Paladar de cine: la cocina a través del séptimo arte

Gastronomía y cine son dos de los placeres de la vida y, por supuesto, estaban condenados a encontrarse en filmes donde la comida deja de ser un complemento para convertirse en protagonista
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harles Chaplin saca brillo a un plato vacío mientras espera que la comida que está cociendo esté en su punto: pero de la olla humeante no sale ningún sabroso manjar, sino una vieja bota negra que el genio del cine mudo trocea y saborea como si se tratara de una exquisitez. La escena pertenece a la película La Quimera del Oro, estrenada en 1925 en los Estados Unidos y que es un icono de la relación entre el cine y la gastronomía. En los inicios del séptimo arte, la comida se integró como un elemento habitual de los filmes e incluso adquirió nuevos usos. ¿Cuántos espectadores se han reído al ver como estampan una tarta en la cara de algún personaje? Un recurso usado por primera vez en clave cómica en la película muda Mr. Flip, protagonizada por Ben Turpin en 1909 y que, después, se convertiría en la agresión más dulce que el cine ha inmortalizado jamás.

La cocina ha estado ligada al celuloide desde sus inicios, cuando los hermanos Lumière filmaron a un bebé comiendo, en 1895. Desde entonces, en blanco y negro, en color o en dibujos animados, su presencia se ha ido consolidando, especialmente a partir de los años ochenta del siglo pasado.

Situaciones tan cotidianas como el placer, el deseo, el hambre y las relaciones entre las personas han sido escenificadas tanto alrededor de una mesa bien adornada o en las cocinas de todo nivel como en los mercados o en todo tipo de restaurantes. Tanto es así que permite configurar un “menú del cine”, como hicieron Carme Ruscalleda y su hijo, Raül Balam, en el restaurante Moments del hotel Mandarin Oriental de Barcelona. Ahora bien, la lista de platos vistos en la pantalla es mucho más larga.

Al hablar de cocina europea y cine el primer país que nos viene a la mente es Italia. Desde el enfoque más social donde la comida, o más bien su ausencia, es símbolo de escasez, como en Miseria y nobleza de Mario Mattoli o Rufúfú (I soliti ignoti) de Mario Monicelli, ambas de los años 50, hasta en películas de la mafia como El Padrino, con unos protagonistas que preparan con la misma meticulosidad un crimen que yba suculenta salsa para un plato de pasta. El deleite por la comida es el elemento común y refleja la importancia de la cocina en Italia, como explica Massimo Pascucci, propietario del restaurante Massimo de Barcelona: “Toda la cultura italiana se mueve alrededor de la comida, hasta los grandes negocios se acostuman a firmar en la mesa. Tenemos una herencia muy matriarcal, donde el placer de la gastronomía es muy importante. Para nosotros hacer un plato de espagueti no es solo hervir la pasta y añadir la salsa, es mucho más y las películas muestran esta realidad”. 

 

Pero si hay una película que lleva hasta las máximas consecuencias el placer por la comida es La Gran Comilona (La grande bouffe), una coproducción francesa e italiana de 1973 dirigida por Marco Ferreri y con guión de Rafael Azcona. Los protagonistas son un grupo de amigos que se quieren suicidar comiendo sin límite. La película es un festival gastronómico de platos preparados por uno de los actores, Ugo Tognazzi, y durante todo el metraje los placeres de la comida se mezclan con el sexo. La gastronomía italiana también se convierte en protagonista en Deliciosa Marta (Mostly Martha), protagonizada por una cocinera alemana que ve alterada la monotonía de su existencia por una cuestión familiar y la aparición de un chef italiano que comparte con ella la pasión por la comida del país transalpino.

El cine de Hollywood ha sido sin duda el que más ha calado a la hora de promover hábitos de consumo y nuevas tendencias. Tomar una copa de vino blanco se ha convertido en un símbolo de seducción en las escenas románticas y ha hecho aumentar las ventas de este producto.

La otra gran protagonista de los fogones europeos en el cine es Francia. La exquisitez de sus platos se plasma perfectamente en la película danesa El festín de Babette donde una cocinera francesa prepara un generoso banquete con los mejores ingredientes y una cuidada presentación para ayudar a vencer los problemas de una rígida comunidad de vecinos. Similares efectos tiene el chocolate que la confitera encarnada por Juliette Binoche sirve en Chocolat, la película de Lasse Hallström ambientada en un pueblo francés donde el cacao y sus adornos endulzan el carácter de los habitantes de una localidad muy conservadora. Incluso los dibujos animados han dado protagonismo a esta cocina, con el entrañable chef Remy, una rata que seduce a un exigente crítico gracias a una receta tradicional denominada Ratatoutille, que da título a esta película animada de la factoría Disney.

El cine de Hollywood ha sido sin duda el que más ha calado a la hora de promover hábitos de consumo y nuevas tendencias. Tomar una copa de vino blanco se ha convertido en un símbolo de seducción en las escenas románticas y ha hecho aumentar las ventas de este producto. Otro fenómeno parecido es el de la película Entre Copas, dirigida por Alexander Payne en 2004, que impulsó la venta de pinot noir y la práctica del turismo enológico.

Festivales como Film & Cook, en Barcelona, demuestran que esta relación tiene un largo recorrido: “El cine es el gran altavoz de la gastronomía y el mejor instrumento para poder explicarla”, afirma Verónica Escuer, directora

El fast-food es un de los rasgos de identidad de la cocina de los Estados Unidos y, por supuesto, esto no podía pasar desapercibido en el cine. Como el sandwich de pastrami, carne ahumada y condimentada, que aparece en la escena en la que Meg Ryan finge un orgasmo ante un atónito Billy Cristal en Cuando Harry encontró a Sally o el shawarma, un clásico del fast-food de Oriente Próximo que, después de aparecer en Los Vengadores, aumentó sus ventas en los Estados Unidos alrededor de un 70%.

También el cine mexicano nos ha estinulado el paladar con Como agua para chocolate, una serie de recetas, platos y sabores alrededor de la vida de una joven obligada a permanecer soltera para cuidar a su madre.

La popularidad de Ferran Adrià y los premios internacionales obtenidos por restaurantes y chefs catalanes han aumentado el interés social por la gastronomía y el cine no es ajeno a este fenómeno. Festivales como Film & Cook, en Barcelona, demuestran que esta relación tiene un largo recorrido: “El cine es el gran altavoz de la gastronomía y el mejor instrumento para poder explicarla. Solo se entiende todo lo que hay detrás de la gastronomía con material audiovisual, mcucho más que asistiendo a una comida en un restaurante de tres estrellas”, afirma Verónica Escuer, directora de Film & Cook Festival. En los últimos años, el séptimo arte ha entrado literalmente a la cocina y podemos ver como se elaboró el éxito de elBulli, el restaurante de Ferran Adrià, en la película El Bulli Historia de un sueño.

Imágenes: La Quimera del Oro (1925, Charles Chaplin) / Miseria y nobleza (1973, Mario Mattoli) / La Gran Comilona (1973, Marco Ferreri) / El Padrino (1972, Francis Ford Coppola) / El festín de Babette (1987, Gabriel Axel) / Cuando Harry encontró a Sally (1989, Rob Reiner) / Los Vengadores (2012, Joss Whedon)