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REALIZACIÓN Y EDICIÓN: MORROSKO VILA-SAN-JUAN

La respuesta al cambio climático pasa por la alianza público-privada

El Dr. Martí Boada ha vuelto a Cataluña hace pocas semanas, después de haber estado trabajando como asesor en la última Asamblea de la UNESCO, celebrada en noviembre y diciembre del 2017: «Los representantes de los más de 140 países de la Asamblea suscribieron con unanimidad que la única vía de solución seria a los grandes problemas ambientales es el modelo de las tres pes, es decir, el Partenariado Público-Privado. Es algo que está clarísimo, hubo un consenso absoluto».

«Los ojos se me abrieron como platos y dije: “Eso es”». El Dr. Martí Boada, eminente naturalista con más de cuarenta años de trayectoria pionera en los campos de la investigación y la divulgación ambiental, me explica cómo en el año 1996 cambió su punto de vista sobre la relación entre industria y medioambiente. Se encontraba en Montreal, Canadá, en el Congreso Mundial de la Naturaleza, , evento organizado cada cuatro años por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y en el que se reúnen 4.000 expertos en gestión de los recursos naturales (en el 2008 se celebró en Barcelona). «Lo que me sorprendió aquel año», reconoce Boada, «fue que el invitado estelar, el conferenciante magistral, no era un científico del mundo de la conservación, sino que se trataba de un industrial que había publicado un par de obras importantes en los Estados Unidos y trabajaba en Silicon Valley. Me impresionó […] llega un industrial relativamente joven, de unos cuarenta años, e imparte una conferencia increíble en la que dice que un industrial […] si es contaminante, no solo no es solidario con la sociedad, sino que es un mal industrial. […] Porque derrocha. […] Está muy lejos de lo que es la producción competitiva, la producción limpia».

Los amplios ventanales licuan la luz color aguardiente de una mañana fría y lluviosa de febrero. El Dr. Boada se pone una chaqueta al salir del despacho: «He estado trabajado desde en la Antártida hasta en el desierto de Chihuahua, y ahora tengo frío… Con los años, el cuerpo cambia…». «Recuerdo a un industrial catalán al que admiro, al que conozco desde hace muchos años: Miquel Torres. Un vinatero notorio, relevante a nivel mundial, y que tiene viñas en California, Chile… Hace muy poco de esto. Durante una sobremesa, me dijo: “Yo me convertí al ambientalismo serio y al sostenibilismo, no por ninguna formulación económica compleja o cambio de actitud intelectual, sino, simplemente, pensando en mis nietos”». El Dr. Boada se explica con parsimonia y con un gesto ciertamente encogido, quizás por el frío que esta mañana nos recoge, «[…] es decir, que un industrial competitivo, con discurso, argumente que lo que le ha convertido, […] es pensar en sus nietos, proyectando, no a corto plazo, sino teniendo realmente en cuenta el futuro de los nietos… Para mí es algo de una belleza sensacional».

«Creo que en el sector industrial catalán, igual que en mi ámbito de la ciencia, para crecer se puede aplicar el principio de Bacon: crecer a partir de la crítica y de la autocrítica… Un industrial que esté estancado en la nostalgia o en formas no responsables de relación con el entorno no va a ninguna parte… Las empresas competitivas están en el discurso de la sostenibilidad porque lo han entendido e, incluso, desde el punto de vista del mercado, les da crédito. “Estamos viviendo una crisis de unas magnitudes sin precedentes, como es esta crisis ambiental… Hay un ruido de fondo, un malestar que inquieta a toda la humanidad”».

EL MALESTAR DEL CAMBIO CLIMÁTICO

Nos hemos encontrado con el Dr. Boada en la sede del Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals, en el campus de la UAB. Se trata de un edificio emblemático, certificado como el edificio de uso académico más sostenible de todo el planeta: funciona con energía geotérmica y el principio de circulación del aire. Martí Boada ha vuelto a Cataluña hace pocas semanas, después de haber estado trabajando como asesor en la última Asamblea de la UNESCO, celebrada en noviembre y diciembre del 2017: «Los representantes de los más de 140 países de la Asamblea suscribieron con unanimidad que la única vía de solución seria a los grandes problemas ambientales es el modelo de las tres pes, es decir, el Partenariado Público-Privado. Sin renunciar a las formas más o menos públicas o a las privadas como entes separados, el futuro está en las alianzas importantes de Responsabilidad Social Corporativa y, sobre todo, en las formulaciones de implicación del capital privado con la inversión pública. […] Es algo que está clarísimo, hubo un consenso absoluto».

«Es decir, [en la escuela] tú puedes hablar de los poetas medievales o del atomismo nuclear, pero no de los empresarios. A mí me sorprende; lo encuentro algo realmente anómalo. Creo que aquí hay alguien que no se explica bien».

Al escuchar esto, yo le pregunto si desde los múltiples sectores de la sociedad catalana esta visión del acuerdo público-privado es tan nítida. La respuesta me sorprende, a la vez que no: «Yo veo que el mundo académico y una fracción de la sociedad civil es muy reticente con respecto al mundo empresarial. Opino que es una cuestión de comunicación complicada, ya que existe una hostilidad hacia el término empresario en determinados sectores que yo, que no soy nada sospechoso de tener ningún tipo de interés personal relacionado, encuentro desproporcionada. […]Yo recuerdo que hace tres o cuatro años, la consellera de Educación (Rigau) intentó que se introdujese en los curricula de básica de Sociales el concepto de empresario, y los claustros no lo aceptaron».

LOS PROBLEMAS AMBIENTALES Y EL ERROR DE LA COMUNICACIÓN FATALISTA

A principios de los años 60, el vertido de residuos en el río Tordera por parte de la industria de los tintes condujo a Boada a un compromiso personal con el medioambiente de su infancia y, por extensión, con el medioambiente de todos los lugares de su futuro. Fue un pionero que, más de medio siglo después, conserva bien adentro aquella primera chispa que encendió la llama de la vocación. «Al principio, como buenos niños, nos hacía ilusión ver que un día el río bajaba rojo y otros días oscuro, a causa de los vertidos que sobre todo realizaba la industria de los tintes. Pero, entonces, cuando vimos que en los huertos y los campos de nuestros padres se morían las plantas y que los peces se quedaban flotando boca arriba, cuando vimos la última nutria… […] me dije a mí mismo que lucharía para que eso no fuese así, con un sentido ético y de compromiso con un mundo que no no sabías hacia dónde iba y en el que, además, […] no había discursos ni análisis articulados al respecto».

El Dr. Boada ha sido una figura clave no solo en nuestro país con la investigación ambiental sino, también, con mucho convencimiento, con la divulgación. Yo, como uno de los miles de escolares catalanes que en algún momento disfrutó de una conferencia del Dr. Boada, subrayo su voluntad divulgativa y meto el dedo en la llaga acerca de un pesar que ya sé que tiene: el fatalismo con que se habla desde los medios o desde diversos sectores sociales de los grandes problemas ambientales. Salta: «Existe un principio de Paul Ehrlich, uno de los científicos más importantes del planeta, […] en el que él habla del «efecto llamara da»: cuando alguien, desde la ciencia, la supuesta ciencia o la divulgación, causa alarma o asusta, el destinatario pone en marcha un mecanismo de defensa mediante el cual desconecta de la información recibida. La comunicación catastrofista no produce ningún efecto; […] La única manera deseable de superar las crisis es a partir del conocimiento, no de la alarma. […] los maestros y profesores, siempre con tanta buena fe a la hora de colaborar con las causas más justas, suelen decir a los niños que si no son buenos en lo que respecta al medioambiente no tendrán planeta. Y esto es una barbaridad en términos de comunicación y en términos de educación.

El antídoto pasa por superar el tópico y sustituirlo por el conocimiento. […]La ciencia tiene que salir del elitismo, del papel, y descubrir cómo puede hacer llegar un nuevo conocimiento a todo el mundo». Y el Dr. Boada ha repartido mucho conocimiento.

El Dr. Martí Boada nació en Sant Celoni y ha vivido allí gran parte de su vida. Ahora ha subido un poco del Montseny hacia arriba y vive en Campins. Es doctor en Ciencias Ambientales, y máster y licenciado en Geografía por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). También es licenciado en Estudios Catalanes por la Universidad de Perpiñán. Cursó Sociología en el Institut Catòlic d’Estudis Socials de Barcelona (ICESB) y Química en la Escola Industrial de Barcelona. Actualmente es profesor titular de la Universitat Autònoma de Barcelona, donde lleva imparte clases y realiza labores investigadoras en el Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals (ICTA) y en el Departament de Geografia de la misma universidad. En el ICTA es director del grupo de investigación  Conservació, Biodiversitat i Canvi Global (Nycticorax). Boada fue distinguido en el 1995 por la ONU con el galardón Global 500, el de Nobel de las ciencias ambientales.

EL MONTSENY COMO CENTINELA

La vida personal y científica de Boada se injerta con naturalidad casi vegetal en el Parque Natural del Montseny, esta reserva de la biosfera que se encuentra tan cerca de casa. O alrededor de su casa, en su caso. «El Montseny es lo que se denomina un espacio centinela, como aquellos perros que tenían los mineros galeses, o los canarios, para adentrarse en la mina… El Montseny no solo nos aporta información local, sino que es extrapolable… Para poder hacernos una idea, a nivel de plantas presenta 1.600 especies de flora superior, mientras que en toda Inglaterra disponen de 1.200. Tiene elementos que encontrarías en Escandinavia, elementos eurosiberianos que encontrarías en la República Checa o en Polonia y elementos mediterráneos. Son elementos muy sensibles a cualquier variación de temperatura. Por ejemplo, los hayedos tienen un estrés hídrico importante, y a medida que la temperatura media ha subido, los hayedos han subido de cota… Es como tener un barómetro».

¿Y qué dice este barómetro a día de hoy? «Que está subiendo de cota el bosque mediterráneo, el encinar está subiendo y está desplazando a los hayedos, que es el paisaje eurosiberiano; al mismo tiempo, el hayedo está desplazando los paisajes más subalpinos. Hay un cambio muy importante en el paisaje, pero a mí no me interesa tanto porque indica un cambio que sabemos cuál es —que va subiendo cota—, pero que no sabemos cuándo parará… Este es el problema más notorio que tiene ahora mismo la humanidad, el cambio climático». Y lo vivimos en directo en el Montseny, este gran indicador global.