Oscars The NBP
Ceremonia de los Oscar 2018. Todd Wawrychuk/ZUMA Press/Newscom/lafototeca.com

Los Oscar: una ceremonia con momentos esperpénticos

Este año la ceremonia de entrega de los premios Oscar llega a su edición número 91. Del tan codiciado Oscar, desde la primera edición, se han fabricado más de 3.000 estatuillas. Convertida en estandarte y trofeo conquistado en el combate por el brillo y en pos de la vida prometida, en un giro altamente simbólico, en el 2000 se encontraron 52 en un cubo de basura. Este es sólo uno de los momentos más hilarantes desde el nacimiento del galardón.
Y

así pasó que la noche del domingo 19 de marzo de 2000 un chatarrero tiene en sus manos 52 estatuillas de los Oscar, auténticas, de las que brillan perpetuamente en un chapado de oro hecho como se hacen los de los telescopios y satélites geoestacionales de la NASA. Podríamos decir, como hiciera Baudelaire del poeta chatarrero: “He aquí un hombre encargado de recoger los desechos de un día en la capital”; para hacer poesía, claro. No: en el barrio coreano de Los Ángeles, un domingo al atardecer, el hombre de los 52 Oscar llama a la televisión para tener su instante estelar de gloria.

La estatuilla de los Oscar, convertida en blasón, estandarte y trofeo conquistado en el combate por el brillo, el color, la fantasía y en pos de la vida promesa: todo a la basura.

¿LARGA VIDA AL TITO OSCAR?

Este año la ceremonia de entrega de los premios Oscar llega a su edición número 91. A las puertas de un tan devastador como entonces imprevisto Crack del 29, el 16 de mayo de 1929 se celebró por primera vez, en una cena privada en el Hollywood Roosevelt Hotel en Los Ángeles, la fiesta anual del cine: un grupo de amantes del séptimo arte decidió constituirse como Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas y organizar una cena privada con 36 mesas de banquete, a la que asistieron 270 personas y las entradas costaban 5 dólares. Un hotel donde, aún hoy, puedes alojarte emulando Marilyn Monroe, que hizo de este lujoso edificio su residencia durante dos años.

Del tan codiciado Oscar, desde la primera edición, se han fabricado más de 3.000 estatuillas. En cuanto al nombre, hay una hipótesis que explica que la estatuilla -antropomórfica, como todos sabemos- se les antojó que se parecía al tío de la secretaria ejecutiva de la Academia, que precisamente se llamaba Oscar. Otra hipótesis apunta a que fue Bette Davis quien le dio nombre en honor a su primer esposo, Oscar Nelson.

Sea como sea el origen del nombre, lo que sabemos es que las primeras estatuillas Oscar se hicieron de bronce chapado en oro, pero al poco tiempo el bronce fue reemplazado por la aleación Britannia, una especie de peltre a base de estaño, antimonio y cobre. Durante la Segunda Guerra Mundial, se fabricaron con yeso pintado y, al finalizar el episodio de horror militar, todas las entregadas de yeso fueron cambiadas de nuevo por las de metal chapado en oro de 24 quilates.

Pero muchos de los Oscar tenían un defecto: brillaban y este brillo se desvanecía con el paso de los años. Esto ha sido corregido gracias a la tecnología moderna de Epner Technology, fabricante de las principales herramientas de la NASA. Un método que, según la empresa, garantiza el brillo para toda la vida. Toda. Si no pierdes la estatuilla, claro.

HUMANOS, DEMASIADO HUMANOS: CÓMO PERDER UN TÓTEM

¿Se puede olvidar un Oscar en el baño? Sí, por supuesto: Meryl Streep, en 1979, el que acababa de ganar como actriz de reparto por Kramer contra Kramer. Afortunadamente para ella, alguien lo encontró y se lo devolvió. Exactamente lo mismo le ocurrió a Colin Firth con el de mejor actor por El discurso del rey. En cambio, Matt Damon perdió el Oscar por el guión de El indomable Will Hunting cuando, en su ausencia, se inundó su piso de Nueva York y al volver a casa el premio había desaparecido.

Angelina Jolie le regaló el premio a su madre, Marcheline Betrand, y cuando ésta murió en 2007 nunca fue encontrado entre sus pertenencias. A Whoopi Goldberg se lo robaron del correo cuando lo envió a limpiar porque había perdido brillo. Unos días después fue encontrado en una papelera (qué fijación con las papeleras) del aeropuerto de Ontario y se lo devolvieron. Ahora es ella quien supervisa personalmente su limpieza desde casa.

Aún más curioso es el caso de Marlon Brando. No sólo extravió el ganado por La ley del silencio sino que, cuando fue galardonado por El padrino, no acudió a recogerlo y envió en su lugar a Sache Littlefeathe, una activista de los derechos civiles de los aborígenes estadounidenses. Según afirmó el propio actor, nunca recibió la estatuilla en casa.

Brando no es la única estrella que no ha ido a recoger su premio. Katharine Hepburn, que también ganó 4, no acudía a recogerlos aunque, después, los exponía sobre la chimenea de su casa. Woody Allen nunca ha asistido a la ceremonia a pesar de haber ganado 4 veces el Oscar porque, dice, coincide con el día en que va a su club a tocar el clarinete con su grupo. En cambio, tras los atentados del 11S, Allen sí acudió a la ceremonia para pronunciar un emotivo discurso presentando el homenaje que la Academia rindió a la ciudad de Nueva York.

También ha habido quien, en lugar de perderlo, lo han recuperado dañado. Fue el caso de Simon Egan, coproductor de El discurso del rey, que le prestó el galardón a su hija y ésta, jugando, lo llenó de abolladuras.

El cenit, tal vez insuperable, del iconoclasta socarrón contra la sagrada imagen del Oscar es recibir el tótem repantingado en el propio lecho. En 1946, Joan Crawford fue distinguida por su papel de Mildred Pierce en la cinta Alma en suplicio. Hoy en día, realmente, todavía nos preguntamos si realmente estaba enferma -como arguyó- o si fue una estrategia para que el jurado de la Academia se compadeciera de ella y la premiara, ya que nunca había ganado el tan preciado Oscar. Son muchos los que dicen, eso sí, que pasó toda la noche abrazada a la estatuilla. Lo que es rotundamente cierto es que, en el año 2000 se robaron 55 y el chatarrero dijo recuperar 52. Hay tres Oscar que no aparecieron jamás. 

LA IRRUPCIÓN DE LAS REDES: TODA UNA PIROTECNIA

La ceremonia de entrega ha evolucionado mucho con los años. Desde la cena inicial, privada, hasta el glamour actual del Dolby Theatre, con la alfombra roja, la cuidadísima puesta en escena y la cobertura televisiva mundial. De forma paralela, el precio de las entradas también ha cambiado, ¡y mucho! De los 5 dólares con cena incluida a los 750 que, según publicó la actriz Viola Davis en su Instagram el año pasado, costaban las entradas adicionales que podían pedir los nominados a los galardones.

Pero hay otra manera de asistir al espectáculo. La organización quiere que los asientos se vean siempre llenos y, por ello, admite 150 seat filler, cuya misión es ocupar inmediatamente cualquier asiento que quede vacío si su ocupante sale de la sala. Para postularse a uno de estos codiciados puestos es necesario enviar un currículum detallado junto con una foto y, en caso de ser seleccionado, vestir de forma elegante pero sin eclipsar a las estrellas y no relacionarse en ningún caso con ellas.

La ceremonia está organizada con una cuidadosa planificación, que limita el tiempo de los discursos de agradecimiento para que la velada no se alargue en exceso. Sin embargo, cuando Julia Roberts fue premiada como Mejor Actriz por Erin Brockovich, dijo: “Como no sé si volveré a estar aquí arriba en toda mi vida, me tomaré el tiempo necesario para agradecer el galardón a quien yo quiera”. Pero, a pesar de su buena voluntad, se olvidó de dar las gracias a la persona que inspiró la cinta, la verdadera Erin Brockovich.

Planificaciones aparte, muchas veces hay momentos que se escapan del guion. Como ocurrió en 2013, cuando la actriz Jennifer Lawrence fue protagonista por partida doble. Primero, por lucir el vestido más caro de la historia de los Oscar hasta ese momento, un diseño de Dior en color rosa palo, corte sirena y confeccionado en brocados franceses valorado en 4 millones de dólares. Después, por caerse al suelo con este vestido cuando subía al escenario a recoger el premio a mejor actriz por El lado bueno de las cosas.

El año siguiente, la presentadora, Ellen DeGeneres, se dio cuenta de que la ceremonia se alargaba en exceso y pidió unas cuantas pizzas para que los asistentes pudieran paliar la espera y ella misma, con el repartidor que las había llevado y Brad Pitt que se ofreció voluntario, las distribuyeron entre el público. Esa misma noche, la presentadora colapsó Twitter con el selfie más retuiteado de la historia, con la propia Ellen, Bradley Cooper, Brad Pitt, Meryl Streep y Julia Roberts. En pocos segundos, este tweet superó el que ostentaba el récord anterior: Barack Obama abrazando a su esposa Michelle el día en que asumió su segundo mandato como presidente.

Veremos qué nos depara la ceremonia de este próximo domingo.