Las siete vidas del puerto que más crece de Europa

El Puerto de Barcelona es motor económico de la ciudad y concentra en sus muelles una intensa actividad turística, de ocio, de transporte y logística. Con unos resultados históricos, el tráfico de carga ha superado los 61 millones de toneladas y ha superado los cuatro millones de viajeros. Aquí va el relato de las siete vidas del puerto
J

acques-Yves Cousteau, oficial de la marina francesa, alcanzó fama mundial en su vida civil como explorador e investigador del mundo submarino. Seductor nato, sabía conquistar a los productores, patrocinadores y a los espectadores de sus reportajes cinematográficos y documentales para televisión. En sus conferencias internacionales, que le servían tanto para aumentar su halo de aventurero-chic como para captar ayudas para sus fundaciones oceanográficas, repetía algunas ideas que hacían pensar a su audiencia. “Nuestro planeta no tendría que haberse llamado tierra, sino planeta agua”, decía Cousteau solemne, mientras mostraba un mapamundi o la imagen de la tierra desde el espacio.

Cousteau era un enamorado de la naturaleza y le fascinaba todo el potencial que se escondía bajo océanos y mares. Siempre daba vueltas a lo poco conocido que era algo tan cercano. Precisamente y con relación directa con el mar, en Barcelona hay algo tan próximo como generalmente poco conocido: el puerto, una enorme locomotora económica que está permanentemente en marcha y del que poco se sabe si no se está involucrado directamente con su día a día.  Siempre presente, aunque se desconoce su alcance, el peso real que tiene en la ciudad, en la economía de la gran metrópoli y, en general, la enorme influencia que tiene para Barcelona toda su actividad.

El puerto vive siete vidas en paralelo. Unas son más conocidas y otras más discretas. Algunas están integradas en la ciudad y otras están tan alejadas que prácticamente podría decirse que están convenientemente escondidas de miradas innecesarias.

  1. La más conocida por los habitantes y visitantes de la ciudad es la del ocio y los deportes: además de muelles accesibles con oferta de ocio en la zona de Port Vell como el Moll de la Fusta, el de Espanya o el de la Barceloneta, en la zona hay dos clubs deportivos históricos: el Náutico y el Marítim, en eterna y sana competencia desde hace 116 años. El segundo tuvo, desde 1913 hasta 1959 uno de los edificios más bonitos del puerto, la casa-club construida por el arquitecto Enric Sagnier, que hubo de derribarse por el crecimiento y las necesidades comerciales del puerto. También incluye en la actualidad los amarres y pantalanes del One Ocean Port Vell, una marina especializada en grandes esloras, que ha traído una importante actividad económica alrededor de estos yates (reparación, mantenimiento, proveedores, formación) y un exclusivo club-restaurante para socios y visitantes. La oferta de amarres de ocio dentro del puerto se rematará con la inminente apertura de la Marina Vela, junto a la bocana norte y al pie del icónico Hotel W, que desde su apertura forma parte del skyline de la ciudad en fotografías, dibujos y logotipos.
    Port Vell. Foto: Port de Barcelona
  2. La segunda vida del puerto mezcla el turismo, el hedonismo y los viajes: Barcelona es una de las capitales mundiales de los cruceros, algo que demuestran los 2,7 millones de viajeros pasaron por la ciudad a bordo de buques de turismo, generadores de empleo y dinamizadores de economía alrededor de cada escala. Estas visitas de barcos, que en 2018 superarán las 870, tienen una particularidad: un elevado porcentaje de los cruceristas empiezan o terminan su singladura en Barcelona, algo que ha ido relacionado directamente con el crecimiento del aeropuerto en número de usuarios y destinos, a modo de “win-win” aéreo-marítimo: muchas nuevas rutas, sobre todo las intercontinentales, se han consolidado gracias a que desde Barcelona arrancan o terminan sus viajes en barco viajeros de todo el mundo que llegan o salen en avión a sus países. En las mismas aguas por donde llegan  los cruceros hay otro turismo más pequeño, pero que también mira el mar con ojos ilusionados: el de los barcos que saliendo desde las escaleras del Portal de la Pau, frente a Colón, ofrecen la posibilidad de ver cómodamente todo el litoral de ciudad desde el mar o recorrer el puerto, en el caso de las históricas Golondrinas.
  3. Con esos barcos, en versión clásica, de madera o mediante catamaranes en fibra de vidrio, se pueden conocer aún más vidas del puerto, como la tercera: la de los ferrys, que unen Barcelona con cinco puertos diferentes en Baleares y cuyo servicio diario es fundamental para la vida de Mallorca, Ibiza y Menorca. En sus bodegas se transportan todas las noches toneladas de productos que las abastecen, desde los más básicos hasta los más inverosímiles. Además de este puente fundamental Barcelona-Balears, en el puerto también se operan servicios de ferry a diferentes puertos en Marruecos, Argelia e Italia. Tan solo en 2017, 1,4 millones de pasajeros eligieron este medio de transporte para llegar a su destino.
  4. La cuarta vida es la energía, centrada en grandes depósitos y pantalanes situados al sur de la instalación, junto a la Zona Franca y separados de buena parte de la ciudad por la montaña de Montjuic.  En esa zona, llamada precisamente muelle de la energía (se decidió cambiar el anterior bautizado como “inflamables” por razones lógicas) es donde de modo permanente buques de todos los tamaños cargan y descargan gas natural, gasolinas y productos químicos. En los tres casos, en 2017 los movimientos de éstos en Barcelona incrementaron entre un 23 y un 64%. Por razones de seguridad, esas zonas son las más apartadas y restringidas del puerto.
  5. Muy cerca, llega la quinta vida del puerto de Barcelona: la del transporte de vehículos: ya sea en los ferrys mencionados anteriormente como en enormes barcos-garaje que recorren el mundo transportando todo tipo de vehículos de tracción mecánica desde su lugar de fabricación a los lugares donde acabarán vendiéndose y circulando. En 2018 se contabilizaron 837.273 unidades, sumando exportación, importación o en tránsito transportados de un puerto a otro, una cifra que a pesar de haber sufrido un retroceso en 2017 (ha sido la única de todas las partidas contabilizadas en las estadísticas, es sencillamente espectacular, como lo es ver parte de todos esos vehículos alineados en las instalaciones, preparados para subir a los buques o recién desembarcados.
  6. La sexta vida del puerto de Barcelona son los transportes a granel: aquello que llega o se carga directamente en las bodegas de los buques que en inglés son llamados bulk carriers, que significa graneleros o de carga a granel en español. Estos productos incluyen el cemento para la construcción, la potasa, usada para los fertilizantes, suplementos alimenticios para ganado y diferentes procesos industriales y que llega directamente a los muelles del a través del ferrocarril o la chatarra, de aspecto aparentemente inútil cuando es desembarcada, aunque en unos dias se convierte en acero en instalaciones próximas al puerto siguiendo el curso del Llobregat. También son muy importantes otras mercancias que llegan o salen a granel desde el puerto usando enormes silos y depósitos: los aceites alimentarios, el haba de soja o los cereales y sus harinas.
    Barcelona es origen, destino y también puerto de intercambio de contenedores. Foto: Port de Barcelona
  7. Llegamos a la séptima vida del puerto, una de las que laten con más fuerza: la de los contenedores. Desde su creación en Estados Unidos a mediados de los años 50, estos grandes cajones metálicos rectangulares, comercializados en dos tamaños que siempre encajan, han revolucionado el sector al poder usarse para el transporte intermodal por ferrocarril, carretera o vía marítima sin tener que mover la mercancía de ese espacio. Barcelona es origen, destino y también puerto de intercambio de estos contenedores. Calculados uno a uno, 2.968.757 fueron exactamente los que se movieron el año pasado en el puerto, con balanza positiva respecto a los de exportación, que se transportan en unos barcos cada vez más grandes y cuyas líneas regulares unen Barcelona con el mundo y viceversa.

¿Y por qué el puerto de Barcelona tiene un peso tan y tan grande? Pues porque el 90% del comercio mundial se mueve por vía marítima, una cifra notable. Tanto como las 61 millones de toneladas de mercancías (un 26% más que el año pasado) que se movieron por barco en Barcelona y que evidencian la gran importancia de esta instalación, un lugar tan poco conocido como fundamental para el funcionamiento de la ciudad, el país y su economía.

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JAVIER Y SERGIO TORRES

Las siete vidas del puerto que más crece de Europa

El Puerto de Barcelona es motor económico de la ciudad y concentra en sus muelles una intensa actividad turística, de ocio, de transporte y logística. Con unos resultados históricos, el tráfico de carga ha superado los 61 millones de toneladas y ha superado los cuatro millones de viajeros. Aquí va el relato de las siete vidas del puerto
J

acques-Yves Cousteau, oficial de la marina francesa, alcanzó fama mundial en su vida civil como explorador e investigador del mundo submarino. Seductor nato, sabía conquistar a los productores, patrocinadores y a los espectadores de sus reportajes cinematográficos y documentales para televisión. En sus conferencias internacionales, que le servían tanto para aumentar su halo de aventurero-chic como para captar ayudas para sus fundaciones oceanográficas, repetía algunas ideas que hacían pensar a su audiencia. “Nuestro planeta no tendría que haberse llamado tierra, sino planeta agua”, decía Cousteau solemne, mientras mostraba un mapamundi o la imagen de la tierra desde el espacio.

Cousteau era un enamorado de la naturaleza y le fascinaba todo el potencial que se escondía bajo océanos y mares. Siempre daba vueltas a lo poco conocido que era algo tan cercano. Precisamente y con relación directa con el mar, en Barcelona hay algo tan próximo como generalmente poco conocido: el puerto, una enorme locomotora económica que está permanentemente en marcha y del que poco se sabe si no se está involucrado directamente con su día a día.  Siempre presente, aunque se desconoce su alcance, el peso real que tiene en la ciudad, en la economía de la gran metrópoli y, en general, la enorme influencia que tiene para Barcelona toda su actividad.

El puerto vive siete vidas en paralelo. Unas son más conocidas y otras más discretas. Algunas están integradas en la ciudad y otras están tan alejadas que prácticamente podría decirse que están convenientemente escondidas de miradas innecesarias.

  1. La más conocida por los habitantes y visitantes de la ciudad es la del ocio y los deportes: además de muelles accesibles con oferta de ocio en la zona de Port Vell como el Moll de la Fusta, el de Espanya o el de la Barceloneta, en la zona hay dos clubs deportivos históricos: el Náutico y el Marítim, en eterna y sana competencia desde hace 116 años. El segundo tuvo, desde 1913 hasta 1959 uno de los edificios más bonitos del puerto, la casa-club construida por el arquitecto Enric Sagnier, que hubo de derribarse por el crecimiento y las necesidades comerciales del puerto. También incluye en la actualidad los amarres y pantalanes del One Ocean Port Vell, una marina especializada en grandes esloras, que ha traído una importante actividad económica alrededor de estos yates (reparación, mantenimiento, proveedores, formación) y un exclusivo club-restaurante para socios y visitantes. La oferta de amarres de ocio dentro del puerto se rematará con la inminente apertura de la Marina Vela, junto a la bocana norte y al pie del icónico Hotel W, que desde su apertura forma parte del skyline de la ciudad en fotografías, dibujos y logotipos.
    Port Vell. Foto: Port de Barcelona
  2. La segunda vida del puerto mezcla el turismo, el hedonismo y los viajes: Barcelona es una de las capitales mundiales de los cruceros, algo que demuestran los 2,7 millones de viajeros pasaron por la ciudad a bordo de buques de turismo, generadores de empleo y dinamizadores de economía alrededor de cada escala. Estas visitas de barcos, que en 2018 superarán las 870, tienen una particularidad: un elevado porcentaje de los cruceristas empiezan o terminan su singladura en Barcelona, algo que ha ido relacionado directamente con el crecimiento del aeropuerto en número de usuarios y destinos, a modo de “win-win” aéreo-marítimo: muchas nuevas rutas, sobre todo las intercontinentales, se han consolidado gracias a que desde Barcelona arrancan o terminan sus viajes en barco viajeros de todo el mundo que llegan o salen en avión a sus países. En las mismas aguas por donde llegan  los cruceros hay otro turismo más pequeño, pero que también mira el mar con ojos ilusionados: el de los barcos que saliendo desde las escaleras del Portal de la Pau, frente a Colón, ofrecen la posibilidad de ver cómodamente todo el litoral de ciudad desde el mar o recorrer el puerto, en el caso de las históricas Golondrinas.
  3. Con esos barcos, en versión clásica, de madera o mediante catamaranes en fibra de vidrio, se pueden conocer aún más vidas del puerto, como la tercera: la de los ferrys, que unen Barcelona con cinco puertos diferentes en Baleares y cuyo servicio diario es fundamental para la vida de Mallorca, Ibiza y Menorca. En sus bodegas se transportan todas las noches toneladas de productos que las abastecen, desde los más básicos hasta los más inverosímiles. Además de este puente fundamental Barcelona-Balears, en el puerto también se operan servicios de ferry a diferentes puertos en Marruecos, Argelia e Italia. Tan solo en 2017, 1,4 millones de pasajeros eligieron este medio de transporte para llegar a su destino.
  4. La cuarta vida es la energía, centrada en grandes depósitos y pantalanes situados al sur de la instalación, junto a la Zona Franca y separados de buena parte de la ciudad por la montaña de Montjuic.  En esa zona, llamada precisamente muelle de la energía (se decidió cambiar el anterior bautizado como “inflamables” por razones lógicas) es donde de modo permanente buques de todos los tamaños cargan y descargan gas natural, gasolinas y productos químicos. En los tres casos, en 2017 los movimientos de éstos en Barcelona incrementaron entre un 23 y un 64%. Por razones de seguridad, esas zonas son las más apartadas y restringidas del puerto.
  5. Muy cerca, llega la quinta vida del puerto de Barcelona: la del transporte de vehículos: ya sea en los ferrys mencionados anteriormente como en enormes barcos-garaje que recorren el mundo transportando todo tipo de vehículos de tracción mecánica desde su lugar de fabricación a los lugares donde acabarán vendiéndose y circulando. En 2018 se contabilizaron 837.273 unidades, sumando exportación, importación o en tránsito transportados de un puerto a otro, una cifra que a pesar de haber sufrido un retroceso en 2017 (ha sido la única de todas las partidas contabilizadas en las estadísticas, es sencillamente espectacular, como lo es ver parte de todos esos vehículos alineados en las instalaciones, preparados para subir a los buques o recién desembarcados.
  6. La sexta vida del puerto de Barcelona son los transportes a granel: aquello que llega o se carga directamente en las bodegas de los buques que en inglés son llamados bulk carriers, que significa graneleros o de carga a granel en español. Estos productos incluyen el cemento para la construcción, la potasa, usada para los fertilizantes, suplementos alimenticios para ganado y diferentes procesos industriales y que llega directamente a los muelles del a través del ferrocarril o la chatarra, de aspecto aparentemente inútil cuando es desembarcada, aunque en unos dias se convierte en acero en instalaciones próximas al puerto siguiendo el curso del Llobregat. También son muy importantes otras mercancias que llegan o salen a granel desde el puerto usando enormes silos y depósitos: los aceites alimentarios, el haba de soja o los cereales y sus harinas.
    Barcelona es origen, destino y también puerto de intercambio de contenedores. Foto: Port de Barcelona
  7. Llegamos a la séptima vida del puerto, una de las que laten con más fuerza: la de los contenedores. Desde su creación en Estados Unidos a mediados de los años 50, estos grandes cajones metálicos rectangulares, comercializados en dos tamaños que siempre encajan, han revolucionado el sector al poder usarse para el transporte intermodal por ferrocarril, carretera o vía marítima sin tener que mover la mercancía de ese espacio. Barcelona es origen, destino y también puerto de intercambio de estos contenedores. Calculados uno a uno, 2.968.757 fueron exactamente los que se movieron el año pasado en el puerto, con balanza positiva respecto a los de exportación, que se transportan en unos barcos cada vez más grandes y cuyas líneas regulares unen Barcelona con el mundo y viceversa.

¿Y por qué el puerto de Barcelona tiene un peso tan y tan grande? Pues porque el 90% del comercio mundial se mueve por vía marítima, una cifra notable. Tanto como las 61 millones de toneladas de mercancías (un 26% más que el año pasado) que se movieron por barco en Barcelona y que evidencian la gran importancia de esta instalación, un lugar tan poco conocido como fundamental para el funcionamiento de la ciudad, el país y su economía.