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Lee Miller y el surrealismo inglés: de mujer objeto a fotógrafa crucial

La Fundación Miró de Barcelona expone, hasta el veinte de enero, una muestra sobre este icono femenino, que pasó de ser la musa de Man Ray a cubrir la Segunda Guerra Mundial como fotoperiodista y establecerse como referente del surrealismo en Inglaterra.
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omo muchas mujeres de principios del siglo pasado, como las escritoras Colette y Virginia Wolf, o la diseñadora de moda Coco Chanel, Lee Miller no tuvo una vida fácil. Fue su valentía, su insaciable curiosidad, su rigor y su tenacidad a la hora de trabajar los que hicieron que hoy sea un referente en el mundo del arte y la fotografía.

La Fundación Miró permite, por medio de una muestra comisariada por la británica Eleanor Clayton con el apoyo en Barcelona de Martina Millà, Teresa Montaner y Sonia Villegas, tres auténticos pozos de conocimiento, adentrarnos en el gran cambio que fue capaz de llevar a cabo Miller: pasar de ser objeto a ser sujeto. Como ella misma escribió a su marido Roland Penrose, ya en su madurez: “Sigo contando a todo el mundo que no he malgastado ni un momento de mi vida; me lo he pasado maravillosamente bien, pero sé, en el fondo de mí misma, que si tuviera que volver a vivir sería aún más libre con mis ideas, con mi cuerpo y con mis afectos”.

Violada a los siete años por un amigo de sus padres, que la infectó de gonorrea y le hizo pasar por el sufrimiento de la cura para erradicarla, tuvo que experimentar también cómo su progenitor, fotógrafo amateur, la retrataba desnuda incluso durante la adolescencia con la falsa “creencia” (muchos críticos de arte y psicólogos consideran que estas fotografías sugieren una relación incestuosa) de que así vencería el pudor y el rechazo que le causaba su propio cuerpo.

Miller no quería ser modelo, y se marchó a Paris con la voluntad de conocer y ser discípula de Man Ray. Tras una primera negativa, se convirtió en su ayudante, musa y amante. Rodeada de los grandes nombres del surrealismo, como Cocteau, Éluard y Picasso, entre otros, y de ingleses como Penrose, comenzó a experimentar con la desnudez, haciéndose fotos en las que emulaba, con su espalda y sus extremidades, el pene masculino

Con la cámara de su padre comenzó a hacer fotografías y familiarizarse con las lentes y el revelado. Antes de cumplir 20 años, paseando por Nueva York, fue fichada por Condé Nast como modelo. Aquella niña que tanto sufrimiento llevaba en su interior -del que surgiría un espíritu rebelde y una constante necesidad de libertad e independencia- se convirtió en una de las modelos más demandadas del momento por su extraordinaria belleza, llegando a ser incluso portada de Vogue.

Pero Miller no quería ser modelo, y se marchó a Paris con la voluntad de conocer y ser discípula de Man Ray. Tras una primera negativa, se convirtió en su ayudante, musa y amante. Rodeada de los grandes nombres del surrealismo, como Cocteau, Éluard y Picasso, entre otros, y de ingleses como Penrose, comenzó a experimentar con la desnudez, haciéndose fotos en las que emulaba, con su espalda y sus extremidades, el pene masculino. De este modo, las fotografías de Lee Miller sobre el desnudo femenino, claramente surrealistas, demuestran cómo el cuerpo de la mujer a la hora de ser retratado en cualquier soporte es una proyección de la mirada masculina.

Miller no expuso en la primera muestra internacional del surrealismo en Londres, celebrada en la New Burlington Gallery, pero estaba presente en el cuadro de Man Ray A la hora del observatorio -Los amantes, en el que, como se puede ver en la Fundación Miró, aparecen los labios de Lee Miller flotando en el cielo sobre un paisaje desconocido. De hecho, en los diversos retratos que le hizo Roland Penrose se pueden encontrar de manera muy sutil estos labios, confiesa la comisaría Sonia Villegas, que conoció personalmente al hijo de Miller.

Pocas veces el calificativo de polifacética se puede aplicar con tanta exactitud como cuando se hace referencia a Lee Miller. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó como fotógrafa para las ediciones británica y americana de Vogue y como fotoperiodista de guerra, siendo de las primeras en pisar la playa de Omaha durante el desembarco de Normandía y la liberación de los campos de Buchenbald y Dachau. Una de las fotografías más emblemáticas de este periodo es la de Lee Miller inmortalizada por el fotógrafo David E. Scherman -su amante de entonces- en la bañera de Hitler precisamente el mismo día, sin ella saberlo, que el dictador se suicidaba en su bunker. “Lee Miller tenía una enorme cultura visual, como se puede ver en esta imagen, con una escultura desnuda junto a la bañera y las botas de su uniforme en el suelo”, expone Villegas. Del mismo modo, se quiso retratar en la cama de Eva Braun. “Lee quiso demostrar que no había ya más estadios superiores. La libertad del movimiento surrealista ella lo evoca también en estas imágenes”, remarca Silvia Lorenzo, historiadora de estética.

Después de la guerra, Miller y Penrose se establecen en Sussex y tienen un hijo. Sus trabajos y sus relaciones la convierten en pieza imprescindible para entender todo el significado del surrealismo inglés, fotografiando los amigos que la visitaban, como Henry Moore y su familia, Ernst, Agar y otros.

Toda su actividad como fotógrafa durante los años siguientes se mueve dentro del campo del surrealismo. En 1953, fue una de las comisarias de la exposición The Wonder and Horror of the Human Head, que examinaba imágenes de cabezas a lo largo de la historia. Todo bajo una mirada femenina y una mezcla de materiales que se puede considerar como antecedente de la fusión de ámbitos, desde el elitismo de las clases altas británicas hasta la cultura de calle que, años después, sería la cuna del pop británico.

Todos aquellos que deseen profundizar en el conocimiento de este personaje artístico excepcional no deben dejar pasar esta exposición de la Fundación Miró, que incluye casi doscientas piezas y enlaza una extensa representación de la obra fotográfica de Miller con dibujos, pinturas, objetos y esculturas de algunos de los nombres clave del círculo surrealista internacional como Dalí, De Chirico, Yves Tanguy, Max Ernst o Joan Miró.