Barcelona, ciudad de rodajes: un plató cada vez más solicitado

Rodaje de la película 'Birdbox Barcelona', con Mario Casas.
Rodaje de la película 'Birdbox Barcelona', con Mario Casas.

2.758 producciones rodaron en Barcelona en 2025, una cifra que retrata el boom audiovisual de una ciudad donde encontrar una localización es solo el primer paso. Detrás de cada rodaje hay permisos, logística, equipos y un tejido audiovisual catalán que afronta el reto de crecer al mismo ritmo que una demanda que no deja de aumentar.

09 de septiembre de 2026 a las 05:30h

Una céntrica calle de Barcelona queda cortada al tráfico. Varios camiones de producción ocupan las plazas de aparcamiento. Mientras tanto, los técnicos descargan focos, cámaras y micrófonos, los actores repasan el guion y la Guardia Urbana regula la circulación. Para muchos vecinos, encontrarse un rodaje en el portal de casa —e incluso coincidir con algún actor internacional— es una escena cada vez menos excepcional. 

De hecho, Barcelona funciona cada vez más como un auténtico plató al aire libre: con sus calles, plazas, parques y edificios emblemáticos —pero también cotidianos— convertidos en escenarios de películas, series, anuncios y videoclips. Solo en 2025, 2.758 producciones nacionales e internacionales —entre largometrajes, series, programas de televisión, campañas de publicidad, videoclips y otros formatos audiovisuales— rodaron en Barcelona, según datos de la Barcelona Film Commission (BFC), la oficina municipal encargada de facilitar y coordinar los rodajes en la ciudad. 

Pero ¿qué hay detrás de estas más de 2.700 producciones? ¿Qué hay que movilizar previamente para que un equipo pueda empezar a rodar en una calle de Barcelona? ¿Cuántos permisos, equipos y profesionales hay implicados en un rodaje de estas características, y cómo se gestiona el impacto sobre los vecinos, los comercios y el espacio público? Y, una vez las cámaras se marchan, ¿qué impacto deja toda esta actividad en la ciudad?

Solo en 2025, 2.758 producciones nacionales e internacionales rodaron en la capital catalana, como la serie Day One, protagonista de la última entrega de ¡Luces, cámara y... Barcelona!

Después de repasar durante estos meses de verano, con ¡Luces, cámara y... Barcelona!, algunas de las películas y series más emblemáticas rodadas en la ciudad, toca mirar qué pasa cuando las cámaras todavía no han empezado a grabar. Porque detrás de cada rodaje hay una industria que busca localizaciones, tramita permisos, mueve equipos y coordina decenas —o cientos— de profesionales.

Y para entender qué papel juega hoy la ciudad de Barcelona en el mapa audiovisual internacional, basta con mirar los datos con cierta perspectiva. A principios de la década anterior, en 2010, la ciudad registraba 1.948 producciones, según los datos de la Barcelona Film Commission. Quince años después, la cifra supera las 2.700 anuales, y en varios años de la década pasada llegó a superar las 3.000 producciones anuales.

Eduard Gil (Clúster Audiovisual de Cataluña): "Barcelona ha pasado de ser una ciudad interesante por sus emblemáticas localizaciones a convertirse en un verdadero hub audiovisual"

Pero, como remarca Eduard Gil, mánager del Clúster Audiovisual de Cataluña, la evolución del sector no se puede explicar solo por el número de producciones que eligen Barcelona como plató, sino también por toda la actividad, las empresas y los profesionales que se han ido concentrando alrededor de estas producciones. “Barcelona ha pasado de ser una ciudad interesante por sus emblemáticas localizaciones —desde el Gótico hasta la costa— a convertirse en un verdadero hub audiovisual”. 

¿Y qué ha cambiado para que Barcelona pueda dar este salto? Según Gil, una de las claves es que la ciudad ya no solo ofrece localizaciones atractivas, sino también buena parte de los recursos necesarios para hacer posible una producción. “Barcelona —y Cataluña— concentran toda la cadena de valor”, remarca. Es decir, que cuando una gran producción aterriza en la ciudad dispone de toda una red de profesionales y empresas especializadas en equipamiento, técnicos, transporte, servicios de producción o postproducción, sin tener que traer toda esta infraestructura desde fuera. Una red que no ha dejado de crecer y que hoy ya tiene una dimensión de récord: el sector audiovisual catalán —que casi representa el 3% del PIB catalán— factura 9.120 millones de euros, agrupa 4.457 empresas y da empleo a 44.986 profesionales, según los últimos datos de ACCIÓ.

Esta dimensión también ha hecho crecer la capacidad de Cataluña para asumir producciones cada vez más complejas y atraer proyectos que llegan de más allá de sus fronteras. Sergi Ovide Maudet, director general de Ovide —empresa de alquiler de material audiovisual, con más de 25 años de experiencia, tanto en proyectos locales como internacionales, y sede en Barcelona y Madrid—, ha vivido de cerca esta evolución. “El auge de las grandes plataformas, sobre todo a raíz de la pandemia, ha provocado un boom de las grandes producciones que también se nota en la ciudad”, afirma.

Rodaje del film Cronos, recientemente estrenado, en La Rambla. © Michael Oats -

Las grandes producciones crecieron especialmente después de la pandemia, cuando —con millones de personas encerradas en casa— el aumento del consumo de series y películas en las plataformas disparó la demanda de nuevos contenidos. En los últimos años, sin embargo, el mercado se ha estabilizado. “Barcelona, pero también otras ciudades como Madrid, han ido ganando peso en el mapa de las grandes producciones, mientras que otros centros icónicos, como Los Ángeles, han ido perdiendo”, explica Ovide.

Los datos de origen conocido dibujan también este cambio de dimensión. De las 587 producciones de las cuales la Barcelona Film Commission pudo identificar la procedencia en 2025, 370 eran de Cataluña y 130 del resto del Estado. Las 87 restantes correspondían a producciones internacionales, con 20 proyectos procedentes del Reino Unido, nueve de Francia y siete de Alemania, además de otros llegados de lugares tan lejanos como Estados Unidos, China, Nueva Zelanda, Singapur o Israel.

Sin embargo, aunque el auge de las plataformas ha redefinido el mapa de las grandes producciones audiovisuales, no todas las producciones que llegan a Barcelona son grandes filmes internacionales. De hecho, la publicidad continúa liderando la actividad de rodaje en la ciudad, con 949 producciones en 2025, seguida de los programas y reportajes de televisión, con 392, y de la ficción y los formatos dramáticos, con 277, sin olvidar los videoclips musicales, que sumaron 146.

Los otros protagonistas del rodaje

Sea cual sea el formato, hay una gran parte del rodaje que queda fuera de plano y sin la cual ninguna producción podría empezar. De hecho, según Cristina Latorre, jefa de producción especializada en publicidad y formatos televisivos como La Gran Cita, el dating show presentado por Dulceida y producido por Incís y 3Cat, todo este proceso se puede alargar entre dos y tres meses, una vez el casting ya está hecho. 

Rodaje de La Gran Cita, el dating show presentado por Dulceida y producido por Incís. -

Durante este tiempo, la producción debe empezar a encajar todas las piezas. Primero, encontrar la localización adecuada, una decisión que depende del guion y de la imagen que se quiere transmitir, pero también de factores mucho más prácticos, como la disponibilidad del espacio, el presupuesto o si los camiones de producción pueden acceder. Después llegan los permisos, las reservas de espacio, la planificación de los desplazamientos y la coordinación de los diferentes equipos. Cuando el rodaje ocupa la vía pública, a todo esto se añade la necesidad de minimizar el impacto sobre los vecinos, los comercios y la circulación.

Una tarea de coordinación que no es menor, porque detrás de las cámaras hay muchos más equipos y profesionales de los que se ven en la pantalla: dirección, producción, equipo técnico, transporte, catering, montaje y, cada vez más, perfiles especializados como las coordinadoras de intimidad, encargadas de garantizar que las escenas íntimas se rueden con seguridad y consenso. La dimensión de este engranaje se hace evidente en producciones como La Gran Cita, donde el equipo técnico llegó a reunir un centenar de personas, a las que hay que sumar otro centenar de participantes dispuestos a encontrar el amor ante las cámaras. Con tantas personas, vehículos y equipos implicados, tenerlo todo coordinado requiere “una planificación milimétrica”, como remarca Latorre.

"En Barcelona no existe un único permiso o tasa de rodaje, sino que la tramitación depende de las dimensiones del equipo, del espacio que se quiere ocupar y del impacto que tendrá sobre la vía pública"

Antes de llegar a este punto, sin embargo, una de las primeras grandes tareas de esta preproducción es, precisamente, encontrar las localizaciones. La oferta de Barcelona es, en este sentido, uno de sus principales atractivos. La Barcelona Film Commission dispone de un directorio con más de 825 localizaciones, entre calles, edificios, espacios naturales o equipamientos privados, que las productoras pueden consultar a través de su directorio.

En el caso de los espacios privados, esto implica comprobar su disponibilidad, negociar las condiciones con los propietarios y encajar el coste dentro del presupuesto. Cuando se trata de espacios públicos, sin embargo, la planificación es todavía más compleja: no solo hay que encontrar el lugar adecuado, sino comprobar si se puede rodar, en qué condiciones y qué permisos hay que obtener.

La Barcelona Film Commission dispone de un directorio con más de 825 localizaciones, entre calles, edificios, espacios naturales o equipamientos privados.

Localizaciones y permisos: así se rueda Barcelona

En la ciudad, de hecho, no existe un único permiso de rodaje, sino que la tramitación depende de las dimensiones del equipo, del espacio que se quiere ocupar y del impacto que tendrá sobre la vía pública. Un equipo pequeño —de hasta diez personas entre personal técnico y artístico y con un máximo de un trípode— que trabaja sin interrumpir la actividad habitual puede acogerse a una autorización básica, gratuita y que se puede solicitar hasta 24 horas antes. En cambio, una producción que supera estas condiciones o altera de alguna manera la actividad habitual de la calle debe tramitar una licencia de ocupación del espacio público.

En este caso, la solicitud debe presentarse con al menos cinco días laborables de antelación y comporta una tasa de gestión de 89,80 euros, que debe abonarse antes de iniciar el trámite y que no se devuelve aunque la solicitud sea rechazada o anulada. A esta cantidad se puede añadir la tasa propiamente dicha por ocupar la vía pública. En el caso de las filmaciones, esta es de 480 euros por día o fracción cuando se utilizan menos de diez vehículos, y de 600 euros cuando se utilizan diez o más, independientemente de otros servicios que pueda requerir el rodaje. 

Si es necesaria la intervención de la Guardia Urbana, por ejemplo para regular el tráfico, también se pueden sumar las tasas correspondientes a los servicios prestados. Sin embargo, los rodajes culturales considerados de interés general pueden beneficiarse de una reducción del 90% de la tasa de ocupación, una bonificación que no se aplica a otras producciones como, por ejemplo, la publicidad. 

Rodaje de la serie 'La vida en Barcelona', creada por Katina Medina, una de las directoras de la popular Emily in Paris. 

La complejidad de estos permisos también tiene que ver con el volumen de rodajes que concentra la ciudad. El hecho de que Barcelona reciba cada vez más peticiones de producciones implica una mayor coordinación con la administración, ya que cada producción puede requerir permisos, ocupación del espacio público y la intervención de diferentes servicios municipales. Como remarca Cristina Latorre, “no es que sea necesariamente más difícil rodar en Barcelona, pero sí más burocrático que en otras ciudades, precisamente por la alta demanda”. 

Estas gestiones burocráticas aún se complican más en determinadas localizaciones, que disponen de procedimientos y autorizaciones propios gestionados por otros departamentos municipales, más allá de Vía Pública. En los parques y jardines, por ejemplo, hay que solicitar un permiso específico —con un mínimo de 15 días naturales— para cada ocupación, indicando la ubicación, la fecha y los metros cuadrados que se quieren ocupar. Además, espacios como el Park Güell, tienen una regulación propia, por su condición de Patrimonio Mundial por la UNESCO y no se autorizan rodajes que no tengan una finalidad científica o formativa vinculada al patrimonio. 

Por su parte, los mercados municipales también tienen unas condiciones particulares para evitar interferir en la actividad comercial. En el caso de la Boqueria y Santa Caterina, por ejemplo, los equipos pueden ser de máximo cinco personas y una cámara al hombro, y cualquier parada afectada debe dar su consentimiento. En estos espacios, una filmación para un spot publicitario o un largometraje puede llegar a los 847,80 euros por día y mercado. El coste es aún más elevado en los cementerios municipales, donde las peticiones se estudian caso por caso: rodar entre cuatro y ocho horas cuesta 1.400 euros, mientras que una jornada de hasta doce horas puede llegar a los 2.100 euros.

Determinados espacios, como parques y jardines, disponen de procedimientos y autorizaciones propios. 

Toda esta complejidad tiene sentido porque Barcelona ofrece un abanico de localizaciones especialmente amplio. Pero, entre calles, plazas, edificios y equipamientos, no todos los espacios despiertan el mismo interés. Los datos muestran que Sant Martí, el Eixample y Ciutat Vella son, de manera recurrente, los distritos que concentran más actividad desde que Barcelona comenzó a registrar la actividad de rodaje, en 2010. Y el 2025 no fue una excepción: Sant Martí encabezó la lista, con 600 rodajes, seguido del Eixample, con 557, Ciutat Vella, con 508, y Sants-Montjuïc, con 394.

Si bajamos del distrito al barrio, sin embargo, el mapa cambia. El Poble-sec fue el barrio que concentró más rodajes en 2025, con 263, seguido de Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera, con 185, y del Parc i la Llacuna del Poblenou. Más allá de los barrios, algunos espacios singulares también concentran una parte importante de la actividad fílmica: la Presó Model sumó 93 permisos; el Port Vell, 45; el Parc de la Ciutadella, 43; y el Mercat de la Boqueria, 42.

Escena del rodaje de la serie Ravalear. © Lucía Faraig

Más allá del rodaje

Cuando las cámaras se van de estas localizaciones, sin embargo, la actividad no desaparece con ellas. Un rodaje moviliza hoteles, restaurantes, transportes, empresas de seguridad, alquiler de material, catering, postproducción y toda una red de profesionales y empresas que forman parte de la cadena de valor audiovisual. “Una gran producción es casi una industria temporal que se instala en la ciudad”, remarca Eduard Gil, y que, por lo tanto, genera un impacto que va más allá del propio rodaje.

De hecho, solo 30 largometrajes y series gestionados por la Barcelona Film Commission generaron un gasto estimado de 68 millones de euros en la ciudad en localizaciones, material técnico, transporte, alojamiento, alimentación, personal y otros servicios. Pero el impacto no es solo económico: las producciones audiovisuales también contribuyen a proyectar Barcelona ante audiencias de todo el mundo.

El reto de la ciudad, sin embargo, es aprovechar este impulso para hacer crecer y consolidar el tejido audiovisual catalán. Es aquí donde, según Ovide, Cataluña todavía tiene margen de crecimiento: la oferta de grandes platós insonorizados sigue siendo limitada, más allá de infraestructuras como el Parc Audiovisual de Catalunya, en Terrassa, y esto puede condicionar la capacidad de asumir proyectos de mayor envergadura. El reto, en definitiva, es que Barcelona no sea solo el lugar donde las producciones vienen a rodar, sino también el lugar donde encuentran una industria consolidada capaz de acompañarlas.