"Hay tres gremios en Barcelona que son capaces de paralizar o movilizar a la ciudad: el de los taxistas, el de los arquitectos y este: el de la restauración". Lo comentan un círculo de personas que conversan bajo la bola de espejos de La Paloma, "una auténtica institución de la Barcelona immortal" —como diría Lluís Permanyer—. Son uno de los más de 700 invitados a la octava edición de la fiesta en honor a Santa Eulàlia que ha organizado este martes el Gremi de Restauració de Barcelona.
La restauración barcelonesa ha celebrado así su particular liturgia anual: una mezcla de sector, ciudad y escena cultural que, por cuarto año consecutivo, ha tenido como escenario la histórica sala de fiestas de El Raval. Restauradores, representantes institucionales, actores, empresarios y rostros habituales de la vida cultural barcelonesa se han reunido un martes a mediodía para una celebración que, más que un acto corporativo, funciona como un pequeño termómetro del ánimo colectivo de la ciudad.
Entre la nutrida representación de la vida política, económica y cultural de Barcelona destacan el presidente del Parlament, Josep Rull, que ha abierto el acto; el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, y el conseller de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, Òscar Ordeig. La convocatoria ha congregado además a los expresidentes de la Generalitat Artur Mas y José Montilla, así como a representantes de los distintos grupos municipales del consistorio barcelonés. Entre los invitados se han dejado ver también figuras con larga trayectoria en la política local, como Alberto Fernández Díaz, Paco Sierra, Sònia Recasens, Janet Sanz o Esther Capella. Y nombres conocidos del mundo cultural, empresarial y mediático de la ciudad, entre ellos Lluís Sans, Jordi William-Carnes, Magda Oranich, Queco Novell o el Padre Apeles.
En una sala llena también de restauradores, la presidenta del Gremi de Restauració de Barcelona, Núria Solà, es capaz de resumir muy bien el espíritu del encuentro: “Si hay una cosa que la inteligencia artificial no hará nunca es comer y beber". La frase provoca sonrisas cómplices entre un sector que vive precisamente de algo tan físico, social y humano como sentarse a una mesa.
El presidente del Parlament, Josep Rull, ha recogido esa idea para reivindicar el papel del sector en la vida de la ciudad. La restauración, ha dicho, es “un termómetro del estado de ánimo de la ciudad y del país”. Y ha añadido: “Necesitamos autoestima colectiva, como sector y como ciudad”. En tiempos inciertos, celebraciones como esta —ha apuntado— son “un homenaje al amor por la vida, a la alegría y al disfrute”.
El momento central del encuentro —además del manjar— ha sido el pregón del actor Alberto San Juan, premiado con dos Goya y recientemente nominado a mejor actor protagonista en los Goya 2026 por La cena. La actriz Melani Olivares, amiga y compañera de escenarios desde los años noventa, ha sido la encargada de presentarlo y ha recordado sus inicios compartidos sobre las tablas, destacando tanto su talento como su calidad humana.
El actor ha declarado también su “amor” por Barcelona, recordando sus primeros viajes a la ciudad y la relación de amistad que mantuvo con la actriz Rosa Maria Sardà, que le descubrió Barcelona, sus barrios y algunos de sus restaurantes emblemáticos, como Cal Pinxo o el 7 Portes. Sardà, ha explicado, se convirtió en su particular guía por una ciudad formada por barrios muy distintos entre sí, pero con “una identidad muy poderosa”.
San Juan ha evocado también algunos momentos felices vividos en la ciudad —desde actuaciones en la Fundació Miró hasta una saeta cantada desde un balcón de La Rambla— y ha confesado que La Paloma es “un sitio en el que fui muy feliz”. “Fuimos familia con la gente de aquí”, recordó.
La parte final de su intervención ha tomado un tono más grave enmarcada en el contexto geopolítico. “La vida está en peligro”, ha advertido, aludiendo al clima de tensiones y conflictos internacionales. Ante ese escenario, ha defendido una idea clara: "no a la guerra y no a la violencia".
La celebración ha terminado entre conversaciones cruzadas, reencuentros y brindis, con ese aire de reunión transversal que a menudo define los encuentros del sector. Una mezcla de política, cultura y restauración que, como recordaba uno de los asistentes bajo la bola de espejos de La Paloma, sigue teniendo una capacidad singular para movilizar a las grandes esferas de Barcelona.
