Hace no tantos años, la red móvil predominante era el 3G. Hoy, el 5G se ha convertido en una tecnología prácticamente omnipresente. Pero mientras la ciudadanía aún se adapta a ella, laboratorios y empresas de todo el mundo ya trabajan en la siguiente frontera: el 6G. Más que un simple salto de velocidad, esta nueva generación de telefonía móvil aspira a transformar la forma en que personas, dispositivos y entornos se conectan e interactúan. Por ahora, sin embargo, el 6G todavía no es una realidad comercial, sino una línea de investigación, con infraestructuras de todo el mundo definiendo las bases del futuro de las telecomunicaciones. Y es precisamente en esta fase clave —cuando aún hay que decidir qué será posible y en qué condiciones— cuando la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) impulsa el 6GLabNet, una infraestructura pensada para avanzar en el desarrollo y la prueba de tecnologías de 5G avanzado y 6G.
Esta nueva infraestructura, pionera en el Estado y una de las pocas que existen en Europa, tiene un objetivo claro: crear un entorno real donde probar y validar estas nuevas redes de telefonía móvil. Pero se trata de mucho más que un simulador informático o un laboratorio: es, en realidad, “una red privada de comunicaciones móviles como la de los operadores comerciales, pero pensada para hacer investigación”, explica Anna Umbert, profesora de Escola Tècnica Superior d’Enginyeria de Telecomunicació de Barcelona (ETSETB) y una de las impulsoras del proyecto. “El hecho de poder hacer pruebas en un entorno real hace que te encuentres con problemas que un simulador no te da”, añade la investigadora, desde interferencias de otros dispositivos o condiciones ambientales variables.
En la práctica, el 6GLabNet se concreta en una red de fibra óptica de alta capacidad que conecta dos puntos estratégicos para la UPC: el Campus Diagonal Nord, en Barcelona, y el Campus del Baix Llobregat, en Castelldefels. En total, 32 kilómetros de fibra óptica, gracias a una infraestructura cedida por la Generalitat de Catalunya, en la que cada campus funciona como nodo de envío y recepción de datos. La plataforma es fruto del trabajo de varios grupos de investigación del Centro de Comunicaciones Avanzadas de Banda Ancha (CCABA) de la UPC en el marco de los proyectos 6G-OpenLab (iniciado en septiembre de 2022) y ELEGANT (iniciado en abril de 2023).
Financiada con cerca de cuatro millones de euros del programa europeo Horizon 2020, la infraestructura utiliza frecuencias reservadas para uso propio, lo que permite a la universidad operar su propia red móvil sin depender de un operador comercial. Es la universidad, por tanto, quien gestiona los dispositivos, controla el funcionamiento de la red y define los servicios de forma independiente. Así, a diferencia de las redes de telefonía móvil de los operadores comerciales, condicionadas por factores como el elevado volumen de usuarios, las interferencias o las limitaciones regulatorias, la red permite recrear escenarios que se asemejan mucho a los del mundo real, pero con control total de las condiciones.
Aunque el proyecto ya abre la puerta a la generación 6G, se prevé que esta nueva generación de telefonía móvil no sea una realidad comercial hasta 2030. Hasta llegar a ese horizonte temporal, centros de investigación de todo el mundo trabajan para definir sus requisitos, servicios y tecnologías necesarias. “Ahora mismo estamos en fase de especificación, una fase clave porque permitirá después fabricar los dispositivos compatibles”, recuerda Umbert.