Penelles y Nueva York, conectadas por el street art

Penelles, un pueblo ilerdense de unos quinientos habitantes, se ha convertido en tan solo tres años en punto de referencia internacional del mundo del grafiti, con decenas de fachadas decoradas por artistas de prestigio y emergentes.
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enelles, en la Noguera, no llega a los quinientos habitantes, pero se ha convertido en un centro neurálgico del street art con alcance internacional. O del rural art, que es como lo denominan Mar López Pinto y Jordi Solsona, dos freelance barceloneses con raíces en la población que son los artífices de este proyecto que ha cambiado la imagen de todo el pueblo. «Queríamos acercar este tipo de arte, que normalmente se encuentra en las grandes ciudades, a las zonas más rurales para, de esta manera, dinamizar la economía de nuestro pequeño municipio». Y vaya que si lo han hecho.

Cada primer fin de semana de mayo desde hace tres años se celebra en el pueblo el Gar Gar Festival, el encuentro de murales y arte rural que ha revolucionado este municipio, que ya cuenta con más de medio centenar de fachadas decoradas con el arte urbano más innovador. Este año han participado 25 artistas de todo el mundo que han dejado su huella en las casas de los habitantes de la localidad y han llenado de visitantes un pueblo que hasta ahora no tenía atractivos turísticos dignos de mención.

Uno de los pioneros y ya amigo de Penelles es el artista visual francés Zeso, que pasó una década pintando en Nueva York. Es uno de los grafiteros más influyentes del muralismo mundial y decoró una pared del municipio el primer año del festival. Este año ha inaugurado la sala de exposiciones paralela al certamen con la muestra «New York Penelles». ¿Qué tienen en común Nueva York y Penelles? «No tienen nada en común, son dos extremos opuestos. Bueno, solamente los grafitis de las paredes», contesta sonriendo Zeso, que ha pasado cuatro meses como el primer «artista residente» en la población este invierno. «Me quedé aquí y creé una instalación que permite a los habitantes interactuar con la obra de arte», explica.

Zeso es el autor de uno de los murales del centro del pueblo, donde aparece una revisión urbana de Alicia en el País de las Maravillas. Sin embargo, en tres años ya son más de cincuenta los muros de la población que cuentan con la obra de artistas nacionales e internacionales como Taker One, Mina Hamada & Zosen, TV Boy, JFAR y muchos otros. Se pueden ver estilos muy variados, desde el realismo, al bodegón, el abstracto o el geométrico, pero todos los dibujos están ligados a la temática rural y natural. «Nos ha sorprendido que varios artistas internacionales, que habitualmente no participan nunca en festivales, hayan querido venir expresamente a Penelles porque les hacía ilusión dejar su obra en una población de la que ya se habla en los circuitos internacionales del street art», explica Mar, comisaria del certamen.

Este año los participantes han sido escogidos de entre 280 solicitudes de grafiteros de todo el mundo que planteaban «propuestas de gran nivel», un hecho que ha dificultado una selección que también tiene en cuenta a los artistas emergentes del territorio como Swen Art y Llukutter. «La mayoría de los escogidos lo hacen por amor al arte, ya que solamente reciben dinero por el material que deben utilizar», continúa Mar. Solamente a los considerados «cabeza de cartel» de cada edición se les paga el transporte y la estancia en el festival.

«Para nosotros también es muy interesante que los habitantes de Penelles acojan a los artistas en sus casas e intercambien sensaciones y vivencias», señala Jordi. Y eso repercute en su capacidad para disfrutar del street art. «Es muy curioso ver cómo la gente de fuera, cuando no entiende lo que pintas te lo pregunta y lo cuestiona». En cambio, la gente de Penelles pasea, mira, capta las ideas y ya no se extraña con el resultado», asegura la artista Vorja Sánchez, que este año ha pintado un muro al lado de la iglesia, inspirándose en formas orgánicas que se ha encontrado por el pueblo y con unos tonos cromáticos que siguen los del templo.

Hace cinco años, nadie habría pensado que en medio de la Noguera, Urgell y el Pla d’Urgell se encontraría un reducto rural convertido en el municipio con más grafitis per cápita del Estado. Sale a un mural por cada siete habitantes, no todo el mundo puede decirlo.

El pueblo ha asumido con entusiasmo el proyecto y una de las pocas condiciones que impone a los participantes es que sus creaciones retraten el mundo agrícola y rural. «También les recomendamos que no traten temáticas políticas ni religiosas porque queremos que sean dibujos respetuosos con los vecinos que tienen que vivir con ellos cada día», explica el alcalde de la población, Eloi Bergós.

Hace cinco años, nadie hace cinco años habría pensado que en medio de la Noguera, Urgell y el Pla d’Urgell se encontraría un reducto rural convertido en el municipio con más grafitis per cápita del Estado. Sale a un mural por cada siete habitantes, no todo el mundo puede decirlo. Ahora, después de tres ediciones del Gar Gar Festival, pasear por sus callejuelas se ha convertido en una visita a un museo de arte urbano al aire libre, en el que cualquier rincón o fachada puede sorprender con un dibujo hecho con espray de las decenas de grafiteros que han dejado marca en Penelles.

Además, poco a poco, este festival se va convirtiendo en punto de encuentro ineludible del mundo del arte urbano. Los artistas comparten horas y días de trabajo y eso les permite conocerse y compartir experiencias. «Yo vengo de Hungría y me va muy bien participar en el Gar Gar porque así puedo conocer la labor que se hace aquí, compartir trabajos y promocionar mi obra», explica Taker One, el autor del mural de un lobo que preside una de las fachadas del pueblo. Este tipo de festivales «son más propios de ciudades grandes como Nueva York, Filadelfia, Londres…», explica este artista, dando así la clave del éxito del Gar Gar: ser capaz de descontextualizar este arte intrínsecamente urbano hasta hacerlo encajar en un pequeño pueblo de la Noguera.