Durante unas horas, el World Trade Center de Barcelona reunió a más de 500 jóvenes con una misma pregunta de fondo: qué se puede hacer hoy para que el futuro sea más sostenible. La escena formaba parte del Dream BIG — imaginPlanet Challenge, una jornada organizada por Imagin, el neobanco impulsado por CaixaBank, que reunió a estudiantes de universidades y centros de formación profesional de toda Catalunya en un formato de hackathon intensivo. Cuatro horas; equipos de tres personas, más de un centenar de ideas, y un objetivo claro.
El ritmo fue el de cualquier proceso creativo comprimido al límite: idear, estructurar, aterrizar y defender. Cada equipo llegó a presentar un pitch de dos minutos frente a un jurado formado por profesionales del ecosistema emprendedor. Lo suficiente para ver qué hay detrás de una idea cuando se le da forma.
Desde dentro, la sensación fue clara. “Se vivió con una energía brutal. Desde el primer momento hubo una sensación muy clara de ilusión, creatividad y ganas de construir”, explica Teresa Buxeda, manager de imaginPlanet Challenge. “Más que un hackathon, fue una demostración de talento colectivo”, añade. Entre todas las propuestas, hubo una que terminó destacando. Fue BIOTOPIA, el proyecto impulsado por tres jóvenes —Yiyan, Eric y Yuren— que se llevó el reconocimiento final con una propuesta que conecta tecnología y naturaleza desde un punto poco habitual: transformar residuos marinos en estructuras capaces de regenerar ecosistemas.
La idea parte de una lógica sencilla, aunque su desarrollo no lo sea tanto. A través de impresión 3D e inteligencia artificial, el equipo plantea diseñar biotopos —estructuras que replican hábitats naturales— utilizando materiales recuperados del propio mar. Estas piezas se adaptan a cada entorno concreto y, una vez reintroducidas, actúan como soporte para la biodiversidad, facilitando la recuperación de ecosistemas degradados.
La idea no surge desde la teoría, sino desde la experiencia. “Todo empezó con un viaje a las Islas Galápagos. Ver aquel ecosistema marino nos llevó a plantearnos una pregunta que ya no pudimos ignorar: ¿por qué algo así no puede regenerarse también en otros lugares del mundo?”, explican desde el equipo. Aquí está también el matiz clave del proyecto. “No limpiamos el océano, lo reconstruimos”, resumen.
Lo que se vio durante la jornada apunta a algo que va ganando peso: cada vez más proyectos empresariales nacen en entornos educativos, en espacios donde todavía no existe la presión del mercado, pero sí una mirada más abierta sobre los problemas. En ese cambio de enfoque también coinciden desde la organización. “Hoy muchos jóvenes emprenden con una mentalidad mucho más conectada al propósito. Ya no se trata solo de montar una empresa, sino de construir algo relevante”, señala Buxeda.
El imaginPlanet Challenge funciona precisamente como ese primer impulso. No solo plantea un reto, sino que acompaña en el proceso. Desde la formación previa —con herramientas basadas en metodologías como el Design Doing— hasta la posibilidad de convertir una idea en un proyecto real. No es casual que el programa haya superado ya los 10.000 participantes en sus cinco ediciones anteriores, ni que algunos de los proyectos nacidos en este contexto hayan terminado consolidándose como empresas activas. Casos como Ecodeliver, Atom H2 o MYCO apuntan a una misma dirección: el emprendimiento joven ya no es una fase previa, sino el inicio de un recorrido real.
El reconocimiento a BIOTOPIA implica ahora un siguiente paso. El equipo accederá directamente a la final del programa en Madrid y optará a una experiencia de inmersión en Silicon Valley, donde podrá desarrollar su proyecto en contacto con uno de los ecosistemas de innovación más consolidados del mundo. Para ellos, el recorrido no termina aquí. “El hackathon fue el punto de partida, no el destino”, explican.
Pero el valor de la jornada está también en lo que ocurre antes, en ese momento en el que una idea todavía es solo una posibilidad, pero empieza a tomar forma. Una vez más, Barcelona aparece como escenario natural de este tipo de dinámicas: una ciudad donde la innovación convive con la educación, y donde el talento joven encuentra espacios para activarse.
