Fotograma del video "Violencia Digital". Campaña lanzada por Avon en Argentina.

Mis abuelas ya no lo verán

Ningunear la opinión de la mujer dentro de la familia o en el ámbito profesional, es violencia, una violencia silenciosa pero igual de hiriente y dolorosa. Gracias al trabajo codo con codo de muchísimas mujeres, de su lucha, y también de la de muchos hombres, está emergiendo un halo de esperanza de cambio para acabar con estas barbaridades a las que la sociedad nos tiene acostumbradas

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e sentirían orgullosas de vivir movilizaciones como las que durante este 2018 se están dando a lo largo y ancho del mundo. Acciones lideradas por personas, seres humanos, no solo mujeres, que buscan el amor y la justicia social y luchan a diario por la igualdad y por los derechos de la mujer. Mujeres que caminan abriéndose paso por la selva de la injusticia machista, para dejar una senda amplia y pura a las que ahora son solo niñas. Un camino por el que puedan andar y proyectar sus sueños con la misma confianza en sí mismas y en la sociedad que la que pueden tener los hombres.

Me remonto ahora noventa años atrás. Así se contaba este suceso en 1929, en un escrito en la sección de ‘Tribunales. No hay balance judicial. Sucesos del año’ de La Vanguardia el día 1 de enero, ese mismo primer día del año en que mi abuela cumplía 19 años: “Día 27 de diciembre de 1928: En la calle de la Concordia, Manuel Riera Gener agredió a su exnovia, Ramona Martínez Montes, causándola tres heridas de arma, de pronóstico grave. El motivo de la agresión fue el negarse Ramona a reanudar las relaciones amorosas, que se vio obligada a romper por el carácter violento de Manuel. Este, después de herir a su ex novia, se mató dándose una cuchillada en el pecho”.

Si ella hubiese muerto, sus hijas, nietas y biznietos no hubiesen nacido nunca. Y como el caso de Ramona, miles y miles de familias más. Aquél no fue un caso aislado en ese texto. Aparecían unos cuantos más de la misma índole, todos ellos casos de mujeres inocentes que fueron agredidas o asesinadas a manos de unos hombres que no aceptaban que ellas ejercieran el derecho como persona, a decidir a quién querían amar y con quién querían estar. Así se las gastaban en aquella sociedad de principios del siglo XX que, por desgracia, un siglo después perdura de la misma manera.

Han sido muchos los años en los que la mujeres se han visto sometidas por una sociedad patriarcal, temiendo por su vida, temiendo por la incontinencia de la fuerza del hombre -del hombre malo, más bien-, dominadas por roles de poder machistas, donde la misoginia, el desprecio o el ninguneo ha sido el común denominador de la vida de muchas de nosotras. Y es que las mujeres pasamos de guapas y simpáticas a malas, histéricas, manipuladoras y feminazis en un plis según su vara de medición, porque esa es la reacción que tiene el machista en cuanto se le cuestiona su actitud. Y eso es violencia.

“Sabemos bien que no se puede salir de la violencia sin ayuda, por eso nosotras estamos aquí, para acompañar en todo el proceso, para que las mujeres no se sientan solas, que se sientan comprendidas. Se puede romper el miedo, se puede salir”

Ningunear la opinión de la mujer dentro de la familia o en el ámbito profesional, es violencia, una violencia silenciosa pero igual de hiriente y dolorosa. Gracias al trabajo codo con codo de muchísimas mujeres, de su lucha, y también de la de muchos hombres, está emergiendo un halo de esperanza de cambio para acabar con estas barbaridades a las que la sociedad nos tiene acostumbradas.

En 1998 nació en Barcelona la Associació Ca l’Aurèlia, un equipo de profesionales y voluntarias que luchan contra la violencia machista y las desigualdades sociales, trabajando con y para las mujeres de Barcelona y alrededores. Yo, este año, he tenido el honor de hacer el cartel para ellas, que lleva como lema Juntes amb una sola veu!, con motivo de las actividades que llevarán a cabo durante el 25 de noviembre, Día Internacional contra la violencia hacia las mujeres. Es una ONG pequeña, con tres profesionales a su cargo. Ellas prestan ayuda gratuita a aquellas mujeres que necesitan poder romper con las situaciones de violencia a las que se ven sometidas. “Sabemos bien que no se puede salir de la violencia sin ayuda, por eso nosotras estamos aquí, para acompañar en todo el proceso, para que las mujeres no se sientan solas, que se sientan comprendidas. Se puede romper el miedo, se puede salir.

Hay que desaprender todo aquello que el malvivir y una sociedad machista, ha dejado en cada una de las mujeres”. El escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano, fallecido en el 2015, escribió esta reflexión: “Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de una mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”.

Creemos en las mujeres como motor de cambio social y la solidaridad entre nosotras es un buen camino para conseguir la igualdad y la libertad. Romper con el concepto de víctima: sí se puede. La violencia machista es un fenómeno que puede ocurrir a cualquier mujer, independientemente de la edad, origen, orientación sexual, nacionalidad, situación laboral

Hablamos con Sílvia, una profesional que trabaja en Ca l’Aurèlia:

Silvia, ¿por qué el nombre de Ca l’Aurèlia?

Aurèlia es una mujer que está desde los inicios de la asociación y sigue como voluntaria ayudando a muchísimas mujeres. Ha dedicado su vida a luchar por los derechos de las mujeres y de sus hijos e hijas, des del feminismo. Nuestra asociación en su inicio se creó para ayudar a mujeres que se estaban separando de sus relaciones y todas ellas tenían como factor común la violencia dentro de la pareja.

¿Cómo llegan las mujeres hasta vosotras?

“Mayormente a través de otras mujeres que ya han estado en la asociación y nos conocen. Creando lo que llamamos, “una cadena de solidaridad”, en la que una mujer ayudada aquí, puede ayudar a otras que se encuentran en su misma situación. También nos llegan desde los servicios sociales, hospitales, centros públicos… y ahora muchas a través de internet, accediendo a nuestra página web www.calaurelia.cat.

¿Qué actividades lleváis a cabo?

“Nuestras actividades de atención directa son el servicio de ayuda psicológica individual y grupal, la orientación a nivel jurídico y el servicio de información y atención telefónica. Además promovemos una serie de actividades de participación social y lucha feminista. Participamos en la Plataforma Unitària contra les violències de génere, y estamos coordinadas con los servicios municipales de atención a la Mujer. Tenemos un trato cercano, muy privado y de respeto: de solidaridad entre mujeres. Ca l’Aurèlia es un espacio de crecimiento, de liberación, de compromiso y solidaridad, de romper esquemas y cadenas.

Creemos en las mujeres como motor de cambio social y la solidaridad entre nosotras es un buen camino para conseguir la igualdad y la libertad. Romper con el concepto de víctima: sí se puede. La violencia machista es un fenómeno que puede ocurrir a cualquier mujer, independientemente de la edad, origen, orientación sexual, nacionalidad, situación laboral, etcétera.”

¿Cómo afecta el sistema patriarcal a la hora de pedir ayuda una mujer?

“Las mujeres siempre hemos tenido el rol de cuidadoras de los demás y en el momento en que pedimos ayuda lo hacemos para cuidar a otra persona. Por ejemplo es el caso de muchas mujeres que van a terapia de pareja, que lo hacen para estar mejor con sus maridos, no para estar mejor consigo mismas, ni para empoderarse y sacar todo su potencial, sino para apoyar a su pareja y modificar todo aquello que al otro le pueda molestar. Es así como nos han educado. Aún hoy el hombre no está hecho para mostrarse débil, e ir a un terapeuta es mostrarse débil y aceptarlo y abrir el alma, y a los hombre no les han enseñado a hacer eso. Es ahí, en esos roles, donde se enmarca la violencia”.

¿Hay alguna sociedad en el mundo donde no sea así?

“Lo desconozco pero creo que no. Aunque me alegra saber que los últimos estudios antropológicos apuntan que las sociedades primitivas parece que eran mucho más igualitarias que ahora, en las que las tareas se compartían por ambos sexos, los hijos, la caza, el cuidado de ancianos…. El problema es que la historia de la que venimos se ha ido construyendo desde la visión del hombre: el investigador es hombre, el científico es hombre…, algo en que la mujer no ha podido participar hasta hace relativamente poco tiempo, y el miedo y la responsabilidad como cuidadoras nos ha hecho aceptar este papel”.

“Y es que la violencia es tan visible como invisible, se esconde tras una doble cara. Se manifiesta en la intimidad en muchos casos, en otros se percibe y hasta se hacen chistes con ella. Hace pocos días la Fundación Avon de Argentina lanzó una campaña de concienciación dirigida a los hombres contra el acoso y violencia contra la mujer que se ha hecho viral con el #CambiáElTrato. Tres spots destinados a enseñar las diferentes clases de violencia cotidiana que muchos hombres mantienen en situaciones cotidianas de manera inconsciente casi. El acoso callejero, la violencia virtual en las redes y la violencia doméstica son los tres ámbitos en los que transcurren cada uno de estos spots. Tan solo dos hombres en cada uno de ellos, con un estética minimalista y unos guiones perfectos, nos muestran en 30 segundos el verdadero impacto psicológico de violencia que generan las actitudes que muestran.”

 

La violencia doméstica

“El maltrato es como vivir en una jaula, con el techo encima o sin aire, es violencia. La violencia silenciosa y constante y que no mata. Mentira. Mata igual. Mata la alegría, mata las ganas de vivir, mata la confianza y la libertad”.

 

Violencia Digital

“Sacar fotos o videos de momentos íntimos, sin el consentimiento de la otra persona, es violencia”.

 

Acoso Callejero

“Que las pibas tengan miedo de andar por la calle, que tengan que pensar por dónde van, que tengan que pensar qué ropa se ponen, que tengan que tratar de estar acompañadas, que tengan miedo de andar por algunos lugares porque se van a cruzar con nosotros, todo eso es violencia”.

Qué nefasta es nuestra falta de memoria que hace que no recordemos el amor y el cariño con el que nuestras madres nos recibieron al nacer en este mundo. Mujeres todas. Sin ellas, sin su amor y su alimento, ninguno de nosotros estaríamos aquí. Tal vez si pudiéramos recordar, no existirían estos actos de violencia contra las mujeres.

Yo confío en que las nuevas generaciones de hombres den un paso de gigante y se desmarquen del oscuro lastre histórico que sus antecesores les han dejado. Por un mundo mejor. Que todo el esfuerzo, el amor y la solidaridad nos lleve a buen puerto. Juntes amb una sola veu!