Del abismo a la "venganza creativa": el viaje emocional de los directores emergentes en los Goya

Trobada nominacions millor direcció novella
Trobada nominacions millor direcció novella

Más allá de los focos, la gran ceremonia del cine deja en Barcelona un legado intangible, a través de un programa de proyecciones, talleres y encuentros que buscan inspirar y despertar nuevos talentos

17 de febrero de 2026 a las 02:06h

Hay ciudades que sirven de escenario de película y otras que terminan escribiendo el guion. Estos días, Barcelona demuestra que, más allá de haber inspirado historias y personajes, la ciudad es también un motor de la industria cinematográfica. Un cuarto de siglo después de que la gala de los Premios Goya abandonara por primera vez su sede habitual en Madrid para aterrizar en la capital catalana, la ciudad vuelve a vestirse de gala con motivo de su cuadragésima edición. Más allá de reafirmar el buen momento del audiovisual catalán —un sector que factura más de 9.000 millones de euros al año—, la gran fiesta del cine llega con la voluntad explícita de dejar huella y convertir su paso en un legado duradero.

Esta ambición se concreta en un extenso programa de actividades que se prolonga durante todo el mes de febrero hasta la celebración de la gala —sábado 28 de febrero en el Auditorio del Centro de Convenciones Internacional de Barcelona (CCIB), presentada por Rigoberta Bandini y Luis Tosar—. Conferencias, conciertos, proyecciones de las películas nominadas en la Filmoteca de Catalunya e incluso la instalación de grandes bustos de bronce repartidos por la ciudad buscan hacer que Barcelona respire cine antes y después de la ceremonia. Pero, más allá del impacto visible, el propósito también es intangible: despertar y consolidar el talento local.

La voluntad de impulsar el talento emergente se concreta en encuentros como el de los nominados a Mejor Dirección Novel, celebrado este lunes en la sede de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE). En Catalunya, de hecho, el talento local no escasea: no es casualidad que tres de los cinco nominados en esta categoría sean catalanes: Jaume Claret Muxart (Estrany riu), Gemma Blasco (La fúria) y Gerard Oms (Molt lluny)—, a los que se suman Eva Libertad (Sorda) —coproducción catalana que llega a la gala con un total de siete nominaciones— y el vasco Ion de Sosa (Balearic). Los cinco llegan a la gala con su ópera prima, culminando años de trabajo sostenido, perseverancia y determinación.

Producir y dirigir una película nunca es sencillo. No solo por las exigencias materiales —la inversión de tiempo y financiación, la construcción de un equipo o de un casting—, sino también por el desgaste emocional que implica mantener un proyecto durante años, especialmente cuando se trata del primer largometraje. "He tenido momentos de abismo, de quedarme sola y pensar: ¿De verdad he arrastrado a tanta gente para sacar adelante esta película?", ha recordado Eva Libertad (Molina de Segura, Murcia, 1978), conectada telemáticamente al encuentro. Un vértigo que no es excepcional, sino compartido entre todos los nominados.

El abismo de la ópera prima

Acostumbrados a los cortometrajes o a otros roles dentro del rodaje —como Ion de Sosa (San Sebastián, 1981), que había trabajado como director de fotografía—, describen el salto al largometraje como una exposición constante al síndrome del impostor y a los monstruos interiores. Sin embargo, estos temores se transforman cuando llega el rodaje. “El miedo desaparece cuando entras al set. Cuando ves a tanta gente conectada con tu proyecto, te sientes acompañado”, afirma de Sosa, quien reivindica la fuerza del trabajo colectivo y la confianza en el equipo, en su caso formado por un elenco que conoce de primera mano por sus anteriores producciones.

No obstante, antes de llegar al set, los directores deben atravesar un proceso largo y, a menudo, solitario, en el que la idea inicial debe transformarse en un proyecto real. Jaume Claret Muxart (Sant Cugat del Vallès, 1998) es un ejemplo: ha tardado siete años en dar vida a Estrany riu, inspirado en sus viajes familiares en bicicleta por Europa, que narra con delicadeza el proceso de enamoramiento del adolescente Dídac al encontrarse con un niño misterioso en las aguas del Danubio. “La persistencia ha sido clave: tenía muy clara la expresividad y la óptica que quería, evitando caer en clichés o estereotipos, y no quería renunciar a ello por limitaciones presupuestarias”, explica Claret, atribuyendo su obstinación en parte a su horóscopo de Tauro.

Encuentro con los nominados a Mejor Dirección Novel en los Goya. © Marta Pich / SGAE
La determinación es esencial para mantener la libertad creativa y evitar que la industria, a menudo prudente ante nuevas voces, termine “estandarizando” los proyectos, como recordaba la guionista y directora Clara Roquet, moderadora del encuentro. Por su parte, Gerard Oms (Barcelona, 1983) —quien comparte con Claret mucho más que el hecho de ser Tauro— tuvo que afrontar una reducción drástica del guion apenas tres meses antes del rodaje. “Descubrí la película que quería hacer dentro de la que realmente podía hacer”, resume, transformando un contratiempo en oportunidad creativa.Para sostener estos largos procesos, que pueden prolongarse durante años, los cinco coinciden en que uno de los motores principales ha sido trabajar con historias que les afectan profundamente, pese a los miedos, los contratiempos técnicos o los límites presupuestarios. Como resume Oms: “las óperas primas contienen mucho tiempo atrás: sumando anhelos y deseos arrastrados durante años”. “Me encanta rodar cosas que me importan de verdad; no quiero hacer cualquier cosa, sino proyectos que me resuenen en las entrañas”, añade Claret. Por eso, la autoficción se convierte en un leitmotiv común en los cinco largometrajes nominados.
Jaume Claret, nominat al Goya a Millor Direcció Novella amb Estrany riu. © Marta Pich / SGAE

Reescribir el trauma: el cine como canal de expresión y reparación

Las películas de esta edición nacen de experiencias que queman por dentro. Gemma Blasco (Barcelona, 1993) describe La fúria —galardonada con el Gaudí a Mejor Dirección Novel— como su “venganza creativa” frente a una agresión sexual que sufrió en el pasado: “Me moría de ganas de contarla gritando, rugiendo, desde las entrañas”. También Libertad sentía la necesidad de hablar sobre las situaciones a las que se ha tenido que enfrentar su hermana Míriam (actriz protagonista de la película) a lo largo de su vida “en una sociedad capacitista”. Una vivencia personal combinada con un intenso proceso de investigación para acercarse a la maternidad, argumento central del film.

“No se trata de hacer terapia a través de la película, sino de protegerla para no desvirtuarla en el camino”

Aunque menos evidente, en el caso de Ion de Sosa, Balearic relata cómo un grupo de jóvenes es atacado por perros violentos en una piscina privada mientras los vecinos celebran alegremente la verbena de San Juan, planteando así una reflexión sobre la crisis de los 40 y las decisiones de los adultos para mejorar el mundo para las nuevas generaciones.

Gerard Oms ha hablado de la sensación “reparadora” de ver a Mario Casas, protagonista de Molt lluny, lavando platos en el mismo restaurante árabe donde él mismo había trabajado en 2008, mientras vivía un momento vital similar al del protagonista. Para él, dirigir Molt lluny —que narra la historia de un joven barcelonés que decide romper con su pasado y quedarse a vivir en Holanda— ha sido un proceso de “resignificación” de un dolor pasado.

Gemma Blasco, directora de La fúria, ganadora del Gaudí a Mejor Dirección Novel y nominada a los Goya. © Marta Pich / SGAE

Gerard Oms asegura que, aunque el rodaje resultó “terapéutico” sin buscarlo, tuvo que alejarse de su personaje para que este “empezara a volar” plenamente. “Si me veía reflejado en él, no le permitía enfrentarse a sus sombras ni abordar ciertos traumas”, relata. Una idea que comparte Gemma Blasco: la autoficción exige distancia. “No se trata de hacer terapia a través de la película, sino de protegerla para no desvirtuarla en el camino”, defiende. Para Blasco, La fúria ha sido una manera de reescribir su propia historia: “Soy yo, pero, al mismo tiempo, no soy yo.”

Para sobrevivir a la presión y al peso emocional del primer largometraje, estos directores apuestan por métodos de trabajo horizontales y humanos. Los actores principales —en algunos casos, profesionales con trayectoria como Mario Casas (Molt lluny), Nausicaa Bonnín (Estrany riu) o Ángela Cervantes (La fúria)— así como los técnicos, son tratados con el mismo cuidado y respeto. Esta forma de dirigir ayuda a desmitificar la figura del “director-dictador”, como recuerda Jaume Claret Muxart.

Los directores apuestan por métodos de trabajo horizontales y humanos. © Marta Pich / SGAE

Además, Blasco compara el cine con un engranaje: cada plano es una pieza, y cada pieza cuenta. Citando al guionista Lluís Aller, recuerda: “Un complejo es un conjunto de sencillos”, recordando que no hay que dejarse abrumar por la magnitud global, sino centrarse en cada uno de los detalles que la construyen.

¿Y ahora qué? La gestión de la expectativa y la presión

Aunque disfrutan del éxito de sus óperas primas, los cinco directores ya sienten la presión del futuro. La industria del cine es rápida y, a menudo, olvida los nombres de la escena tan pronto como se recibe el reconocimiento. Jaume Claret Muxart admite que le preocupa el vacío post-Goya: “Me preocupa tener que volver a pasar por un proceso desgastante de siete años”. Todos coinciden en que el éxito genera una “deuda implícita”: la necesidad de demostrarse a sí mismos y a la industria que pueden estar a la altura de su primera obra. Este temor, sin embargo, lejos de paralizarlos, se ha convertido en un motor que les impulsa a trabajar con más determinación y perseverancia.

Estos mensajes de perseverancia y valentía ante los obstáculos forman parte del legado que los Goya dejan en Barcelona. Más allá de los focos de la gala y de los premios, es en estos encuentros y talleres donde los nuevos directores construyen un relato inspirador, capaz de alentar un talento audiovisual que no escasea en Catalunya.