Leonardo Padura: “Debo toda mi carrera literaria a Tusquets Editores; Cuba y Cataluña tienen un pasado muy íntimo”

El escritor cubano Leonardo Padura, reconocido internacionalmente por sus novelas policíacas, ha recibido este noviembre en Barcelona el Premio Internacional de Novela Histórica Barcino por el conjunto de su obra. Habla con Anna Tomàs para The New Barcelona Post de su literatura y de su relación con Barcelona y Cataluña

El escritor cubano Leonardo Padura (La Habana, 1955) ha recibido en Barcelona el Premio Internacional de Novela Histórica Barcino por el conjunto de su obra. Un galardón que se añade a una larga lista de reconocimientos, entre ellos el Princesa de Asturias de las Letras que le fue otorgado en 2015. El autor siente Barcelona prácticamente como un segundo hogar.

¿Cuál es el secreto para que sus personajes resulten tan verosímiles, tan actuales?
En el caso de los personajes cubanos todo tiene que ver con la convivencia. Aunque en los últimos años viajo con frecuencia fuera de Cuba, sigo viviendo en el barrio donde nacieron mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo… Mi madre tiene 91 años y en su casa no para de entrar gente, por lo que tengo un conocimiento muy íntimo de lo que piensa la gente en Cuba.

¿Y el resto?
Es pura elaboración literaria, intentar que este conocimiento se convierta en personajes no solo creíbles, sino convincentes y que establezcan una relación con el entorno.

Entre todos ellos, el detective Mario Conde es un caso especial
En el caso de Mario Conde esta relación de la que hablaba ha ido un poco más allá de donde yo mismo pensaba que podía llegar. Conde ha dejado de ser un personaje literario para convertirse en una persona. La gente me pregunta por su vida, incluso por su perro.

Ha calado hondo en la sociedad cubana
Mucho. Mario Conde es el único personaje al que no describo físicamente. A pesar de eso, cuando se emitió la serie Cuatro estaciones en La Habana con Jorge Perugorría interpretando espléndidamente al personaje, la gente que se encontraba a Jorge por la calle le decía: “Pichi (en Cuba todo el mundo conoce a Jorge como Pichi), tú no te pareces nada a Mario Conde”, o “ya estás muy viejo para ser Mario Conde” o “Pichi, eres muy guapo para ser Mario Conde”. Hechos que expresan la proximidad de los lectores con el personaje.

 

Eso tiene que ser muy satisfactorio como autor
Sin duda. Significa que el entorno identifica a Mario Conde como una mirada de la realidad cubana.

En su última novela, La transparencia del tiempo, usted califica a Mario Conde y sus amigos de generación escondida, perdida. ¿Algo aplicable a toda la sociedad cubana del último medio siglo?
Fundamentalmente tiene que ver con las generaciones más jóvenes. Las personas mayores que vivieron los primeros años de la Revolución y recibieron beneficios reales conservan la fe en ella. Mi generación crece en la Revolución y, en el momento de conseguir sus mejores posibilidades, llega una gran crisis económica y se siente un gran desencanto. Los hijos de esta generación, nacidos en los noventa, son una generación descreída.

¿Y hoy en día?
Muchas de aquellas personas que fueron tan creyentes de la Revolución hoy viven de lo que los hijos o nietos que se marcharon de Cuba les pueden enviar. Mi madre recibe la pensión de jubilación de mi padre, unos 10 dólares al mes. En un país donde una botella de aceite de girasol cuesta 2,50 dólares, es fácil imaginar cómo podría vivir si no contara con la ayuda de su hijo que vive en Miami y con la mía. La gran crisis económica que se inició en los años noventa no se ha resuelto todavía.

¿Cómo ve el conflicto entre EE. UU. y su país?
Es un conflicto muy complejo. La primera intención de EE. UU. en el siglo XIX fue tragarse Cuba. Esta pretensión ha tenido diferentes variaciones a lo largo de los años y, en los últimos cincuenta o sesenta, ha sido de hostilidad y agresividad en todos los sentidos, desde lo militar hasta lo retórico, con horrores de todo tipo desde un lado o desde el otro.

Durante el mandato de Obama hubo un acercamiento entre Cuba y EE.UU. Pero eso ha cambiado mucho con las políticas de Donald Trump
Obama abrió un paréntesis de esperanza que los cubanos recibimos muy bien y, creo, la mayoría de norteamericanos lo recibieron también muy bien. Ahora hemos vuelto atrás. Es como una maldición que nos persigue. La relación traumática de Trump con Cuba es un pequeño episodio de su relación problemática con el resto del mundo.

Volvamos a su última novela, La transparencia del tiempo, en la que se habla del maltrato a los gais. ¿Vislumbra usted mejoras en este terreno con los recientes cambios políticos en Cuba?
Eso se superó, afortunadamente. En el actual anteproyecto de Constitución se está considerando el matrimonio igualitario. Si en los años setenta alguien me dice que en Cuba llegaría a ocurrir algo así, hubiera respondido que me hablaban de ciencia ficción. El Estado cubano ha cambiado su actitud ante esta cuestión, como la cambió respecto de la religión.

Son opciones personales que no deberían afectar al conjunto de la sociedad
Es que cuando se confunde una opción personal, creer o no creer en Dios, ser o no ser gay o lesbiana, con una condición política, eso adquiere una dimensión muy dramática y mucho más dolorosa.

Su próxima novela estará protagonizada por un neurocirujano que vive en Barcelona. ¿Tendremos a Mario Conde paseando por las Ramblas?
¡Conde no puede salir de Cuba! Si sale de Cuba se me desvirtúa. Es un personaje que necesita un descanso a sus sesenta años. El protagonista será, efectivamente, un neurocirujano que se establece en Barcelona, pero todavía estoy dando vueltas a dónde vivirá, con quién se relacionará.

Todo empezó al escribir La transparencia del tiempo, cuyo escenario se sitúa en distintos pueblos de la Alta Garrotxa. Nunca habría podido documentarme ni entender el modus vivendi de la zona en el pasado sin la ayuda inestimable de la directora de la biblioteca de Olot, Carme Simó

¿Y ese vínculo con Barcelona?
Todo es fruto del inicio de mi relación con la editorial Tusquets, a la que debo todo. Cuba y Cataluña tienen un pasado muy íntimo. Parece increíble, pero el paseo que más se parece a las Ramblas de Barcelona es el Paseo del Prado de La Habana, llamado por muchos Centro Habana. Es más, cuando se construyó el Ensanche en La Habana, se tomó como modelo el plano de Cerdà para Barcelona. Y un apunte: no quiero que se olvide nunca mi gratitud hacia la figura de Paco Camarassa, fundamental para la cultura de la ciudad.

También tiene un fuerte vínculo con otras zonas de Cataluña
Cierto, he sido siempre muy afortunado y por diferentes novelas he visitado rincones muy especiales, como Olot, donde, incluso, he dado charlas en la biblioteca Marià Vayreda. Todo empezó al escribir La transparencia del tiempo, cuyo escenario se sitúa en distintos pueblos de la Alta Garrotxa. Nunca habría podido documentarme ni entender el modus vivendi de la zona en el pasado sin la ayuda inestimable de la directora de la biblioteca de Olot, Carme Simó, que, incluso, me llevó a comer fesolets a Santa Pau.

¿Cómo se consigue la simbiosis entre autor y personaje que usted ha alcanzado con Mario Conde?
Lo que más me satisfizo cuando me concedieron el Premio de Novela Histórica Barcino fue leer, en la argumentación del jurado, que gracias al personaje de Mario Conde se podía tener una comprensión mejor de lo que había significado la vida en la Cuba revolucionaria. Mario Conde explica la historia de Cuba desde la perspectiva del presente y trata de establecer una crónica de la evolución del país en estos años. Es un hombre de mi generación y yo lo he rodeado, en estas novelas, de otros personajes que de algún modo completan esta visión posible de la realidad