“Que un niño tenga su futuro predestinado por la pobreza de su familia es algo que como sociedad no nos podemos permitir”. La pobreza infantil es uno de los principales retos a los que se enfrenta Barcelona, y no lo hace solo desde la administración pública, o desde el sector privado. Es un reto que se combate sobre todo desde las entidades del tercer sector, que se erigen como un motor imprescindible de cohesión.
Este es solo uno de los retos a los que se enfrenta la ciudad. El acceso a la vivienda, el desempleo, la soledad no deseada, la salud mental, y tanto otros representan un desafío para la cohesión de cualquier gran ciudad —Barcelona incluida—, al igual que “la herencia de la pobreza” que ha atacado Marc Simón, subdirector de la Fundació la Caixa. Lo ha hecho en un diálogo de Rethink BCN y la Societat Barcelonesa d’Estudis Econòmics i Socials (SBEES) de Foment del Treball, junto a la presidenta de la Fundació Roure, Llum Delàs, y al co-CEO de Catalonia H&R y presidente de la Fundación Get Up, Guillermo Vallet.
La relevancia de esta dimensión social es difícilmente cuantificable en datos, pero las cifras ayudan a ilustrarla: más de dos millones de personas son atendidas cada año por entidades del tercer sector, y más de medio millón de personas se moviliza año a año como voluntarias. Más de 300 de ellas lo hacen a través de la Fundació Roure, como ha explicado Delàs. La entidad, arraigada en Ciutat Vella, trabaja desde hace más de tres décadas para mejorar la calidad de vida de los vecinos más vulnerables, desde múltiples ángulos, incluso insospechados, como una tienda de artículos de segunda mano, un supermercado solidario y una escuela de costura.
Así, “la Barcelona social es un activo a menudo menos visible que otros, pero igual de determinante”, como ha defendido el presidente de Foment del Treball, Josep Sánchez Llibre. De hecho, la labor de las entidades es indispensable para avanzar hacia una sociedad más cohesionada, porque “no hay progreso ni futuro sin cohesión social”.
Y esta labor, en Barcelona, viene de lejos. La vocación de compromiso de la sociedad catalana “tiene raíces profundas”. Ahora, esta vocación sitúa la densidad de las entidades sociales en la ciudad muy por encima de la presente en otras capitales europeas: “La vitalidad de las entidades sociales nos coloca delante de una oportunidad: convertir Catalunya en un país que haga de la dimensión social una autentica apuesta de futuro”.
Tres mundos que alinear
Toda esa potencia y dinamismo del ámbito social catalán se ve multiplicado cuando se trabaja en colaboración con la administración y con la empresa. “Cuando los tres mundos se alinean y se ponen al servicio de las personas, pasan cosas extraordinarias”, ha defendido Felipe Campos, consejero delegado de Aigües de Barcelona y director de Acción Social de Veolia, en la apertura del diálogo.Así, empresas y administración pública deben unirse a la mirada social del tercer sector. “Es una responsabilidad que tenemos todos hacia la mejora de la sociedad”, ha reivindicado Simón, en una apuesta por la colaboración público-privada en la que ha coincidido Delàs como condición básica para avanzar.
Ayudar a “alzar el vuelo”
Como ha destacado la presidenta de la Fundació Roure, el tercer sector no está simplemente para dar y asistir: está para acompañar a las personas a “alzar el vuelo”, para dar herramientas para que salgan adelante por ellas mismas. Con la misma óptica trabajan desde Get Up, impulsada a raíz de la pandemia para apoyar a familias en riesgo de exclusión social a través del empleo, como ha destacado Vallet.“Nosotros entendemos que el asistencialismo puede cronificar. Es importante ver cómo encontramos el equilibrio entre ayudar e impulsar vidas, y que las personas puedan salir de la precariedad y sean autosostenibles en el tiempo”, y por eso la fundación no solo se centra en la inserción laboral, sino también en la formación en economía familiar y en el bienestar emocional.
“Hay mucha gente dedicada a que Barcelona funcione mejor, a que la gente pueda salir adelante, y no vivir de un asistencialismo barato y de unas subvenciones que no sirven para nada”, ha añadido Delàs. En este sentido, para salir adelante, no solo importan los recursos económicos, sino también acompañamiento.
Y ese acompañamiento no se puede hacer igual desde la administración, según Simón, motivo por el que el tercer sector se erige como clave. Es por una cuestión de proximidad con las personas vulnerables. Y es que “la proximidad enseña más que las estadísticas”, como ha defendido Delàs: las estadísticas pueden retratar realidades y tendencias, pero las necesidades se detectan y se acompañan mejor de primera mano.
Las entidades sociales son las que mejor conocen esas necesidades y cómo hacerles frente, para construir una Barcelona cohesionada que avance al mismo ritmo para todos sus ciudadanos. El tercer sector lo tiene claro, y la ciudad también, como ha plasmado el presidente de la UFEC, Gerard Esteva, al cerrar el acto: “Barcelona será social, o no será”.
