al Casal familiar recreativo de Manresa y actualmente imparte clases en el Institut del Teatre.
Casals y ateneos por toda la ciudad
Los Lluïsos d’Horta, los Lluïsos de Gràcia, el Ateneu Popular La Flor de Maig del Poblenou... cada barrio ha sabido concretar sus propuestas de teatro para los vecinos de cerca y de lejos. En el Centre Cultural Els Catalanistes de Sant Andreu se hace teatro desde el año 1866. Por su escenario pasaron el cantante de ópera Joan Gual y la actriz Rosa Maria Sardà. Desde la entidad, explican que actualmente hacen teatro unas veinticinco personas que llevan a escena unas cinco o seis obras al año, en las cuales pueden actuar de dos a doce personas.“Los pequeños grupos de teatro son un espacio de encuentro en el cual, al cabo de unos días se crea una complicidad. Y tienes la sensación de estar con amigos o al menos, compartiendo la experiencia de este arte en un espacio de confianza”. Son palabras de la actriz Mercè Rovira, que después de licenciarse en arte dramático en el Institut del Teatre, se ha formado para aprovechar los recursos del teatro para ayudar a personas con necesidades especiales.
En el Casal de Gent Gran Bascònia de Sant Andreu, también hacen teatro. “Este año son una docena. Empezamos hace 37 años primero haciendo teatro-radio. Cada cual ensayaba su personaje y lo hacíamos ante el público, pero sentados. Ahora lo hacemos en un local del Casal”, explica su presidenta, Nuria Sulé Solé. Dos veces por semana se ensaya y hacen una o dos obras al año. Ahora tienen entre manos los ensayos del Plat de Crema, de Àngel Guimerà.
Monólogos en escena
El actor Andreu Casanova, que hasta el 1 de marzo actúa en el Teatre Goya con su monólogo Tinder Sorpresa, también ha pasado desde sus inicios por escenarios de diferentes barrios, algunos de los cuales ya no existen. Empezó en una compañía amateur en el Eixample y pronto se dio cuenta de que la improvisación le gustaba mucho. “Me aficioné mucho a ver impro. Me movía cosas que yo sentía que iban más allá del entretenimiento, y sentí que quería hacerlo. En una función, has sido policía, chófer de limusinas, has podido volar, creas historias desde cero, de la nada, y esto es mágico”, comenta. Y la premisa más fuerte y básica de la impro -añade- es que no hay error, te da libertad absoluta”, afirma.
La fórmula de los micros abiertos que invitan monologuistas a experimentar ante público en bares y todos los pequeños teatros de barrio ubicados por toda Barcelona son un camino a la socialización y a compartir buenos ratos con energía muy real y humana, que nos planta, de golpe, en el momento presente.
Y es a todo ello a lo que La Cubana aplaude con su espectáculo L’amor venia amb taxi. Hasta el 15 de febrero, en el Teatre Romea.
