Leopoldo Pomés y la Barcelona de la multitud

El artista Leopoldo Pomés acaba de ser distinguido con el Premio Nacional de Fotografía 2018, que concede el Ministerio de Cultura y Deporte por su "contribución a la historia de la imagen en España y su trayectoria, vinculada al inicio al vanguardia artística del grupo Dau al Set y AFAL, y siempre comprometida con la modernidad. Leopoldo Pomés ha participado en la configuración de nuestro imaginario colectivo, introduciendo un nuevo lenguaje fotográfico dentro de la publicidad, con una mirada renovada a la sociedad de su época".

“Hay secretos que no se dejan revelar”, categorizó E.A. Poe en su célebre El hombre de la Multitud. Leopoldo Pomés (Barcelona, ​​1931) aseguraba, con motivo de una retrospectiva de su obra en 2006: “yo no quiero que la foto acabe en este guiño de la anécdota. Sólo cuando el misterio aflora es cuando me siento bien con la fotografía, la pintura o lo que sea”. Pomés, que acaba de ser reconocido con el Premio Nacional de Fotografía 2018, que concede el Ministerio de Cultura y Deporte, es un artista que ha disparado su obra siempre para dar alcance a la vida moderna, siempre escudriñando este misterio individual que a veces aflora entre las multitudes.

Leopoldo Pomés ha sido y es uno de nuestros grandes flâneurs, uno de los grandes pintores (léase: fotógrafo, diseñador, cineasta, relator, etc.) de nuestra Modernidad.

¿Cuándo entró Barcelona en la Modernidad? O, tal vez habría que preguntarse: ¿cuándo entró la Modernidad en Barcelona? Seguro que podríamos mirar hacia el último tercio del siglo XIX, donde, una vez derribadas las murallas que encorsetaban la ciudad vieja, el Paseo de Gracia se fue convirtiendo en ese bulevar escenario del tráfico uniforme de la multitud, sobre todo una vez llegado el anochecer. Qué más da. En cualquier caso, la vida moderna fabrica un hombre nuevo y también un artista nuevo: dice Baudelaire que, para El pintor de la Modernidad, “la multitud es su elemento, como el aire para los pájaros y el agua para los peces. Su pasión y su profesión le llevan a hacerse una sola carne con la multitud. Para el perfecto flâneur, para el observador aficionado, es una alegría inmensa establecer su morada en el corazón de la multitud, entre el flujo y reflujo del movimiento, en medio de lo fugitivo y lo infinito”. Leopoldo Pomés ha sido y es uno de nuestros grandes flâneurs, uno de los grandes pintores (entiéndase: fotógrafo, diseñador, cineasta, relator, etc.) de nuestra Modernidad.

Una semblanza biográfica de Pomés en el monográfico que le dedicó la revista Impresiones en 2012, explica que: “Pomés adquirió su primera cámara de fotos en 1946. En la década de 1950 entra a formar parte del grupo vanguardista Dau al Set, formado entre otros por el poeta Joan Brossa y los pintores Tàpies, Ponç y Cuixart. También entra en contacto con el fotógrafo Lluís M. Riera, y con todos ellos completa su formación artística. A partir de 1952 se dedica a la fotografía, y en 1955 expone por primera vez su trabajo, en las Galeries Laietanes de Barcelona. Desde entonces no ha dejado de trabajar y mostrar sus obras en instituciones como el Centro Andaluz de la Fotografía (1995), el Palau de la Virreina (1997), el Círculo de Bellas Artes de Madrid (2001), Paris Photo (2010) o la Fundación Foto Colectania (2012)”.

Explica, también que la obra de Pomés “se encuentra en los fondos de instituciones como el IVAM, el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), la Fundación Foto Colectania o la Colección Mick Jagger. Junto a la fotografía, Leopoldo Pomés ha realizado su carrera profesional en el mundo de la publicidad y la comunicación institucional, donde ha creado campañas de referencia que lo han convertido en uno de los nombres más respetados de sector”.

En 1961 fundó con Karin Leiz Studio Pomés, con el que se dio a conocer como fotógrafo de publicidad. Dirigió la agencia de publicidad Tiempo y es conocido mundialmente por la creación de la burbuja Freixenet. Ha conseguido primeros premios en publicidad en la Bienal de Venecia y en el Festival de Cannes. Además, junto a Víctor Sagi, dirigió el espectáculo de apertura de la Copa Mundial de Fútbol 1982 en Barcelona. Fue elegido también para crear la campaña de imagen de la candidatura para organizar los Juegos Olímpicos de verano 1992 en Barcelona.

Dentro de su actividad en el mundo de la gastronomía, es el creador de los restaurantes Flash Flash e Il Giardinetto, el primero especializado en tortillas y el segundo en gastronomía italiana.

Pomés es, a la vez, autor o coautor de los fotolibros: Les fenêtres (poemes de R.M Rilke), R.M., Barcelona, 1958; Gaudí: Una Arquitectura de Anticipación, 1967; La muerte en directo, 1978. Barcelona 1957. Barcelona: La Fábrica Editorial i Fundación Foto Colectania, p.160; Teoria i pràctica del Pa amb Tomàquet. Tusquets Editores, p.141. Además, es el director del film Ensalada Baudelaire (1978).

Leopoldo Pomés, con más de sesenta años de trayectoria profesional en el mundo de la creación audiovisual y la publicidad, ha sido condecorado también con la Medalla d’Or al Mèrit Artístic del Ajuntament de Barcelona y la Generalitat de Catalunya le ha otorgado el Premi Nacional d’Arts Plàstiques y la Creu de Sant Jordi.

FUGITIVA BELLEZA. SOLEDAD. BARCELONA

“Un relámpago… Luego la noche! -Fugitiva belleza
de una mirada que, de repente, me ha devuelto a la vida”

Una mujer que pasa. C. Baudelaire

Ahora, el jurado que ha reconocido su labor con el Premio Nacional de Fotografía 2018, valora de Pomés su “contribución a la historia de la imagen en España y su trayectoria, vinculada al inicio a la vanguardia artística del grupo Dau al Set y AFAL, y siempre comprometida con la modernidad. Leopoldo Pomés ha participado en la configuración de nuestro imaginario colectivo, introduciendo un nuevo lenguaje fotográfico dentro de la publicidad, con una mirada renovada a la sociedad de su época”.

Reconocía el galerista Michael Hoppen (Impresiones, 2012) que Pomés ha explorado como pocos, a través de su lente, la crónica de su ciudad natal (…): Una cierta calma lúgubre parece vagar por gran parte de su obra. Barcelona, ​​la ciudad mediterránea, se erige como el telón de fondo perfecto para el escenario en el que Pomés pone en práctica esta habilidad. Extrayendo una serie de personajes de entre las multitudes que abarrotaban las Corridas o la Rambla, Pomés aplica a la fotografía su propio lenguaje visual, diáfano y gráfico. Me extasía la fluidez y naturalidad que consigue encontrar en este ritmo. Pero Pomés nos muestra también otra vertiente. Su habilidad para realizar retratos reveladores que se combinan con la ciudad es poco corriente”.

En estos retratos, a menudo podemos leer la soledad, aquella extraña soledad que fondea la mar picada de la multitud, este tipo de soledad que combate a ultranza contra Ce grand malheur, de ne pouvoir être seul que escribió La Bruyère. Qué juego de contrastes, qué misterios que no se dejan revelar si no es por un ávido pintor de la Modernidad, como es Leopoldo Pomés, este “amante de la vida universal” que “penetra en la multitud como un inmenso cúmulo de energía eléctrica (…) como un espejo tan grande como la misma multitud, un calidoscopio dotado de conciencia, que en cada uno de sus movimientos reproduce la multiplicidad de la vida, la gracia intermitente de todos los fragmentos de la vida” (C. Baudelaire).

Imágenes destacadas:
Por orden: Leopoldo Pomés. Autorretrato / Nico 2, 1969 / Imagen blanca, 1959 / Elsa, 1971 / Antoni Tapies, 1957 / Imagen, 1969 / Maria Jose, 1973 / La vasquita, 1959 / Pared, 1962 / Eva / Revista Grua, 1957 / Afterworks Flash Flash Madrid