Pau Riba: «Cincuenta años después, ‘Dioptria’ sigue vigente»

Riba inicia la gira 'Dioptria 50' el 12 de abril en el teatro Joventut de L'Hospitalet (Festival Barnasants), con De Mortimers como banda base, y una poblada nómina de invitados entre los que destacan Sisa, Albert Pla, Joan Garriga o la Orchestra Fireluche.

En 1969 se ponía a la venta el primer volumen de Dioptria, obra de Pau Riba considerada unánimemente como la más importante del rock en catalán. Un consenso más que justificado, aunque sea por una vez. Coincidiendo con la efeméride, Riba inicia la gira Dioptria 50 el 12 de abril en el teatro Joventut de L’Hospitalet (Festival Barnasants), con De Mortimers como banda base, y una poblada nómina de invitados entre los que destacan Sisa, Albert Pla, Joan Garriga o la Orchestra Fireluche. El tour previsto pasará por varias ciudades catalanas y de más allá, ya que el 8 de mayo también aterrizará en la sala Fun House de Madrid.

Esta gira de aniversario coincide con una cuidada reedición en vinilo a cargo de Munster Records, que incluye tanto el primer volumen de Dioptria como el segundo, que salió en 1970.

Es un calco de lo que no fue. Cincuenta años después, ha salido el proyecto tal y como yo lo tenía en la cabeza: los dos discos juntos, y detalles como el juego de colores de las hojas de las letras, que originalmente debían ser los de la bandera republicana, y que no salieron con el orden que tocaba, no sé si por accidente o no.

También se reproduce un texto de la empresa Edigsa, atribuido a Ermengol Passola, que replica tu propio escrito de presentación del disco.

Sí, yo había hecho un texto de prosa poética diciendo: me voy, ya tengo bastante, estoy hasta las narices de esta sociedad… A él [Passola] le pareció que esto era demasiado atrevido, y tuvo el prurito de decir: bien, Pau Riba es un jovencito que ahora dice eso, pero ya se hará mayor y ya cambiará de opinión… todo ello con un tono muy paternalista, y hablando como en nombre de todos los catalanes. Por un lado es ridículo, pero por otro es muy surrealista.

Visto ahora, también parece ridículo que no te dejaran presentar el disco en el Palau de la Música.

Bueno, eso fue una parte de una cadena de hechos un poco más larga. Mi primera intención era presentarlo en el Liceo. Quería poner un coche en el escenario, y utilizar ese coche (las puertas, el claxon, el motor…) como un instrumento. A mí me interesaba mucho desde jovencito toda la movida de la música concreta, y había ido a escuchar obras como la Peça per a serra mecànica de Mestres Quadreny. En el Liceo me dijeron que no. Y cuando lo propuse en el Palau, también. Argumentaron que hacía poco había cantado Raphael y que sus fans habían destrozado las butacas. Se ve que Raphael era peligroso malgré lui… Total, que al final presenté el disco en el Price, y ya tiene gracia que en ese momento sólo quisieran mi música en un local donde hacían boxeo.

 

«Va sobre la familia clásica, pequeñoburguesa, católica. En mi casa se ocupaban de todo mi madre y dos tías-abuelas, y mi padre era el que llevaba el dinero para llenar la nevera. Partiendo de estos roles, yo hacía una asociación entre la vieja sociedad y las mujeres, planteando por qué estas mujeres no se rebelaban».

 

Hablando de boxeo, los críticos que cubrieron la presentación del Price te zurraron bastante, ¿verdad?

Sí, sí. No todo fue por mi culpa… De teloneros estaban los Música Dispersa, que tocaron como una hora y media. Y cuando salimos nosotros, a partir de la segunda canción el dueño del local ya le iba diciendo entre bambalinas a Toti Soler [guitarrista de Om] que se nos había acabado el tiempo. Reconozco que en ese momento yo tampoco tenía la disposición de ser una rock and roll star.

El primer volumen de Dioptria, grabado con el grupo Om, tiene un pulso más eléctrico, mientras que el segundo es más folk-psicodélico. ¿Por qué este contraste?

Yo había descubierto a la gente de Om como acompañantes de Maria del Mar Bonet en el disco Jo em donaria a qui em volgués. Me gustó porque sonaban como un grupo internacional, algo que aquí no se había visto nunca, y fui a hablar con ellos enseguida. Pero entre la grabación del primer volumen y el segundo, fui a Formentera para comprobar qué coño era eso del LSD… y allí cambió todo. Después de la experiencia, me pareció que el sonido de Om (no las personas, ¿eh?) era, por decirlo de alguna manera, demasiado capitalista. Me había hecho hippie, y quería algo más de acuerdo con los ciclos naturales y la tierra. Pedí a la gente de Música Dispersa que me acompañaran en el Dioptria II, pero sólo dos de ellos, Albert Batiste y Sisa, aceptaron. Aunque si te digo la verdad, cuando escucho el disco no sé muy bien donde está Sisa…

También hay diferencias temáticas entre un disco y otro.

En el primero pesa mi/nuestro machismo carpetovetónico. Va sobre la familia clásica, pequeñoburguesa, católica. En mi casa se ocupaban de todo mi madre y dos tías-abuelas, y mi padre era el que llevaba el dinero para llenar la nevera. Partiendo de estos roles, yo hacía una asociación entre la vieja sociedad y las mujeres, planteando por qué estas mujeres no se rebelaban. En el segundo ya hablo más de mí, de mi punto de vista. En este es donde está L’home estàtic [El hombre estático], un tema que me había encargado en Jaume Arnella. Me dijo que le hiciera una canción basada en una frase que no sé si es de Fidel Castro o del Che Guevara que dice: no hay que esperar el final del capitalismo sentado en la puerta de casa. Y claro, cuando le canté L’home estàtic, Arnella me dijo que mejor que me lo quedara para mí, el tema.

 

Por suerte existe esta fuerza feminista que incluso se está cargando la identitaria, y eso me gusta. Yo creo que poco a poco iremos hacia un matriarcado, o hacia un pater-matriarcado, que quizá sería lo más correcto

 

Ya ha pasado medio siglo, de todo. Cuando te acercas a estas canciones… ¿no sientes cierto vértigo?

Hombre, hay un cierto no sé qué. Pero no deja de producirme un cierto orgullo ver que algo que hice hace cincuenta años sigue teniendo vigencia. Aunque me siento identificado. Cuando canto estas canciones, no me parece que esté haciendo un retroceso hacia el pasado. No tengo la necesidad de ponerme en el contexto de una época pretérita, aunque es evidente que ha habido cambios serios. En ese momento, por ejemplo, no había irrumpido el espacio virtual como ahora, ni teníamos herramientas de comunicación como las actuales.

Hablando de los cambios sociales, ¿no crees que ahora mismo volvemos a vivir una ola muy conservadora?

Sí, estas cosas dependen mucho del bienestar de la sociedad. A medida que aumenta el bienestar, también aumenta la cosa reaccionaria. Cuando estás repantingando en el sofá con un puro, no quieres oír hablar de revoluciones ni de revolucionarios. Pero si ves que no llegas a fin de mes, ya estás dispuesto a salir a pegar cuatro gritos. La cuestión es que ahora moviliza más la cosa identitaria que no la crematística. Por suerte existe esta fuerza feminista que incluso se está cargando la identitaria, y eso me gusta. Yo creo que poco a poco iremos hacia un matriarcado, o hacia un pater-matriarcado, que quizás sería lo correcto. Pero no me parece que se pueda llegar al pater-matriarcado sin pasar primero por un matriarcado, o por lo menos por una revolución feminista potente.